viernes, 11 de agosto de 2017

JULIO, MES, TORERO


Lo primero que me sugirió el título de este nuevo intento de comunicación con mis amigos y puede que lectores, fue la persona de Julio Pérez “Vito”, TORERO por antonomasia. Andaba cómo torero, respiraba cómo torero, saludaba cómo torero, sonreía cómo torero. Esperabas que se plantara ante tu persona, levantara los brazos, te diera un abrazo y girase sobre la punta de sus pies y saliera andando con el garbo de un velero bien mecido por el viento de la amistad. Era siempre el TORERO. El mejor par de banderillas que vi, palabra de honor. Pero  quería hablar del pasado mes de julio y sus vicisitudes, pasado ya el amargo trago de la muerte de  un torero, gallego de origen y vasco de nacimiento, que se hizo matador de toros en los campos de La Alcarria y se ganó el aprecio del coso bilbaíno entrando a matar sin engaño alguno, cómo lo hacía el cordobés Antonio José Galán. Loor y memoria de Ivan Fandiño. André Viard, en el prólogo  del número 46 de su colección “Tierras Taurinas”, ha hecho un canto mitológico de las virtudes toreras y humanas de Fandiño  con el significativo título de “La muerte, sinónimo de vida”. Recomendado por su texto y por sus ilustraciones y por todo lo que viene después con la Camarga francesa cómo primer escenario.
Empezó este mes de julio con Roca Rey, herido en Badajoz al entrar a matar y partirse el estoque, circunstancia que se volvió a repetir en su reaparición en Pamplona, eje del calendario taurino “juliano” con otros sucesos importantes en diferentes plazas, cómo la actuación de Enrique Ponce en Teruel el día 8, con toros de Adolfo Martín, inusuales en los carteles en los que figura el de Chivas ( soy contrario al invento de palabras nuevas como las de “acartelar” o el “entreno”) , sumado en esta ocasión a los nombres de Curro Díaz y Morenito Aranda, compañeros de cartel el año pasado de Victor Barrio, festejo en el que murió como consecuencia de la cornada que le produjo un toro de “Los Maños”, oreja y oreja para el de Chivas y otras tantas para el  de Aranda. Morante de la Puebla y Cayetano salieron a hombros en Arévalo y Juan del Álamo triunfó en Lisboa.
Pamplona, diez días de rito continuo y repetido, inició su feria con una novillada que sirvió para confirmar las esperanzas toreras del venezolano Jesús Enrique Colombo, los rejoneadores al día siguiente, cohete en la plaza del Ayuntamiento y tarde gris para Hermoso de Mendoza, al que “mojó la oreja” su paisano y discípulo Roberto Armendáriz, que cortó cuatro orejas y salió a hombros. Día 7, San Fermín (“A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón…¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!”), el encierro de Cebada Gago, el quinto toro se rompió el cuerno por la cepa y fue sustituido por un sobrero de Salvador García Cebada de 475 quilos, en contraste con el sexto titular que pesó 630 quilos, un buen toro que tuvo un pitón izquierdo de ensueño que no aprovechó el valenciano Román, al que le concedieron una oreja  del tercero. Se cantó la ranchera “Y sigo siendo el rey” y la canción-tuist de Conchita Velasco de “La Chica Ye-Ye”. Todos los días. Y todos los días las meriendas de bocadillos a barra entera de chorizo de Pamplona o chuletas de cordero y cazuelas de ajoarriero o cocochas de merluza, todo bien regado de clarete navarro, champán o grandes vasos de plástico repletos de ginebra y tónica, camisetas avinagradas, crestas de colores y narices, orejas y cejas perforadas por hierros y pendientes. Tatuajes a cuerpo entero. Todo un cuadro multicolor con uno de los patios de la plaza inundado por basuras de distinta índole que arrojan desde el tendido. Gran contraste entre sol y sombra y personalidad a ambos lados. Y como modelo sempiterno, el incombustible alcalde solanero - chaqué, pantalón a media pantorrilla y chistera de un par de reflejos -, que coloca al cuello de los triunfadores su correspondiente pañuelo rojo. Pero casi todos los días, 17 mil espectadores en el coso pamplonés.
El día 8, toros de José Escolar para Eugenio de Mora, Pepe Moral, torero de buen gusto, oreja en el quinto, y Gonzalo Caballero, herido en el glúteo izquierdo en el tercer toro. Acontecimiento triste el día 9 por la cogida de Pablo Saugar “Pirri” al poner el primer par de banderillas al toro de “El Puerto de San Lorenzo”, cornada en el vientre con salida del paquete intestinal, perforaciones varias y lesión de la uretra. Pudo darse el record del toro más rápido de la historia de los encierros con el castaño de “La Ventana del Puerto” que en Mercaderes se adelantó a sus parientes de “El Puerto”, les cogió una ventaja de doscientos metros y, al llegar a la entrada de la plaza, tropezó con dos corredores, se cayó y al final se unió a toda la manada. Este toro se llamaba “Huracán”, rama de Aldeanueva, personalidad de “El Raboso”, y esa fue su condición en la lidia  que le dio el extremeño José Garrido, que logró cortarle una oreja sin llegar a sacarle todo su jugo bravo. Paco Ureña obtuvo otra oreja del segundo de la tarde y Curro Díaz solo pudo apuntar su exquisita torería. Lo confieso: es  torero de mi gusto.
Nada que contar de la corrida de Fuente Ymbro, apoteosis con Puerta Grande de Cayetano en su presentación en la plaza dilecta de sus antecesores, padre, “Paquirri” y abuelo, don Antonio, oreja y oreja de los “Jandilla”, los mismos trofeos para Roca Rey, herido otra vez al entrar a matar y partirse la espada y salida a hombros hacia la enfermería con la vista puesta en el toro a ver si claudicaba con medio estoque en su cuerpo y tarde en blanco para Perera, que en primer lugar lidió un toro de “Vegahermosa”. Con la corrida de Victoriano del Río, Ginés Marín fue el único torero de a pie de toda la feria que cortó dos orejas a un toro, al sexto de “Toros de Cortés”. También el cuarto fue del mismo hierro. Castella cortó una oreja del primero y López Simón sendos trofeos de sus antagonistas cornúpetos. En Pamplona les gusta llamarles morlacos, término que a mí me suena a despectivo. En la corrida de Núñez del Cuvillo se dio otro hecho destacable en esta feria pamplonesa que ha tenido su riqueza anecdótica para bien y para mal. En esta ocasión fue para mejor pese a que su autor no resultase premiado con los trofeos merecidos aunque una vuelta al ruedo en estos tiempos se puede considerar  algo insólito. El peripatético diestro fue Antonio Ferrera. De siempre he repetido que los toreros de facultades suelen mejorar con la edad y con la disminución de sus impulsos físicos. Le ocurre también a Ferrera que ya no salta hasta tocarse la punta de las zapatillas con los dedos de la mano después de colocar un par de banderillas. Pero se acentúa ese sosiego con capote y muleta. El comienzo de su gran faena de muleta al cuarto “cuvillo” fue con un muletazo de cite muy original que yo llamarían “ferrerina” como en tiempos se llamó “pedresina” al invento de Pedrés, “del fusil” al de Chamaco, “el imposible” con final de “arrucina” al del mexicano Antonio Campos, “cambiado a muleta plegada” al de Antonio Bienvenida, “estatuario” al de Manolete, “el cartucho del pescao” al de Pepe Luis y “litrazo” al de Miguel Báez, de lado a lado de la plaza con la muleta en la mano izquierda en la espalda y girando el engaño 180 grados al llegar el toro a su jurisdicción. Ferrera se colocó en los medios con la muleta medio plegada sobre el pecho y en la mano izquierda, giró la muleta sobre su cabeza en una especie de afarolado mientras llegaba a su jurisdicción el de Núñez del Cuvillo para embarcarlo con  otro giro de su muñeca en un templado natural. Y luego… una completa faena. ¿La más completa de la feria? Pienso que sí. Recuerdo que hace muchos años a Juan Barranco Posada le concedieron las orejas en Madrid sin entrar a matar por sufrir una cogida. En esta ocasión la gente pidió esos trofeos. Concédalos usted, señor enchisterado presidente o acicalada presidenta, que no recuerdo a quién lo tocaba presidir esa corrida, en la que si fue premiado Talavante y en la que pasó sin ruido Ginés Marín, sustituto de Roca Rey. Mala y descastada corrida de Miura en la que  “Rafaelillo” obtuvo sendas orejas con su acostumbrado gesto de quitarse la chaquetilla aunque le empitonen por el muslo y también sendos trofeos para Javier Castaño y Rubén Pinar. Así se remataba la feria: 18 orejas en las corridas de toros y 4 salidas a hombros de Cayetano, López Simón, Ginés Marín y Rafaelillo.
Quedaba más de medio mes por delante. En Ceret, Alberto Aguilera consiguió que se le diera la vuelta al ruedo a un toro de José Escolar, en Lisboa triunfaban Manzanares y Hermoso de Mendoza y Curro Díaz en Las Navas del Marqués. El gitano de Linares resultaba herido en la región inguinal en el manchego lugar de Manzanares. En Valencia, el Manzanares torero salía a hombros el 21 de julio después de cortarle las orejas al quinto toro de la tarde, Ureña y López Simón a orejita de los de Algarra en la misma plaza, buena corrida de Cuadri con un trofeo para Rafaelillo y en la novillada de “Los Maños”, junto al Turia, oreja para el aragonés José Isiegas, que también recibió semejante premio en Las Ventas del Espíritu Santo. En Mont de Marsan, Juan Bautista con los toros de “La Quinta”.
Desde Santander se televisaron la novillada del día 24 para lucimiento de José Enrique Colombo y la corrida del día 25 con toros de la familia Matilla para el triunfo grande de José maría Manzanares, al que acompañó en la salida a hombros Alejandro Marcos que tomó la alternativa. Otra alternativa en Tudela, la de Javier Marín. ¿Pariente de Julián e Isidro Marín? Reapareció Roca Rey en tierras cántabras y se lucieron “El  Juli”, Perera, Fortés, Alvaro Lorenzo, Ponce y, sobre todo, Ginés Marín. Azpeitia tiene encanto y premio para Curro Díaz que actuó en las dos corridas y en ambas cortó oreja. Volvía el de Linares tras su cogida de Manzanares.

Cómo colofón de este relato, el día 27 de este mes de julio torero se celebró la que puede ser la última corrida tradicional – 6 toros 6 que serán picados, banderilleados y muertos a estoque - de las Islas Baleares con J. J. Padilla, “El Fandi”  y Castella. En el diario “El Mundo”  de este primer domingo del mes de agosto viene una entrevista con la presidenta del PSOE, en la que le preguntan si cree que se debería dictarse una ley estatal al estilo de las programadas para las Baleares: “No sé si hay una mayoría en el PSOE en contra de las corridas de toros. Lo que estoy segura es de que es sólo cuestión de tiempo que las corridas de toros desaparezcan”. Lo dice Cristina Narbona, hija de Paco Narbona, al que yo conocí hace más de sesenta años en la redacción de “El Ruedo”, en el que colaboró con asiduidad a lo largo de su existencia. Paco Narbona, que publicó varios libros taurinos, uno de ellos dedicado a mayor gloria de Juan Belmonte y que, cómo buena persona y amigo que era, me recomendó a la Asociación de la Prensa de Madrid para que durante una docena de años escribiera el resumen de la temporada taurina en España que se incluía en la publicación que editaba la Asociación madrileña con  motivo de la Corrida de la Prensa. Creo que Cristina Narbona acompañó a su padre a Roma, cuando fue destinado a nuestra Embajada en aquel lugar. Piensa doña Cristina que los cosos taurinos desaparecerán antes que los circos romanos, sobre todo el de Nimes. ¿O quedarán los franceses como muestra de las glorias hispanas que tanto lo complacían a don Francisco? Narbona, se entiende.

lunes, 3 de julio de 2017

LAS EMOCIONES DE UNA AFICIÓN SINGULAR


¿Cree usted, amigo mío (si no lo fuera no me leería), que la afición a los toros no es singular? Madrid, con sus más de treinta festejos diarios sin pausas ni descanso, nos lo demuestra. Setecientos mil asistentes. Dos semanas, las dos primeras y sin emociones elevadas, apuntalan esa singularidad y llega un día, el 25 de mayo, y los toros de Alcurrucén nos devuelven la esperanza. Esos toros y la confirmación de Ginés Marín, un torero nacido en Jerez y recriado en Extremadura y con el pellizco del duende que es lo que a mí me inspira: Pepe Luis, Curro, Paula, Morante … Me  gustan también los académicos: Domingo Ortega, Marcial, Armillita, Pepe Bienvenida, Luis Miguel, Gregorio Sánchez, Enrique Ponce … Los arrojados, la mayoría que llegaron o son figuras del toreo. Los orfebres del capote: Manolo Escudero, Mario Cabré, “El Calesero”, “El Boni”, Luis Parra, Alfonso Ordóñez, Fernando Cepeda, Chaves Flores, “Tito de San Bernardo”, “Bojilla” o Carretero. Los singulares: Antonio Bienvenida, Pepín Martín Vázquez, Lorenzo Garza, Rafael Ortega, Julio Aparicio, Manolo Vázquez,  César Girón, Manolo Dos Santos, Bernardó y Mondeño. Y los gitanos:  “Cagancho”, los “Gitanillo de Triana”, Albaicín, “El Caracol”, Juan Gálvez o Curro Díaz. El trío de Puerta, Camino y El Viti, el murciano Cascales, y los linarenses José Fuentes y Curro Vázquez, los tres de la cuadra de “El Pipo”. Dice Ventura Vagüés, en su obra “Historia de los Matadores de Toros”, “que están todos los que son; pero no son todos los que están”. Se refiere a que cita en esa obra a todos los toreros que tomaron la alternativa hasta junio de 1973 aunque algunos la recibieran sin perspectivas reales. Es cierto, ha habido muchos novilleros que tomaron la alternativa simplemente por la titulación, cómo yo me licencie en la carrera de Derecho y nunca ejercí la abogacía. Por eso he citado entre  los virtuosos del capote a toreros (diestros y subalternos) que, aunque no llegaron a destacar como matadores de toros o simplemente se quedaron en novilleros, sí dieron lecciones de toreo con el capote y se me permitirá que, como última pirueta de mis gustos artísticos, cite a “Miguelañez”, que encandilaba al público de Las Ventas con su toreo a una mano. Muchas veces me viene a la memoria el lance “a la cordobesa” que don Rafael Molina remataba con el capote sobre el hombro saliendo de la suerte. Yo creo que ahora hay unos cuantos diestros que serían capaces de emular el arte de “Lagartijo”: Uceda Leal, Miguel Ángel Perera, Julián López “El Juli”, Manzanares, Talavante, Cayetano Rivera o Roca Rey.
Allá por los años 50 del siglo pasado, cuando yo empecé a escribir en los periódicos, los sevillanos me hablaban de un torero, Antonio Gallardo, que era un fenómeno extraordinario con el capote. En su caso se le tenía que haber permitido no coger la muleta y rematar  la faena con la capa. Lo de matar ya era una cuestión muy complicada. No es el único caso. ¿Se fijaron ustedes como cogía Curro Romero las orejas que le entregaba el alguacil de Madrid o Sevilla? Con dos dedos y, en cuanto podía, se las entregaba a uno de los banderilleros que le acompañaban en la vuelta al rueda. Antonio Gallardo no llegó a tomar la alternativa y las únicas pruebas de su maravillosa verónicas, un par de fotografías, las vi en una taberna sevillana.
Estaba en Madrid, casi en la tercera semana de San Isidro. Pero llegó el tercer jueves del ciclo y se hizo de día. El pellizco de Ginés  Marín despertó a la afición y por la Puerta Grande lo zarandearon hasta su furgoneta. Una hombrera es el trofeo de los cofrades. Una reliquia. Luego vino Enrique Ponce con su lección magistral después de superar en número de toros lidiados y trofeos conseguidos a toda la larga lista de los que en el Mundo han sido toreros, mostrarse con una frescura y una técnica insuperables en dos faenas distintas porque distintos fueron sus dos toros y distintos son todos los toros. Quizá fue más profunda la del cuarto de Garci Grande porque el toro tenía más complicaciones que el que abrió plaza, pero en las dos la lección fue brillante y apropiada, factores que el de Chivas ha prodigado y prodiga en sus más de treinta años de profesional del toreo. Su dimensión se cuantificara cuando cuelgue en su armario el penúltimo traje de luces. ¿Qué es eso de que un torero pueda con todos los toros?
Y el quinto jueves (antes el jueves era día simpático, no había cole por la tarde y salían de paseo “las chicas de servir”) del pasado mes de mayo, también con toros de Alcurrucén, el triunfo de un torero que llevaba unas cuantas tardes en Madrid, que había cortado ocho orejas, pero que no había abierto todavía la Puerta Grande: Juan del Álamo. A este torero de Salamanca y, por tanto, muy puesto en la técnica lidiadora, yo lo recuerdo de su época de novillero y creo que una tarde en Santander. Pero no llegaba a explosionar con luces de todos los colores. Y su faena al tercero de Alcurrucen fue algo fantástico y la reacción del público madrileño unánime y perentoria: quería las dos orejas para el salmantino. El presidente se empecinó en su postura de no sacar el segundo pañuelo y en el sexto toro, toro con el que había de emplearse Juan a sangre y fuego,  en una lidia - lucha y con una eficacia poco brillante pero emocionante que convenció a los espectadores, que aprovecharon la ocasión para pedir la oreja negada que necesitaba el torero para franquear ese  portalón que lleva a la gloria. Fue una victoria del pueblo, democrática, porque, en los toros, los pañuelos son todos iguales y, en consecuencia, votos con el mismo valor. Juan del Álamo, estereotipo del torero ideal y clase templada en los campos charros.
No soy un fervoroso demócrata porque no creo que todos los hombres sean iguales y menos si se juntan con las mujeres. Y menos cuando nos gobiernan los partidos que todavía son de derechas e izquierdas, conservadores o liberales, anarquistas o revolucionarios. Y todavía en menor entidad cuando  someten a sus afiliados a la disciplina del voto. De la dictadura del hombre (en genérico) a la dictadura del partido (todos). “Otra vez el burro en las coles”.

MEMORIA

Temo que la noticia de toros salga en la portada de algunos periódicos o en los boletines informativos de radios y televisiones. Algo irreparable  ha sucedido en este nuestro mundo. Ocurrió hace unos días con la muerte de Iván Fandiño, vasco de nacimiento, apellido gallego y hecho torero en los campos de La Alcarria, en donde manda mi amigo José Luis Sedano, que fue a Madrid a vender queso y miel y se hizo novillero. Al cabo de los años tomó la alternativa en una playa del sur e invitó a sus amigos para que fueran testigos de su doctorado. Título y vuelta a la alforja. Se han cantado las virtudes de Fandiño, su lucha por destacar en la lidia de los toros, sus estocadas a lo Galán, el de Fuengirola nacido en la provincia de Córdoba…
Y ha muerto a los noventa años Gregorio Sánchez, toledano de Santa Olalla. Enjuto, fibroso, acero puro, valor de legionario y voluntad indomable. Se le recuerda por muchas cosas y sobre todo por esa corrida de Madrid a beneficio de los Auxilios Mutuos toreros  que lidió en solitario, cortó siete orejas y tardó, con vueltas al ruedo incluidas, cinco cuartos de hora, setenta y cinco minutos, en liquidar a los seis toros. Yo también lo recuerdo por una tarde en Zaragoza en la que cogió al caballo de su picador por las bridas y le obligó a picar otra vez aunque el presidente había cambiado el tercio. Luego se dejó coger para que don Carmelo no se lo llevara vestido de torero a la comisaría. ¿Quién manda en el ruedo? Todo un personaje. Don Gregorio, naturalmente. 

MUY PERSONAL

El que me conozca ya sabe de mi predilección por el lugar de Ejea de los Caballeros, cabeza de Las Cinco Villas de Aragón. También sabrá de las penurias toreras que padecemos en nuestra región, el jamón  entre los dos trozos de pan que son Cataluña y Vascongadas, y lo mucho que ha disminuido la actividad mayor torera aunque se mantengan los llamados festejos populares que fueron el sostén de la moderna corrida de toros diseñada a partir del toro bravo ejeano y la afición y el buen gusto goyesco. Corrida de la coronación de Carlos IV en la plaza Mayor de Madrid con toros de don Francisco Bentura y Pedro Romero, Joaquín Rodríguez “Costillares” y José Delgado “Pepe-Hillo”. 1789: Toma de la Bastilla, Revolución Francesa.
En la provincia de Zaragoza había ferias de entidad en Calatayud y Tarazona y novilladas en plazas de fábrica o de carros en Sos del Rey Católico, Tauste, Alagón, Zuera, Ricla, Cariñena, Illueca, Ateca, Ariza, Daroca y alguna más. En Huesca la actividad fue menor, casi circunscrita la actividad taurina  a la capital, a Barbastro y una plaza portátil en Jaca y en Teruel, quince plazas de toros y la capital presidida por “el torico”. Aquí, en Aragón, forjaron su futuro Diego Puerta, Paco Camino, Miguel Márquez, casi nada al aparato, y a Victoriano Valencia, en Sos del Rey Católico, al dar la vuelta al ruedo le regalaron un lomo de cerdo. Victoriano recuerda que, a menudo, su madre le preguntaba que cuando volvía a torear en Sos. Manuel Benítez “El Cordobés” le llamaba a Ejea “el pueblo del cura” porque en un novillo suyo, 1962, se lanzó al ruedo un espontáneo con sotana. Fue a partir de 1985 cuando  Ejea entró en el calendario taurino nacional y con dos figuras perennes universales, Enrique Ponce, pontífice máximo del toreo de a pie, y Pablo Hermoso de Mendoza, que hizo una exhibición de pantalón corto y de esta plaza pasó a la pantalla de televisión para demostrar que es el mejor torero de a caballo de todos los tiempos. Desde 1993 a 2008 fue continua la presencia de Ponce y Hermoso de Mendoza suma su veintinueve actuación en la Feria de este año.
El 27 de agosto, con toros de Antonio Bañuelos harén el paseíllo Alberto Álvarez, Cayetano, el torero con más solera, sobrino, hermano, hijo, nieto y biznieto de matadores de toros, y la gran novedad de la temporada, Andrés Roca Rey. El día 29 del mismo mes, toros de los Herederos de Luis Terrón para Pablo Hermoso, Andy Cartagena y el bilbilitano Mario Pérez Langa. El día 1 de septiembre, toros de Torrestrella (protagonistas del festejo más premiado de la historia de la plaza ejeana, 11 orejas y un rabo que se repartieron “El Renco”, “El Juli” y Jesús Millán el 5 de septiembre de 1998) para los populares y populosos Juan José Padilla y David Fandila “El Fandi” y el triunfador de la reciente Feria de San Isidro madrileña, Ginés Marín. Y cinco festejos más con recortadores con anillas, roscaderos, vaquillas y espectáculos de masas. Eso es lo que necesita la fiesta: mucha gente en la plaza. Una plaza cómoda y abierta, alegre y  bondadosa. Fiestas en Honor de la Virgen de la Oliva, patrona de Ejea de los Caballeros.

SENTIMENTAL

Siempre que hablo de Mario Cabré recuerdo a mi padre y la valiosa herencia que me dejó con la amistad de Mario Cabré. Su sobrino, Mario Gas, gente importante en el teatro y hombre-orquesta en la sinfonía teatral: lo hace todo. A Mario Gas le han hecho una entrevista en “EL SEMANAL” y le han preguntado por su madre, hermana de Cabré y casada con el bajo cantante Manuel Gas,  que además interpretó muchas películas, en especial, policíacas. ¿Cómo era su tío Mario ”el enamorado de Ava Gadner”:  “Sí, mi tío era una persona diferente a su imagen pública. Era muy culto, muy cariñoso, bondadoso y tierno. Cómo torero, Cossío le dedicó una página entera porque tenía una media verónica que pasó a la antología de los grandes pases”.
Bueno, la media verónica no es un pase, es un lance, y lo que marcó a Cabré no fue sólo la media verónica sino el quite entero que dio nombre a su pasodoble: “Manos bajas”. Y algunas cosas más, que por eso le motejaban de “polifacético” aunque tuviera una sola cara para  el amor y la amistad. Un catalán escribiendo poesía en español. Grande, grande …  

ESTRAMBOTE


No lo escribo en verso pero se lo merecía. Hablo del hecho ocurrido en la doliente Venezuela y el policía o militar Oscar Pérez, que voló en un autogiro y amenazó a Maduro. Hace muchos años, en los 50 del siglo pasado, cuando hice la mili en el campamento de “Robledo”, la montaña de “Mujer Muerta” y el llano “Amarillo, junto a “Villa Bragas” (Sección Femenina) de La Granja, estaba en mi compañía que mandaba el capitán Poeo, un Garrigues Walker, Joaquín, después ministro con Adolfo Suarez, nos contaba que iba a comprar un tanque para hacerle la guerra a Franco. Era una broma. Y lo de Venezuela parece que también. Lo bueno breve, dos veces bueno. En esta ocasión me he pasado. ¿Me quedará poco tiempo?    

lunes, 29 de mayo de 2017

EL CUADERNO DE BITÁCORA


Es asombrosa la capacidad y el conocimiento de Ignacio Álvarez Vara, más conocido por “Barquerito”. Digo lo de capacidad porque no se cansa de escribir y digo conocimiento por lo que nos  enseña a los que tenemos el privilegio de recibir sus crónicas en directo, en estos tiempos en los que tan difícil es encontrar en los diarios de España crónicas taurinas aunque las corridas relatadas y criticadas se lleven a cabo en plazas de primera, por ejemplo en Madrid o Sevilla, Valencia o Zaragoza de las que ya han abierto sus puertas a estas alturas de la temporada. Ignacio, además de soslayar ese tremendo hándicap que es el corto espacio de tiempo que hay entre el final de las corridas de hoy, pasan casi todas de las dos horas, y el cierre de los medios de difusión. Yo pienso que para enjuiciar un festejo hay que dormirlo y escribir al de siguiente, a la salida del Sol, con el olor de heno mojado y el canto repetitivo de los gorriones. Plácidamente, sin prisas, las prisas malas hasta para el amor (lo decía no sé quién y con verbo más contundente). Pero hoy en día la noticia es inmediata y deja de ser noticia cuando ya la han “tuiteado” todos los impacientes. Recuerdo que en mis tiempos de periodista siempre tratábamos de pisar las noticias a los demás y yo me apuraba en preguntarles a apoderados, empresarios y ganaderos las posibles combinaciones de los carteles de San Isidro. Alguna reconvención recibí del señor Jardón, don José María, en aquellos tiempos en los que la popularidad se le llevaba don Livinio, el inventor de la Feria más grande del Mundo. Don Nazario, don Niceto o don Alipio. Había un ganadero que se llamaba Abacuc, otro, Argimiro, y el miura salmantino, Graciliano. Salamanca, dorada al sol del verano y pulida al aire del invierno, era muy propensa a este tipo de nombres heredados. Aunque el hábito no hace al monje, el nombre puede condicionar al individuo. Un respeto por don Ignacio y su cuaderno de bitácora. Bitácora es el armario junto al timón del barco, donde se coloca la brújula. Estos días, “Barquerito” navega por las calles de Madrid. Luego el toro y, en su función, el torero. Temple, conocimiento, palabra justa y certera.

No todo es bello en este mundo taurino de nuestros pecados. Estamos de acuerdo que se puede hablar de todo y opinar conforme a nuestros gustos y afinidades. La cantada libertad de expresión siempre con la frontera de la educación y los buenos modos. Pero también con el plus de la oportunidad y la conveniencia. Me pareció que no era el momento conveniente para hacer un comentario contrario a la idoneidad y categoría de los carteles de San Isidro. Se está luchando por recuperar el favor de las gentes hacia la fiesta española y son muchos los enemigos a derrotar, últimamente hasta el deseo de algunos diputados podemitas para que se cambie el horario del único programa taurino de Televisión Española “Tendido O”, ahora en las 14 horas del sábado. Querrían llevarlo a las 3 de la madrugada para que no lo vean los niños.     

jueves, 25 de mayo de 2017

EL SILLÓN DE FELIPE II


No nací en Madrid, pero allá me llevaron con apenas unos meses de vida. Nací en Magallón, provincia de Zaragoza, villa de importancia lingüística puesto que allí quiso venir al mundo Lázaro Carreter, “el dardo de la palabra”. A mi padre, que se había licenciado en Filosofía y Letras, sección Historia, y que había preparado su doctorado en Madrid con Camón Aznar y Entrambasaguas, entre otros, le había destinado mi  abuela a su lugar natal, el mismo Magallón, en donde poseía tierras, bodega y prensa de aceite. Dos años de vida rural, aislados, como entonces se vivía en los pueblos, sin contacto con poetas, pintores, comediógrafos y escritores. No pudo más: se fue al Foro, ingresó en la Escuela de Periodismo de El Debate y nos llamó para que fuéramos a acompañarle. 1932. Mi hermana Gloria, un año mayor que yo, se quedó con los abuelos maternos en Ejea de los Caballeros y mi madre y yo nos trasladamos a la capital de España a bordo de un “amilcar” que tenía mi tío Mariano Félez,  pintor de cierto prestigio. Fuimos a vivir a la calle Modesto Lafuente y allí nacieron mis hermanas María Luisa y Caridad antes de que empezara la guerra. Tres años de ausencia entre San Sebastián y Ejea de los Caballeros y vuelta a Madrid en septiembre de 1939, a tiempo de asistir a la primera corrida de toros de mi vida: Las Ventas, confirmación de Manolete y Juanito Belmonte de manos de Marcial Lalanda y la presencia a caballo de don Juan Belmonte. Puede que yo sea el único superviviente de aquel acontecimiento. Hasta 1978, casi cuarenta de espectador en la plaza de toros del Nuevo Madrid.
Cuando vi a Don Juan Carlos sentarse en la delantera del Tendido Preferente, en uno de los sillones de piedra berroqueña, recordé las muchas ocasiones que en aquel lugar viví muchas tardes de toros en compañía de don Carlos de Larra “Curro Meloja”, crítico de Radio Madrid. Nuestras localidades estaban por encima de los sillones que en alguna ocasión ocupaba el general Millán Astray, el jefe de la Legión, al que le faltaban un brazo y un ojo. También acudía en días de poca concurrencia la hermana de “Antoñete”, casada con Parejo, el mayoral de la plaza que fue el que encauzó la reaparición de Chenel, cuando este le vio las orejas al lobo y dejó al margen sus veleidades juveniles. Aquellas localidades del Preferente, entre el tendido 2 y el 3, tenían un inconveniente para los exquisitos: olía a corral de vacas. A mí me gustaba aquel olor. Don  Carlos, bienvenidista de hueso colorado, tampoco se quejaba y cantaba con entusiasmo los éxitos de don Antonio, el torero más de Madrid aunque naciera en Caracas y se recriara en Sevilla. “El Ronquillo” preguntaba desde el otro lado de la plaza, en el 7: ¿Qué dirá esta noche “Curro Meloja”? Y don Carlos, descendiente de Mariano José de Larra, se complacía en el relato. En cierta ocasión me vestí de paje del Rey Melchor que representaba don Carlos en un reparto de juguetes que se celebró en el Círculo de Bellas Artes. Por entonces, 1951, ya me había iniciado en el periodismo taurino con las crónicas de las novilladas de Carabanchel, a casi veinte años del debut de mi padre en la misma plaza y en el mismo menester.
Mi amigo Ignacio Álvarez Vara, en el universo taurino que  Cañabate reducía a planeta, BARQUERITO, me decía hace unos días que Antonio Lorca le había regalado un ejemplar de su obra dedicada a Pepe Luis Vázquez y  escrita al alimón con Carlos Crivell, que en ella se me citaba a mí como Barico II, autor de una crónica de una corrida que se celebró en San Lorenzo del Escorial en ese año de mi debut, 1951, y en la que hablaba de la actuación del Rubio de San Bernardo. Lo de Sócrates lo dejo para los intelectuales aunque es posible que algo de socrático tuviera el mayor de los Vázquez en la forma serena y pacífica de vivir la vida en los ruedos y en su casa. Solo sé que no sé nada. Pepe Luis lo sabía todo del toro y le admiraban el resto de los toreros, sobre todo Manolete, con el que alternó ya de novillero en 1938, año de su presentación con picadores y en ciento y pico corridas. Decía el de Córdoba: “Si supiéramos de toros lo que sabe Pepe Luis no nos arrimaríamos a ninguno”. Hubo una anécdota no muy socrática cuando Pepe Luis, a la vuelta de Manolete de tierras de América, le invitó a torear una corrida de Miura en Sevilla. La respuesta socrática fue de Manolete: “Prefiero que me invite a unas gambas con un buen vino blanco”.
Veo las corridas de San Isidro por la parlanchina televisión y me sorprende el que de vez en cuando aparezcan en la pantalla unos números que corresponden a los tendidos de Las Ventas y unos letreros con la indicación del portón de cuadrillas, el arrastre o la puerta principal. En Madrid no necesito que me orienten y en el resto de las plazas, excepto Zaragoza, me da lo mismo porque ni por esas aprecio donde podía aposentarme. De Sevilla me recuerdan que los tendidos se suceden por un lado los pares y por otro los nones, la Puerta del Príncipe, el arrastre o las cuadrillas. ¿Sirve para algo esta información? ¿Ilustran a los aficionados los amplios parlamentos de los expertos? Siendo el arte del toreo más bien un sentimiento creo que lo importante es lo que uno percibe, que por desgracia – hablo por mí – en poco coincide con las sensaciones que transmiten una parte de los espectadores madrileños.
No han cambiado mucho esos espectadores y su ubicación en Las Ventas y hasta es posible que entre los actuales nos encontremos con un doble de “El Lupas” que en el circo pedía el castigo para los artistas y en su trabajo delinquía como un bellaco. “Justicia quiero y para mí no tengo”.
Dos cambios he notado respecto a mis ya lejanos tiempos de asiduo espectador ventero: el primero que el torilero ya no viste traje de luces y cumple su misión con el manido traje corto de los campesinos andaluces y en segundo lugar el caso del “chulo de banderillas”, que antes también se enfundaba en un traje de luces y ahora creo que no usa disfraz alguno. Son detalles sin importancia como el recibir a los toreros por la Puerta del Patio de Caballos para acudir a la capilla o a la salida de las cuadrillas y prestarse a docenas de esos llamados “selfis” que perpetúan el instante glorioso del ingreso del torero en el inquietante escenario de la lidia de los toros. Todo puede suceder.
Han cambiado muchas cosas más. Seguro que ya no está María Luisa que te colocaba en la solapa de tu chaqueta una preciosa azulina, el experto vendedor de libros taurinos o el presidente de la peña “El Puyazo” que llevaba uno de los bares de la planta baja, Cesar, el arenero pintor o el estudiante que se hizo monosabio, ni se reúnen los amigos frente a la entrada del Desolladero, ni se venden bombones helados en los tendidos ni en las entradas te advierten que durante la lidia no te puedes mover de tu localidad, había un repartidos expendedores que proveía de bebidas a los de las localidades bajas del 9 y el 10 y por las alturas se movían los más limitados que llevaban unos chalecos de cuero con el anuncio de Osborne, un departamento para los vasos y otro para la  botella de coñac que ofrecían entre toro y toro. Durante la lidia permanecían cerradas las puertas de los tenidos. Lo que no sé es como los que escalaban la fachada por los ladrillos salientes entraban después al tendido. En Madrid no servía ni el truco de la barra de hielo para el bar o el de la galleta tras la solapa de la chaqueta. ¿Y qué  haces luego con la galleta? Si tengo suerte me la como dentro y si no, me la como fuera. En una pequeña habitación fumaba habanos Manolo Cano y recibía a sus amistades, Juan Lamarca, Miguel Flores, el banderillero Pacorro, el de la imprenta, el sastre Fermín, ganaderos, apoderados o toreros retirados. Y lo controlaba todo.

UN CONSEJO.- Un gran cartel en Aranjuez el día 30 de mayo. Dos toros de Juan Pedro Domecq para Pepe Luis Vázquez, dos toros de Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla y dos de Garci-Grande para Julián López El Juli. Para  completar la jornada pueden comer en Casa Pablo  y saludar a su dueño, Pablo Guzmán, y darle recuerdos de mi parte. Y a Pablo Lozano, el empresario que organiza tal acontecimiento artístico. ¡Si yo tuviera veinte años menos …! Allí estaría, desde luego.      

domingo, 14 de mayo de 2017

NO PIERDO LA ESPERANDA


Muchas veces me acuerdo de don Manuel, del padre de los Bienvenida. Era un tipo curioso, simpático, conversador,  fabulador y enamoradizo. Por aquellos días en que le hice una amplia entrevista en su templo madrileño de General Mola vivía solo por cierta infidelidad a la que la esposa, doña Carmen, respondió con su ausencia de una docena de días en los que se fue a vivir a casa de su hijo Ángel Luis. Una joven y guapa cajera de la cafetería “Galatea”, en la esquina de General Mola con Alcalá, era el involuntario origen de aquella separación. Nuestra conversación tuvo matices de todos los colores, de la técnica en el toreo, de sus hijos, de la desgracia de su hijo Miguel, de la mala suerte de Manolo, de la maestría de Pepote, el mejor banderillero de los hermanos, de Ángel Luis y sus afanes aventureros, de su debilidad por Juanito y de la inconfundible Tauromaquia de la naturalidad escrita en sangre por don Antonio. Pocos años después, vueltas las aguas a su cauce matrimonial, don Manuel fue a ver a Antonio a la plaza de San Sebastián de los Reyes, septiembre de 1964. “Ya he visto torear, ya me puedo morir tranquilo”. Y se murió, se murió: el día 4 del inmediato mes de octubre. Once años después, el 7 de octubre de 1975, falleció su hijo Antonio como consecuencia de la voltereta que le propinó una utrera de Amelia Pérez Tabernero en la finca de El Escorial. Antonio Bienvenida era torero de Madrid y de su provincia, Las Ventas, Carabanchel, San Sebastián de los Reyes, Colmenar Viejo y Arganda del Rey, en donde se montaba una plaza de toros que cortaba la carretera y, entre novillo y novillo, se abrían las puertas para que continuaran viaje los vehículos retenidos durante la lidia del correspondiente utrero de ese festival que organizaba todos los años  la familia Bienvenida y que fue en el que “Manolete” puso un par de banderillas, el único de su carrera taurina del que se tiene constancia pública.
Y me acuerdo de “El Papa Negro” porque  en estos días he podido decir lo que afirmaba don Manuel: me puedo morir tranquilo, he visto torear. Y esta afirmación tiene su primer argumento en lo que Curro Díaz hizo en la plaza de Zaragoza el día 23 del pasado mes de abril. Antes había visto torear en el amplio sentido de la afirmación muchas veces. De chico y de joven, cuando con 19 años me inicié en la crónica taurina con el orgullo especial de haber asistido a una corrida en El Escorial con Pepe Luis, en tarde gloriosa en la que toreo por la mano izquierda con la muleta al revés, con los vuelos hacia dentro. A Pepín en la Beneficencia y su faena inmortalizada en la película de “Currito de la Cruz”, a Cagancho el día en que la princesa Soraya estuvo en la plaza de Madrid, Luis Miguel, al propio Antonio Bienvenida, Julio Aparicio, Manolo Vázquez que puso el toreo de frente, Rafael Ortega o Antonio Ordóñez, los desconocidos Aguado de Castro, Frasquito, Codeseda o Luis Alfonso Garcés, y los más conocidos Cesar Girón, Antoñete o Juan Silveti, los artistas, el hijo de Chicuelo, Curro Romero o Rafael de Paula, el triunvirato Puerta, Camino y El Viti y el senequismo elegante y personal de Mondeño, Juan García, el cuarto Mosquetero aunque naciera en Puerto Real, Cádiz.
Y no sigo porque va a perecer esta relación un listín telefónico de los toreros que me  han dicho algo. Muchos, por fortuna. Y mientras tanto lo he pensado bien y le he pedido a la Divina Providencia lo que le pedía Andrés Segovia hace unos años: que me deje aquí un ratico más porque, pese a los disgusto que me llevo puesto que  no veo claro el porvenir de mis hijos y de mis nietos, me encuentro muy a gusto. Había sido feliz con la confirmación artística del gitano linarense en Zaragoza. Tras la muerte de Manolete en la plaza de Linares, escenario de docena de elegías dedicadas al “monstruo” de Córdoba, en ese lugar nacieron, además del fugaz Víctor Quesada, José Fuentes, Sebastián Palomo y Curro Vázquez con  canciones del eterno Raphael. Buen programa.

De  Zaragoza pasamos a la Feria de Sevilla y allí también vimos torear pese a los muchos toros descastados que salieron por lo chiqueros. Cuando apareció la casta surgió un torero que confirmó mi teoría de que la edad es el buqué de los toreros y uno que, tras colocar los palos en los rubios del toro, daba un salto tocándose la punta de las zapatillas con los dedos de sus manos se asentó en el albero maestrante y lidió a un toro de Victorino Martín en la línea del maestro de Borox, sobre las piernas y con el preciso y precioso juego de sus brazos. Una completa labor desde el primer capotazo al último pase de muleta y una sincronía y un dominio impares. Mereció las orejas y el rabo que yo, en mi fuero interno, le concedo a Antonio Ferrera sin ningún atisbo de rubor. Aunque, en realidad, para mí los despojos no tienen significación artística. Otro torero que no ha cortado orejas ni ha dado una vuelta al ruedo ha sido Morante de la Puebla y, sin embargo, yo creo que ha estado en su sitio en los ocho toros que ha matado en la Feria abrileña consumada en la primera semana de mayo. Los cuatro toros de Nuñez del Cuvillo tan descastados como los otros cuatro de los otros ganaderos. Pero el de la Puebla demostró la amplitud de sus virtudes toreras, que es el torero enclavado en la orden de los artistas más largo de los que en el mundo han sido. En el toro que se despedía de esta Feria hasta puso banderillas para recordar a los incrédulos que no hay suerte torera que tenga secretos para su bien amueblada y engominada cabeza. Fueron tres pares de fácil ejecución y el detalle de un recorte para cortar el viaje del toro. ¡Torero! Más fácil defensa tiene Manzanares que posee la llave del éxito en su sentido barroco del toreo y en la consumación de la llamada “suerte suprema”. Fácil también el reseñar el éxito de Andrés Roca Rey porque torea con la misma verdad por delante y por la espalda y porque su valor está a prueba de balas. Es de pura ley. Y como glorioso colofón, la alegría del éxito del discípulo de Manolo Cortés en la corrida que cerró el ciclo sevillano. Sendas orejas de los toros de Miura que lidio Pepe Moral en esa tarde. ¿Cómo quieren que me vaya ahora? Hace años, Jesús Rodríguez “El Chato de Ronda”, un fotógrafo que siguió la estela del gran Arjona sevillano, le decía a la gente pesimista que el toreo no se acabaría mientras hubiera mujeres hispanas que trajeran al mundo muchachos capaces de vestir al traje de luces y crear arte en la lidia de los toros bravos. Esa es la esencia del toreo.      

domingo, 16 de abril de 2017

PICASSO Y THE BEATLESS



Son temas que me atraen: Goya, Hemingway, Teseo y el rapto de Europa, Picasso y el Guernica. Y siempre recuerdo lo que le dijo Dalí a su compañero al margen del famoso comienzo de su charla en el Ateneo de Madrid: “Picasso es un genio; yo también. Picasso es comunista; yo tampoco”. El ingenio daliniano no era discursivo. Era tajante, golpeador, como rayos que despedían sus engominados e inhiestos bigotes. Era un gran dibujante. Quizás el malagueño fuera mucho más grande. Por eso desdibujaba tan violentamente y el llamado y ochentón “Guernica” es un desdibujo apabullante, el toro, el caballo, el hijo muerto, las manos deformadas a lo Oswaldo Guayasamin, la bombilla y el quinqué, las bocas abiertas y las lenguas como puntas de lanzas, las cabezas proyectadas hacia el centro y la muerte adivinada en diversos signos, sobre todo en la calavera que hace de morro del caballo. Estaba en esos pensamientos cuando  leí en la contraportada de ABC una columna de Ignacio Ruiz-Quintano, amplísimo archivo de dichos y sus autores, en el que contaba que el amigo que abastecía a Picasso de percebes coruñeses de veinticinco uñas decía que “el Guernica es sólo una corrida de toros inspirada en la muerte de Sánchez Mejías”. Entonces se tranquilizó mi conciencia porque a mí este cuadro en blanco, grises y negros, me pareció feo y me vino a la memoria esa otra memoria  de Dalí y que apuntaba al principio, en la que le agradecía a su compañero el haber pintado y dibujado todo lo feo que había en este mundo. “Gracias, Pablo”. Lo cierto es que no acabó con el feísmo y todavía se han visto cosas más feas como obras de arte y muchas instalaciones como si fueran esculturas de García Condoy o Pablo Gargallo. O hasta Rodín y Miguel Angel.
En esa misma columna, Ruiz-Quintano  citaba al pintor Malevich y sus cuadros en negro total (ausencia de color), al que yo añado a Mark Rothko, rectángulos de todos los colores y uno solo blanco (conjunto de todos ellos) y mi recuerdo al actor José María Flotats, todo vestido de blanco, al que admiré en 1998 en la interpretación de la obra “Arte”, de Yasmina Reza, con el fondo albo de una tela sin mancha. Fue en el teatro Marquina de Madrid, cerca del café “Gijón”. Curioso que Rothko fuese de origen letón y que Malevich fuera ruso y creara el estilo  de pintura del “suprematismo” en plena revolución bolchevique. Más curioso todavía que las obras de arte de ambos haya que explicarlas y se conviertan en sentimientos de los que las contemplan. Si usted, espectador, no ve nada es porque le falta sensibilidad. El caso es que ante las Meninas, los fusilamientos del 3 de mayo en la Moncloa de Madrid o el entierro del Conde Orgaz siento un temblor interno sin que nadie me lo tenga que explicar.
Me pasa también con la música. En la COPE, uno de los habituales y pródigos tertulianos hablaba de los “The Beatles” y la mejor música que el locutor había escuchado en su vida. A mí me vinieron a la memoria Johann Sebastián Bach y Wolfgang Amadeus Mozart  y, por arrimar la sardina a mi ascua, las voces de Miguel Fleta y Plácido Domingo. Me pueden gustar unos y otros, pero, en cuanto a significación artística, no creo que puedan equipararse. Hay músicas de las que entiendo muy poco, flamenco y jazz, y me llenan de placidez cuando las escucho. El caso es que el que hablaba por la COPE recordó cuando los de Liverpool vinieron a España en julio de 1965 y actuaron en Madrid y Barcelona, en sus plazas de toros, y bajaron del avión en Barajas tocados por sendas monteras  toreras. Los Paul Mc Cartney, George Harrison, John Lennon y Ringo Starr hoy no lo harían por temor a las huestes anti-taurinas. Como Madonna no se metería en una chaquetilla bordada en oro, se tocaría con prenda torera y haría  un vídeo con diestro parlante Emilio Muñoz.
Son tantos los ejemplos que nos vinculan con el toro y su lidia que el propio John Lennon, antes de venir a España, publicó un libro, “Spaniard in the Works”, con una portada en la que aparecía con capa y sombrero andaluces. Y a alguien se le ocurrió que Manuel Benítez, en plena efervescencia cordobesista, se hiciera una fotografía con los británicos por aquello de que a estos se les conocía también por su peculiar peinado con frequillo y al torero algunos le llamaban “El Pelos”. Una amiga mía, María Pilar, una de las primeras críticas de toros (creo que sólo le precedió en esa actividad madame Cantier, directora de “Toros” de Nimes), le hizo al de Córdoba una entrevista iluminada con una foto en la que ella le peinaba sus largos y enmarañados cabellos. La foto buscada, la de “El Cordobés” con los “The Beatlees”,  no se pudo hacer porque el famoso cuarteto descansaba de sus ruidosas correrías.
Muchos años antes, 1923, “Papa Ernesto”, el Hemingway, famoso novelista y combatiente en la Primera Guerra Mundial¸ vino a España por recomendación de Gertrude Steín, a quién retrató en París, en 1906, Pablo Picasso. El novelista había visto toros en la frontera de México y Estados Unidos y la Stein le convenció para que viera toros en Madrid. Su primera corrida en la capital fue en mayo de ese año de 1923 y con un cartel en el que figuraban dos aragoneses,  Braulio Lausín “Gitanillo” y Nicanor Villalta y el sevillano “Chicuelo”. Después vendría toda su enorme obra,  su especial atención a los toros en  “Fiesta” con Cayetano “Niño de la Palma”, Pamplona y su peculiar modo de vivir los toros, lo que llevó a reconocerle como su gran divulgador y colocarlo a la entrada de los encierros en la plaza en bronce sobre piedra. “Muerte en la tarde” y “El verano sangriento” son otros dos relatos sobre la fiesta, el primero como amplio resumen de la historia del toreo y sus protagonistas y el segundo como minuciosa crónica del buscado encuentro en los ruedos de Luis Miguel y su cuñado Ordóñez. Lo malo fueron las primeras traducciones de ambos textos.
Todo ello contribuye a la supervivencia de la fiesta española, más española cuanto más internacional y, aunque ese tremendo cartel de propaganda que cumple ahora 80 años busque sus argumentos en un bombardeo, algunos expertos aseguren que el rabo del toro, a la izquierda del monumental cuadro, es una columna de humo de las explosiones, y que Goya era anti-taurino, me fío más de los argumentos en contrario. Comparan los “Desastres de la guerra” goyescos con su “Tauromaquia”, que no es tal tauromaquia sino un relato histórico y un recuerdo personal. De la afición a los toros de Goya tenemos pruebas escritas, amistades, actividades y recuerdos tangibles de esa su inclinación hasta su postrer estancia en Burdeos. Todo alrededor del de Fuendetodos nos lleva a resultados completamente opuestos a los afirmados por ciertas autoridades del conocimiento pictórico. El hombre siempre es el más importante

Para rematar está barroca faena quiero fijarme en un hecho prometedor: el Domingo de Ramos hubo en Madrid, Las Ventas,  casi 18 mil espectadores. Se lidiaban, es cierto, seis toros de Victorino, pero la terna de toreros no era de relumbrón. Tres cuartos de plaza. La publicidad ha sido insistente, eficaz y original. Páginas y páginas con las caricaturas de los Martín, padre e hijo. Ha respondido la gente. Buen tanto el que se ha apuntado Simón Casas. Para San Jorge, en Zaragoza también nos prepara el de Nimes un aceptable programa. Me gusta ver al gitano Curro Díez y el “sevillano” Ginés Marín en el mismo cartel. Supongo que la publicidad moverá conciencias. No queda más remedio que agitar a las masas en estos tiempos de atonía informativa. Y eso que en TV. E. al mediodía, nos ponen casi a diario al hijo de la Pantoja y “Paquirri”,  a su hermana, a Ortega Cano y su hijo, a Manuel Benítez y su hijo Manuel Díaz, ambos conocidos con el mismo seudónimo, a Bustamante y Bisbal. Estos dos como cantantes predilectos del medio. No sé cómo no se rebelan el resto de las mozas y mozos que se dedican al “bel canto”. Yo también quiero cantar en la televisión de España.     

miércoles, 5 de abril de 2017

DOS MATADORES DE TOROS … Y MUCHOS MÁS


En días cercanos, dos matadores de toros han fallecido, Pepe Ordóñez y Manolo Cortés. De Ordóñez no se han prodigado los panegíricos ni las escuetas esquelas. Sí de Manolo Cortés. En este caso con fallos estrepitosos al decir que nació en Ginés, con acento en la e, y su supuesta  ascendencia gitana. Su pueblo sevillano es Gines y su ascendencia, paya. ¿Parecía gitano? Pues, sí, tenía la tez verde aceituna, pelo negro e inspiración calé cuando toreaba por “templarias”. El don del temple es muy característico del arte caló. En caló nos hablaba también Curro, el payo de Camas. Y Manolo, el de Gines, tuvo continuidad en otra paisano suyo, Cepeda, que rige los destinos artísticos del extremeño Miguel Ángel Perera, también torero activo y de importancia.
Mi amigo José María, “El Hombre Tranquilo”, presidente de la peña El Castoreño de Córdoba, me ameniza la existencia  con música de lo más variada y, para rebatir mi teoría de que las hijas del primer matrimonio de doña Angustias eran hermanastras de “Manolete”, me cuenta una anécdota de Pedro Martínez “Pedrés” cuando le apoderaba don José “Camará” y le hablaba de los toreros cordobeses: “Hombre, don José, ya sé que los toreros de Córdoba son los mejores toreros del mundo, que no hay más toreros que los de Córdoba, pero que no se le olvide que “Manolete” se coció en un puchero de Albacete”. Doña Angustías era paisana de “Pedrés” y Dámaso González, del que el sabio y silencioso hombre de las gafas oscuras, manoletinas, decía que tenía la misma mirada que el Monstruo cordobés.
Tenía sus razones para afirmar la primacía de los toreros cordobeses porque del grupo selecto que forman los toreros que han mandado en el toreo a lo largo de los tiempos, Pedro Romero, “Costillares” y “Pepe-Hillo”, único triunvirato de estos últimos cuatro siglos, “Paquiro”, “Lagartijo” y “Frascuelo”, “Guerrita”, “Joselito” y Belmonte, “Manolete” y “El Cordobés”, cuatro son nacidos en Córdoba. A la lista de los mandones habría que añadir el nombre de José Tomás, pero él mismo ha abdicado de tal poder y se conforma con un pirulí de la Habana cuando podía empuñar en su mano la torre Eifel de París. Y cuando hablo de mandones no me refiero a que hayan sido los mejores toreros de cada época y menos aun los que sumaron el mayor número de corridas de cada temporada. Bastará con unos cuantos ejemplos: “Litri”, Curro Girón, “Espartaco”, “Jesulín de Ubrique o “El Fandi” en nuestros días. Tampoco me refiero a otros diestros de gran categoría como “El Chiclanero”, Fuentes, “Bombita” y “Machaquito”, los Bienvenida, Domingo Ortega, Marcial, Domingo Ortega, Pepe Luis, Julio Aparicio, Antonio Ordóñez, Manolo Vázquez,el otro triunvirato, Puerta, Camino y “El Viti”, “Paquirri” o “El Yiyo” como póstumo homenaje a los que dieron su vida a cambio de la purificación de la fiesta. Hablaría del santanderino Félix Rodríguez, al que no vi actuar, pero del que me habló maravillas Curro Caro, del genial Victoriano de la Serna, al que conocí en el café “Riesgo” de la calle Peligros de Madrid, de “Cagancho” y “Curro Puya” y el resto de los gitanos que en el toreo han sido, de Manolo Escudero orfebre de la verónica, elegante y desafortunado cuando un toro le atravesó el pecho en San Sebastián, Pepín Martín Vázquez, del que se conserva una de sus mejores faenas en la plaza de Las Ventas gracias a la película de “Currito de la Cruz”, de Rafael Ortega al que solo le faltó la percha porque lo tenía todo, capote, muleta y espada, ¿la mejor?, el murciano Manolo Cascales y su mala cabeza y Victoriano Valencia, nieto del banderillero que iba con “El Espartero” el día que le cogió el toro de Miura en Madrid. Para hablar de Victoriano baste con señalar cuatro nombres de toros: “Carpeto”, novillo de Palha, 1958, “Talaverano”, de Samuel Flores, 1960, “Malvaloco”, de Bohórquez, 1961, y “Arábica”, del Conde de la Corte y al que mató de media estocada y los cortó las dos orejas. Todos ellos en Madrid. En los otros tres, vueltas por pinchar antes de la estocada. A Victoriano se le conocía por “el torero de las faenas memorables”. Cuatro faenas memorables en Madrid valen el peso en oro de esos cuatro toros de Palha, Samuel Flores, Fermín Bohórquez y Conde de la Corte. Y recordaría otros nombres como el de “Mondeño”, “Antoñete”, José Fuentes, Ángel Teruel, Miguel Márquez y un cartel mexicano en el que juntaría a Gaona, los Armillita, Garza, El Soldado, los Rivera, los Calesero, los “Mosqueteros”, Silverio o Arruza. Y, en el escalafón banderillero, mi paisano Pinturas, con “Manolete” y “El Viti”, “Michelín el del garfio a las narices del toro, Chaves Flores, “el tercer hombre” frente a la pareja Aparico-Litri, “Tito de San Bernardo”, los “Boni”, Luis  Parra, Julio Pérez “Vito”,  “Miguelañez”, “Bojilla” y mi especial recuerdo para “Joaquinillo”, que fue un banderillero de primera y tuvo que acabar sus días como mozo de espadas de Fuentes, el de “Linares se lo llevó y Linares nos lo devuelve”. Lástima.
Mi recuerdo para Pepe Ordóñez como torero que fue y como miembro de una saga torera que puede que sea una de las más extensas de la historia del toreo puesto que la familia Ordóñez se unió a la de los Dominguín con las dos Carmina, madre e hija; otra Dominguín, hija de Domingo, con Curro Vázquez y una hermana de esta con Paco Alcalde. Otra Dominguín con Ángel Teruel. Y Belén Ordóñez lo hizo con Juan Carlos Beca Belmonte, nieto de Juan Belmonte. Explosión torera aunque no hay señales de continuidad. Mal asunto.

La clave de nuestro futuro no está en los despachos y los políticos. La clave está en el campo donde se cría el toro y en el vientre de las madres que traen al mundo seres capaces de crear arte con la embestida de un toro bravo. Y esto último no se aprende. También los buenos aficionados nacen. Hace muchos años, en un programa de televisión en el que intervenía Luis Miguel Dominguín, una aficionada le argumentó que una señora que dirigía un programa taurino tenía que saber muchísimo de toros porque viajaba mucho y veía muchas corridas. Luis Miguel, rápido, centelleante, le contestó: “Yo tengo una maleta que viene siempre conmigo y todavía no sabe nada”. Todo esto viene del cielo. “Y puesto que al cielo vamos, bebamos”. ¡Va por ustedes!