martes, 13 de febrero de 2018

EL ETERNO FEMENINO (I)


Dice el diccionario de la Real Academia que la expresión que me sirve de titular para estos comentarios viene del alemán y es “el conjunto de los caracteres supuestamente permanentes e inmutables de la psicología femenina”, lo que no quiere significar que esos caracteres sean achacables  a todas las mujeres; las hay que levantan 150 kilos en la práctica de la “alterofilia”, dirigen un Banco o te arreglan el motor de tu coche. Quiero decir que hay mujeres capaces de realizar lo que se considera predominantemente varonil y hombres que pueden conducirse como las féminas sin que haya que descalificarlos como tales varones. En resumen: todos los seres humanos nos podemos conducir cómo tales, el eterno hombre genérico, aunque haya que admitir sus rasgos característicos. A mí, por ejemplo, me sorprende que a lo largo de los siglos no se hayan dado figuras femeninas de la pintura como Miguel Ángel, Velázquez o Goya. En Burdeos, la hija de Leocadia Zorrilla de Weiss, ama de llaves de don Francisco, Rosario Weis Zorrilla, tenía buenas cualidades en el arte del dibujo, el retrato, dos de su padrino y los de los escritores Espronceda, Zorrilla, Duque de Rivas, Larra y Mesoneros Romanos, y la litografía, nuevo método de grabado descubierto por Goya en Burdeos, maravillosos “Toros de Burdeos”, lo que, dada la aureola caballeresca de don Francisco, puede originar algunas interpretaciones genealógicas no probadas. Leocadia estaba casada con el joyero bávaro Isidoro Weiss, que tenía su establecimiento en la calle Mayor de Madrid y del que se separó en los días en los que el de Fuendetodos se marchó a Francia huyendo del absolutismo de Fernando VII. Decidió Leocadia acompañarle con su hija y uno de sus dos hijos varones,  Guillermo, los tres nacidos en Madrid. Cuando falleció Goya en Burdeos, 1828, Leocadia y sus hijos se encontraron sin ninguna posibilidad de subsistencia y regresaron a Madrid, en donde Rosarito tuvo destacada presencia en la Academia de  San Fernando y en Palacio, cuando Fernando VII la contrató para que les enseñara dibujo a sus hijas, Isabel II y Luisa Fernanda. Pero murió muy joven de cólera, en 1843 y sin cumplir los 29 años. A su nombre pionero, opinión muy personal, yo añadiría los  de Menchu Gal, guipuzcoana que perteneció a la Escuela de Madrid, sucesora de la de Vallecas, que capitanearon Benjamín Palencia y Daniel Vázquez Díaz y en la que figuraron junto a la irunesa Agustín Redondela, Cirilo Martínez Novillo, el canario Juan Guillermo, Luis García-Ochoa, Álvaro Delgado y unos cuantos artistas más que le dieron lustre al arte pictórico de la segunda mitad del siglo XX. Sumaría  los nombres de la monja Isabel Guerra, hiperrealista a lo membrillo cuadriculado de Antonio López, Marián Ribas, la hija del gran dibujante Federico Ribas y esposa de Rafael Amézaga, algunas pintoras naif y los de las taurinas Matilde García Mozón, Peñuca de la Serna, hija del matador de toros Victoriano de la Serna, y Jacaranda Albaicín, hija de Joaquín Bernadó y María Albaicín, nieta de Rafael, primer traje de luces verde y plata gracias a los pinceles majestuosos de don Ignacio Zuluaga.
Estaba con el señor de Fuendetodos que, además de preparar a Rosario Weiss para el arte del retrato y el grabado, inmortalizó a la que en casi todos los tratados sobre el tema del toreó femenino se considera como la primera torera: Nicolasa Escamilla “La Pajuelera”, el valor varonil de la vendedora de pajuelas de azufre poniendo un puyazo en todo lo alto a un toro fiero en la plaza de Zaragoza. Añadir los nombres de “La Fregosa”, “La Martina” y Teresa Bolsi, esta dibujada por Gustavo Doré con una falda de encaje abullonada, talle de avispa, la espada y la muleta en la mano derecha, el sombrero en la izquierda y el toro a sus pies. Davillier, el relator del texto a ilustrar por Doré, dice que Teresa Bolsi era una mujer joven, de veintiocho a treinta años, bien proporcionada, de rasgos llenos de energía y que mató al cornúpeto “de una estocada “a la verónica”, es decir, de frente”. “Viaje por España”, escrito por el barón Ch. Davillier y dibujos de Gustavo Doré, está fechado en los comienzos del último tercio del siglo XIX y son Goya y Doré quienes nos dan noticia de las primeras mujeres que pisaron los ruedos como toreras. Otra cosa ocurre con las féminas que escribieron de toros.
Según mis conocimientos, la primera noticia que tenemos de una cronista taurina se fecha en 1660, cuando la aragonesa Eugenia Buesso relata lo ocurrido en los festejos reales que se celebraron en Zaragoza en honor del virrey Juan José de Austria. Muriel Feiner, que es la autora de la más completa relación de la mujer en el mundillo de los toros, toreras, pintoras, escultoras, poetas, aficionadas, escritoras o periodistas, incluye a Eugenia Buesso con el título de “Relación de la corrida de toros que le imperial ciudad de Zaragoza hizo en obsequio de su Alteza”, compuesto de cincuenta y cinco octavas reales y en ellas se relatan los pormenores del festejo en honor del virrey. Tienen que pasar muchos años para que aparezca la siguiente cronista taurina. En el siglo XX, la extremeña María de la Hiz “Mahizflor”, que escribió poemas, tenía un museo en su casa madrileña, en una calle paralela a la Avenida de los Toreros que desemboca en la de Julio Camba y que sentía una admiración especial por los diestros de la dinastía de los Bienvenida, las aragonesas María Teresa Trémul Bados y María Carmen Campo Gode y la recitadora Gabriela Ortega, hija de la hermana de Rafael y José y “El Cuco” y hermana de Rafael y José Ortega Gómez.
La francesa Michelle Cartier, “Madame Migueleta”, fundó en 1925 la revista “Bióu et Toros” en Nimes, que en 1946 redujo su denominación a “Toros” (“Toros de Nimes”) y que prolongó su existencia hasta finales del ese siglo XX tan pródigo en acontecimientos taurinos pese a serlo también en lo que se refiere a conflictos bélicos. Sonaron en alguna ocasión los nombres de Josefina Carabias, esposa de Augusto Assía, corresponsal en el extranjero, y el de Pilar Ibars, colaboradora de “El Ruedo”, pero hasta los años 60 de este siglo XX no se dio el extraño fenómeno de una mujer cronista de toros en su sentido más estricto. Fue en la revista “Fiesta Española” y se trató de la madrileña María Pilar Fernández y de sus crónicas de los festejos celebrados en la plaza de Carabanchel durante los ocho años que se publicó la citada revista. Deliciosa la entrevista que le hizo a Manuel Benítez con pluma y peine. No tengo conocimiento de que antes que María Pilar una mujer cumpliera con ese específica función periodística y si que tuvo continuación en la renombrada Mariví Romero. Se me permitirá mi prudente mutis por el foro para no recordar lo que Amilibia dijo de la sección taurina de Pueblo que dirigía el padre de Mariví y del que tengo versión diferente a la manifestada por el famoso reportero “pueblerino”: Papá Romero no puso a Navalón al frente de la crítica taurina para purificar el espacio, lo hizo para castigo de la torería andante porque Paco Camino le hizo cierta manifestación al ministro sindical García Ramal a la entrada del director en la fiesta de los Populares. Luego fue Mariví la que se sentó en el sillón de la crítica y la que accedió a la TV.E., el toque de rebato para la llegada de algunas féminas más y ya estamos en plena adaptación a la igualdad genérica con un nombre tan destacado como el de Patricia Navarro, jefa de la sección taurina de “La Razón”, el de Isabel Sauco que figura al frente de Radio Cinco Villas y Gallur y colabora en la televisión aragonesa y algunas más, sin olvidar a Esperanza Piña que fue la propietaria de “El Mundo de los Toros”, revista publicada en  Palma de Mallorca. También en México, Colombia y Ecuador se da este fenómeno y lo cuenta Muriel con toda suerte de detalles..
En la fotografía taurina hay un nombre señero, el de la francesa Christine Splenger, y una figura emergente, la de Náyade Moncín, hija de Carlos Moncín, de Calatayud , exponente máximo del arte fotográfico aragonés y con especial sensibilidad para la foto torera. Muriel Feiner es también una destacada fotógrafa con su cámara siempre enfocada  al arte y a la actualidad taurina.
En el capítulo de aficionadas de alcurnia habrá que acordarse de S.A. R. la Condesa de Barcelona, la Duquesa de Alba, afición heredada y una señora norteamericana, Alicia Hall, nacida en Georgia, profesora de español en su tierra, que vio su primera corrida en Perú en 1950  y que vino a España hasta los 90 de ese siglo XX. La conocí en Pamplona cuando llevaba dos banderitas dedicadas a Diego Puerta y Paco Camino, aunque con el de Camas se enfadó y ya no saludaba sus actuaciones  agitando su bandera, que hubo años que vino acompañada de unas cuantas compatriotas mucho más jóvenes que ella y que recordaba la corrida de Madrid de 1959, cuando salieron por la Puerta Grande de Las Ventas Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida y Julio Aparicio. Feiner dice que murió en su tierra natal el 27 de febrero de 1993, hace 25 años y ella en sus noventa. Muriel Feiner lo cuenta casi todo en su libro “La mujer en el mundo del toro”, incluidas las mujeres que se relacionaron con la fiesta española en los países americanos, ella misma, que asistió a su primera corrida de toros en Las Ventas en 1965, vino a vivir a España para estar en contacto con los toros y se casó con Pedro Giraldo, torero de oro y plata, palentino de Cisneros, matador de toros en la capital de su provincia en 1978.
Recordar a Raquel Meller y su “Relicario”, a Paquita Escribano y “Sangre Torera”, Gaona preguntó por ella cuando vino a España, la mexicana Lola Beltrán, su imponente “Guapango Torero” y sus matrimonios con Tirado y Alfredo Leal, Concha Piquer, esposa de Antonio Márquez y madre de Conchín Piquer, esposa de Curro Romero, las esposas de Fernando “el Gallo”, Manuel Jiménez “Chicuelo” y Francisco Rivera “Paquirri”, María Antinea y Félix Rodríguez, la hija de Pastora y Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, Soledad Miralles, esposa de “Carnicerito de Málaga” y suegra de Rafael de Paula, la bailadora Malene Loreto y Julio Aparicio, Ortega Cano y la de Chipiona, Pedro Martínez “Pedrés” y la cantaora Teresa Jareño… ¡Cuantas historias! Luis Miguel decía que si no hubiera mujeres en el tendido, él no se hubiera vestido de luces. Negó siempre que fuera cierta la anécdota divulgadísima con Ava Gadner. ¡Olé! De las “matadoras” hablaré un día de estos.      

viernes, 22 de diciembre de 2017

SUPERVIVENCIA DEL TORO



¿Puede ser un cuento de Navidad?

BENJAMÍN BENTURA REMACHA                                    

Muchas han sido las ocasiones y los razonamientos que se han dado para asegurar que la llamada “fiesta española” no se acaba. No le consiguieron las prohibiciones papales o reales y no creo que lo hagan los nacionalismos anti-españoles o los izquierdismos animalistas. Es cierto que el toro vivía en toda Europa y ahora solo se cría en España, Francia y Portugal, razón más que suficiente para que exista la corrida de toros puesto que sin ella no se celebrarían tales eventos y desaparecerían de nuestros campos animales de tal belleza y génesis. Dejo la defensa de semejante tema y su importancia para otros tratadistas más expertos que yo en el estudio del toro bravo y pongo en manos de los ganaderos la modificación del peto o muralla, la supervivencia del primer tercio de la lidia. Me aferro, pues, a las razones que me aporta la significación cultural del toro bravo.
Superados los fenómenos mitológicos griegos de Creta y el Minotauro, Teseo y las doncellas, el ejercicio guerrero alrededor de los castillos y sus murallas y las manifestaciones alemanas, inglesas, francesas y española del Siglo de Oro de las Tauromaquias, con su sumo sacerdote, don Francisco Goya Lucientes, al frente, aunque no plasmara nunca una  Tauromaquia en particular, mientras se le reconoce tal conocimiento en el conjunto de toda su obra sobre el tema, dibujos, grabados y óleos, la historia de la Tauromaquia universal. Y el caso es que hoy nos encontramos con sorpresas que avalan la existencia del toro bravo. Me sorprendió gratamente la corrida celebrada en el pasado mes de septiembre en el circo de la francesa Arles. No me gustaron las ilustraciones  del ruedo y los tendidos de Herve Di Rosa, pero sí el ambiente de la plaza, la música de la orquesta “Chicuelo” con la trompeta del mexicano Pancho Flores, las dianas para las “zapopinas” de “El Juli”, los ternos de los tres actuantes, el citado  Julián, Juan Bautista y Cayetano, la confirmación técnica del arlesiano  cómo excelente estoqueador, con su remate en la suerte de recibir en Logroño, a la altura del alicantino Manzanares, ya de regreso tras la reparación de sus vértebras. El clima del festejo compitió con el celebrado en Málaga, el de la impar y sensacional actuación de Enrique Ponce y el apoyo de Estrella Morente, una cantante que sobrepasa los límites del flamenquismo paterno. Dos muestras de hasta dónde puede llegar el espectáculo taurino, Arles y Málaga. Sorpresa agradable (Marc Lavie y su Semana Grande) la del encuentro con el pintor Van Gogh, que en 1888 (la casa amarilla, el café de noche, el autorretrato con la cabeza vendada, su habitación y el hospital de Arles) y  se fue de París a la Provenza y en Arles pintó un cuadro de mediano formato que representaba el tendido del circo romano convertido en coso taurino con algunos espectadores más concretos, posibles  conocidos del pintor, que, para delimitar la condición taurina del espectáculo que se desarrolla en la arena, apunta la figura de un toro y algunos posibles toreadores. Y pienso que estos borrones son simples apuntes porque  el de la oreja cercenada no estaba familiarizado con ese toro y ese torero que van a magnificar a los nuevos impresionistas taurinos con Roberto Domingo como patriarca, a su regreso de su París natal. Picasso hizo al revés el viaje, desde su cuna, Málaga, hacia Galicia y Barcelona, París;  Goya, de Zaragoza a Italia, Madrid, Andalucía y Burdeos; Manet, de Francia a la Puerta del Sol; Doré, viaje por España; Sorolla, a Nueva York, en cuyos museos ya estaba Goya; Fortuny, desde Reus a Granada, Sevilla, Marruecos e Italia, ahora en Madrid, en el Prado, y, de regreso de las Américas, Robert Ryan y John Fultón. Y muchos más. Hace unos días, en la Cope, 6 de diciembre, a las 12`30 de la mañana, hablaba Carlos Herrera con el cocinero Martín Berasategui de un aceite que el produce y emplea y que se llama “Aceite Martincho”. “Sí – manifestó el cocinero –, cómo el torero que dibujó Goya saltando con la garrocha”. No, don Martín: el torero que salta a la garrocha es el riojano Juanito Apiñani. Martincho, el favorito de don Francisco en sus grabados, está representado en un par de banderillas, en la estocada sentado en una silla, con grilletes en los tobillos y el sombrero como engaño a la puerta del chiquero y, también con grilletes tobilleros, el salto desde una mesa al llegar el toro a su jurisdicción. Tiene, además, un retrato al óleo del torero de Farasdués (Zaragoza) que está en el museo de Oslo. El cuadro de Van Gogh está en el Museo del Ermitage, en San Petersburgo, para mayor universalización del arte que se inspira a lo largo de los siglos en el toreo. Nueva York, Madrid, París, Moscú, Arles, Oslo, Bilbao, Sevilla, Pamplona, Málaga, Barcelona, Zaragoza …
Iba yo hacia la capital de España para asistir a la presentación de la Agenda Taurina de 2018 de Vidal Pérez Herrero y hablar de Manolete en mi décimo quinta colaboración con el ilustre castellano de la meseta. El acto se celebraba en las catacumbas del templo del Espíritu Santo, en la Sala de Antonio Bienvenida, uno de los profetas de la diócesis madrileña. Mucha gente taurina y buena representación francesa, desde el embajador en Madrid al alcalde de Arles y el responsable del circo taurino arlesiano. Sorprendente la aportación  de Diego Ramos con sus óleos y acuarelas sobre Manolete. Maravilloso el presente de Vidal para los colaboradores de la Agenda: la reproducción del cuadro del colombiano, en el que Camará le ata los machos a Manolete. Por delante en los parlamentos, los vecinos francos que hicieron profesión de fe taurina y promesa de mantener el esplendor de la corrida. Luego, mi turno. Manolete cumplía cien años un día antes del mes de julio de 2017 que don Álvaro Domecq, el mejor ganadero, el que mejor se sentaba en la silla de montar y al que en la negra fecha del 29 de agosto de 1947 correspondió el papel más ingrato. Una madre lloraba sin consuelo entre San Sebastián y Córdoba. ¿Quién te puso Angustias?
Yo no podía hablar de Manolete torero. La revista 6TOROS6 había publicado nueve números entre al 4 de julio y el 29 de agosto y un número especial y monográfico con el hilo conductor de Fernando García Bravo y las particulares opiniones de José Luis Ramón, director, y Alfonso Santiago, subdirector, Paco Delgado, Carmen de la Mata , Michael Wigram y el que esto firma porque tengo el privilegio de ser el único superviviente de la corrida del 12 de octubre de 1939, día de la confirmación de alternativa de Juanito Belmonte y el propio Manolete, de manos de Marcial Lalanda. Por delante, don Juan, a caballo. Y el navarro Fernando del Arco Izco, manoletista, bibliófilo, paciente recopilador de mil cuatrocientos poemas dedicados al tercer Califa torero en su “Parnaso Manoletista” (dos tomos) y editor de la revista “Caireles”, la única de índole torera publicada últimamente en Barcelona. La única y la postrera porque del Arco anuncia que este es su último esfuerzo editorial. Naturalmente, está dedicada a Manolete y colaboran Andrés Amorós,  Saíz de Valdivielso, Sotomayor, Salvador Arias, Díaz Murillo, Paco Laguna, Zumbiehl, Pedro Mari Azofra, Federico Arnás, Fernando Claramunt, Benlloch y Salvador Sánchez Marruedo, que es el único ser vivo que yo conozco que tiene una foto con Manuel Rodríguez. Bueno, recuerdo una foto de Julio Aparicio antes de iniciar su carrera de novillero, cuando andaba por la Fuente del Berro madrileña con su padre, novillero en su juventud, que no le daba la mano a nadie. Si alguien osaba estrechársela se la lavaba inmediatamente. Algunas rarezas tiene también su hijo, ya en la octava década de su vida. Tiene medio año menos que yo.
En mi intervención dije que Manolete toreó setenta corridas de toros en Barcelona y que su segunda plaza era Valencia, con treinta y cuatro, tercera Madrid, con veintiséis, pocas de ellas contratado por la empresa de Jardón, la mayoría benéficas, incluida la única de 1946, luego Sevilla, Zaragoza, Bilbao y México (El Toreo y La Monumental). En Córdoba, sólo trece. Ni siquiera la alternativa, que la tomó en Sevilla. ¿Qué la pasaba a Manolete con sus paisanos? Por cierto: el 14 del mes de noviembre pasado, el Ayuntamiento de Córdoba la concedió a Manuel Laureano Rodríguez Sánchez el título de Hijo Predilecto. Nunca es tarde si la dicha es buena. Según Ladislao Rodríguez, “Ladis” en sus fotos, hubo sus más y sus menos en la concesión. Discrepantes, dice “Ladis”, que con José María Portillo, presidente de la Peña “El Castoreño”, han organizado más de cuarenta actos en homenaje al torero más universal de todos los tiempos. Ese que, hoy, no podría sumar ni una sola actuación en Barcelona. Álvarez del Manzano apuntaló mi argumento y señaló que la culpa la tienen los taurinos, los empresarios, don Pedrito o sus hijos y arrendatarios.
Muchas cosas se podrían hacer. Por ejemplo, una noche de intelectuales en Lhardy para recordar aquella del mes de diciembre de 1944. El famoso restaurante sigue ahí, en la madrileña Carrera de San Jerónimo, junto a la Puerta del Sol y la “playa” de la calle Sevilla por la que se paseaban los toreros de Madrid y los que venían de otros lugares. Y “La Tropical”, “Riesgo”, “Las Cancelas” o “Marfil”. “El Gato Negro”, en la calle del Príncipe, cerca de  la plaza de Santa Ana, barrio de las letras donde hay más de cuatrocientos bares  y miles de jóvenes que no dejan vivir a los vecinos del lugar. Pese a todo esto, en ese hipotético acto de Lhardy podían intervenir intelectuales y poetas de hoy, la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, hija de Paco Narbona, periodista que colaboró en “El Ruedo” y dedicó un libro a Manolete y otro a Juan Belmonte, Rosa Montero, Premio Nacional de Literatura, hija del banderillero Pascual Montero, Mario Gas, hijo de una hermana de Mario Cabré y el bajo cantante y actor de cine Manuel Gas, Agustín Díaz Yánez, director de cine, hijo de Michelín, el extraordinario torero de plata que decía que le ponía un gancho a la punta de su capote para sujetar a los toros por el hocico, Fernando Sánchez Dragó, comunista “resucitado al séptimo año” y autor de “Gárgoris y Habidis”, “Una historia mágica de España” prologada por Gonzalo Torrente Ballester (1978), Jiménez Losantos, otro arrepentido, Carlos Herrera, sevillano recriado en Barcelona, bético y currista, Antonio Burgos, currista y bético, intelectuales y poetas demócratas que de tantos deseos que tienen de libertad han roto con la rima y el ritmo. Ahora los mayores poetas del mundo son Sabina y Leonard Cohen. En diciembre de 1944 fueron Agustín de Foxá y Gerardo Diego, Alameda, Aleixandre, Benítez Carrasco, Bergamín, Mario Cabré, Campmany, Carvajal Ramos, Duyos, Entrambasaguas, Federico Muelas, Quintero, León y Quiroga, mi dilecto Rafael Herrero Mingorance y muchos más

Al final del acto de la presentación de la Agenda de Vidal Pérez Herrero saludé a Santiago Martín “El Viti”, nos dimos un abrazo de crujir huesos y recordamos a José Luis González Peña, un traumatólogo del equipo del doctor Epeldegui que recuperó al de Vitigudino de la lesión del codo izquierdo que sufrió en Francia de novillero y a mí de las cinco fracturas del tobillo derecho que me rompí al patinar en moto en un charco de gasoil en la plaza de Castilla a mi regreso de una novillada en Colmenar Viejo, en donde había triunfado Agapito García “Serranito”. Grande el asturiano “Peñita”, que también recuperó a Manuel Benítez “El Cordobés” de una lesión en el bíceps del brazo derecho. Y grande Santiago Martín que superó aquel escollo y se sentó en el trono con Diego Puerta y Paco Camino. No fue fácil, no. ¡Qué bien me saben los recuerdos! También disfruté saludando a Ricardo Díaz Manresa, periodista, a Blanca de Pérez Herrero, señora de Cacabelos, Reino de León, y colaboradora de su esposo para llevar a buen puerto el acto de la presentación de la Agenda, a Muriel Feiner, que no paró de disparar su cámara fotográfica para fijar las escenas más significativos del acto, a César Palacios, con su rastrillo echo lápiz torero, a Juan Lamarca, alma y vida de la noticia y el sentir toreros y a Lázaro Carmona, con  el que hablé de Miguel Flores, poeta con duende gitano. “El Camborio”. ¿Pero era gitano Miguel? Sí lo es el hijo de Aparicio y la Malene, no lo es pero se siente Morante de la Puebla. A ambos les dio Miguel el primer empujón. Buena herencia nos dejó.

sábado, 18 de noviembre de 2017

JUNCAL Y TORERÍA


EN TIEMPOS CONVULSOS NO HACER MUDANZAS
BENJAMÍN BENTURA REMACHA

¡Qué tiempos aquellos! Había limpiabotas por las calles y Paco Rabal y El Brujo se juntaban en una tasca para hablar de toros. A Fernando Saturio García Terrel, durante muchos años presidente de la plaza de toros de Zaragoza, se le ocurrió fundar en la Casa de Andalucía de la capital de Aragón una tertulia taurina con el nombre de El Mentidero, sitio o lugar donde se junta para conversar la gente ociosa, dice la Academia. Yo suprimiría el adjetivo de ociosa. La conversación es benéfica para todos los hombres (y las mujeres aunque para mí el genérico siga vigente y me parezca inútil insistir en lo de todos y todas, puesto que de esto no depende el trato justo y respetuoso del hombre a la mujer).   Hay un lugar  en Zaragoza en donde todavía se habla de toros. Ese lugar se llama El Mentidero, se localiza en la Casa de Andalucía y su alma es un hombre que durante muchos años actuó como delegado de la autoridad y presidente de la plaza de toros de don Ramón Pignatelli. Se trata, repito, de Fernando Saturio Garcia Terrel y señalo su segundo nombre, el de Saturio, porque nos aclara que el señor es soriano y émulo del hermano del poeta Manuel Machado que llevó a Soria todas las esencias de su sentir andaluz, como García Terrel las ha traído hasta Zaragoza y pelea gallardamente por la continuidad de nuestras tradiciones y devociones. La devoción al toro puede adquirirse por nacimiento o por curiosidad. Quizá sea más fervorosa esta última  porque nace de la propia voluntad aunque tenga que reconocer que a mí me la inocularon en la propia cuna, allá por Magallón, lugar donde yo nací el año 31 del siglo XX. Unos meses después me llevaron a vivir a Madrid, donde mi padre había entrado a trabajar en El Debate, el diario matutino que dirigía don Ángel Herrera Oria, años después arzobispo de Málaga. En  El Debate mi padre entró en la sección de Sucesos y escribió sus primeras crónicas taurinas desde Carabanchel, la misma plaza en la que yo inicié mi incursión en este campo dieciocho años después. Mi herencia. Mi padre participó en la fundación de EL Ruedo como revista semanal después de haber sido sección  del diario Marca, pasó también por Pueblo y la Agencia Logos, dirigió durante nuestra guerra el diario Hoy de Badajoz y fundó varias revistas, entre ellas, Meridiano y la colección de Biblioteca Teatral, donde brillaron Pedro Muñoz Seca, Arniches, los Quintero, los Paso y Jardiel Poncela. Una vida dedicada el periodismo, los toros y el teatro. Su caricatura era una de las muchas que adornaban las paredes del café Castilla. A mí me obligó a rematar la carrera de Derecho antes de permitirme explorar el periodismo taurino. Y de esa exploración y ante la dificultad de entrar en un medio informativo sin tener que contribuir a sus beneficios vino la idea de fundar Fiesta Española en 1961, buena oportunidad para hacerle la competencia a Dígame y El Ruedo, con la aparición en las arenas de Diego Puerta, Paco Camino y El Viti en competición con los ya consagrados cómo Ordóñez, Luis Miguel, Antonio Bienvenida, Rafael Ortega, Manolo Vázquez o Antoñete y la explosiva aparición de Manuel Benítez El Cordobés, que atraía lectores críticos con sus maneras y partidarios de hueso colorado que llegaban a utilizar las páginas de Fiesta como papel higiénico y nos las enviaban a la redacción por correo. Esos años, los 60 del siglo pasado, fueron brillantes y entretenidos por estos y otros muchos personajes, Miguelín, Mondeño, Ostos, Chamaco, Curro Romero en su medido caminar hasta el nuevo siglo, Ruiz Miguel gracias a las alimañas de don Victorino, a las que también agradeció sus favores el paleto de Villalpando. Rafael de Paula estaba escondido por los rincones andaluces. Y, para mayor gloria del toreo, el sacrificio de Paquirri y Yiyo, Pozoblanco y Colmenar, y la tremenda sorpresa de la muerte de don Antonio por el atropello de una utrera de Amelia Pérez Tabernero, estos tristes acontecimientos, ya en la década de los 70, cuando había desaparecido Fiesta Española y yo desarrollaba mi vocación periodística en las páginas del diario El Alcazar, desde la diagramación al cierre, los reportajes, las entrevistas, la jefatura de la sección de Nacional, las crónicas de los secuestros de ETA, la composición en linotipias, los ajustes en las platinas o las tejas para las rotativas. Fueron los 70 mi década más periodística que prolongué como redactor-jefe de Aragón exprés y mis casi veinte años en la Diputación de Zaragoza, en los que tuve la suerte de colaborar en la restauración de la plaza de toros que construyera en 1764 don Ramón Pignatelli, labor continuada hasta conseguir que Zaragoza sea la más cómoda de las viejas plazas  de toros y la primera cubierta de las de España. También tengo la satisfacción de haber llevado a sus tendidos la figura de don Francisco Goya, el más grande y prolijo, segunda acepción, cuidadoso o esmerado, de los divulgadores de la fiesta de los toros. Resucité la revista El Chiquero en el vespertino Aragón exprés, colaboré en Hoja del Lunes de Zaragoza, El Día, Diario 16, el Anuario de la Asociación de la Prensa de Madrid que se publicaba para apoyar su corrida, la de la Prensa, y, desde 2004 hasta hoy, en la Agenda Taurina de Vidal Pérez Herrero, en la revista Caireles de Barcelona y en múltiples publicaciones de la Diputación de Zaragoza, programas de las Ferias del Pilar , catálogos de exposiciones de las que fui comisario y grandes obras sobre Goya y las vicisitudes de la Tauromaquia aragonesa y la historia de las plazas de toros de Zaragoza, Ejea de los Caballeros, Tarazona y Gallur. Y de lo que presumo con orgullo de gozno del ganadero más destacado de la cabaña ejeana del siglo XVIII, don Diego Bentura, primero de los Bentura nacidos en la actual capital de Cinco Villas. Mi libro Casta Brava Aragonesa es el mejor y el peor de los libros escritos sobre nuestra ganadería. No hay otro.   
Todo lo relatado hasta ahora lo he contado para justificar que en la Casa de Andalucía, el pasado día 11 de noviembre, me concedieron el premio a mi ejecutoria profesional, acto en el que yo intervine para agradecer la distinción y, sobre todo,  señalar mi vinculación con el resto de los premiados en este acto. Cómo decía José Luis Pecker en unos cursos de periodismo que nos dio hace años el Ejercito del Aire, los que hablamos en público somos cómo los polvorones, si nos quitan los papeles nos deshacemos. Yo llevaba unos papeles, pero no me atreví a sacarlos. En esos papeles tenía apuntado que la Casa de Andalucía está situada en la calle de Julio García Condoy, pintor y hermano del escultor Honorio García Condoy, ambos hijos de Eliseo García Martínez, profesor de la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza y autor del Ecce Homo del Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia que la aficionada de Borja convirtió en la caricatura de Paquirrín, el hijo de la Pantoja, que en lo físico siguió la estela materna. Igualico que su abuela. Buenos pintores el padre y el hijo, Eliseo y Julio, Honorio excelente escultor, a mi entender, el segundo del arte del modelado aragonés, tras Pablo Gargallo. El segundo apellido de los hijos de don Eliseo era Condón y lo convirtieron en Condoy para evitar bromas de mal gusto. Ahí, en esa Casa de Andalucía, manifiesta sus inquietudes toreras don Fernando Saturio, que ha sumado a su equipo dos lugartenientes exquisitos, José Manuel Valero Soriano y José Ramón Bonilla. Valero montó el gran programa tras el buen yantar. Un recuerdo a las gentes del toro desaparecidas: Fandiño, Dámaso González, Palomo Linares, Gregorio Sánchez, Manolo Cortes, el mexicano Miguel Armillita, el mítico ganadero Victorino y Pepe Cerdán (José Cerdán Lasanta), el corralero de la plaza de toros de Zaragoza, que el día de la alternativa de Luis Francisco Esplá, 23 de mayo de 1976, sufrió una grave cornada a astas de un toro de Manuel Benítez devuelto a los corrales. Paco Camino era el maestro de la ceremonia y Niño de la Capea, el testigo. Buen cartel. Valero Soriano cantó las excelencias de Serafín Marín, juncal figura y torería con  barretina, Bonilla ensalzó la tarea de la asociación  Mar de Nubes, enseñar a los niños que quieren jugar al toro y practicar con los aficionados a este arte, y Fernando García Terrel me sacó los colores de esta historia mía que nace en la cómoda supervivencia de una heredada afición. A Serafín Marín le recordé que la primera entrevista que hice en mi vida fue a un torero catalán, Mario Cabré, al novillero Jorge Isiegas, revelación de la torería aragonesa, que su abuelo Octavio fue en los años 40 y 50 del siglo pasado un  novillero muy activo aunque no recuerdo que diera al paso decisivo, me congratulé del poético Mar de Nubes y que el primero que contemplé en mi vida antes de montar en un avión lo presencie en el Moncayo, desde la Peña del Cucharón, encima de donde estaba la residencia del obispado de Tarazona. Antes de cenar había que rezar el Rosario. El novillero Miguel Cuartero es el alma de tan curioso empeño: toreo de salón para los niños y tentaderos para los aficionados prácticos. Y rematé mi parlamento con mi especial agradecimiento a García Terrel porque su hija Beatriz ha sido dos años profesora  de mi nieta Blanca. En mis  nietos fundamento todas las ilusiones de futuro.

Nota buena: He leído en Heraldo que la Diputación de Zaragoza no  ha concedido la prórroga del contrato de arrendamiento de su plaza de toros  a la empresa de Simón Casas y Cia porque los propios empresarios han confesado que han aumentado los abonos, la cifra de asistente a los festejos de la Feria del Pilar y se había superado la complicada situación en la que dejó la plaza el empresario anterior, Serolo. Uno, en su inocencia, deducía que esas eran poderosas razones para prorrogar a la empresa autora de esa buena gestión. Al parecer, la Diputación ha pensado que es el momento de aumentar sus beneficios con un nuevo contrato de arrendamiento. ¿Hay moros en la costa? ¿No hubiera sido preferible el consolidar las mejoras contempladas? Recuerdo la decisión de hace unos años de aplicar a la explotación de la plaza una gestión directa y todavía no se han divulgado los negativos resultados de aquella gestión. Creo que fue Napoleón el que recomendó no hacer mudanzas cuando las cosas están complicadas y el toro está en un tiempo convulso. Simón Casas ha acertado en muchas cosas y, ante todo, en la publicidad del espectáculo. Elemental, amigo, Watson.  






miércoles, 8 de noviembre de 2017

LA ÚLTIMA FERIA



VUELVE MORANTE

La última Feria y la última letra del abecedario: Zaragoza. Pero tenemos una larga historia. Somos, con Pamplona,  las dos ciudades en las que se conserva la advocación festiva, San Fermín y la Virgen del Pilar, y la celebración taurina. Fiesta y toros. Fiesta española. En unos días en los que la bandera de España luce en los balcones y ventanas de muchos edificios de la Patria, bueno será, sin coger el rábano por las hojas, afirmar que los enemigos de esa España nuestra quieren acabar con su Fiesta porque nos representa física y metafóricamente. El toro de la carretera. Domingo, 8 de octubre de 2017, a los pies de la estatua de Agustina de Aragón, nacida en Cataluña  y fallecida en Ceuta, el grupo de anti-taurinos de todos los años nos insultaba a los que accedíamos al coso de Pignatelli. Nos llamaban asesinos con el puño izquierdo en alto. Los hijos de Stalín, ejemplo de demócrata dialogador. Lo dijo Salvador Dalí en el Ateneo madrileño: “Picasso es comunista. Yo tampoco”. A los pies de la estatua de Agustina Raimunda María Zaragoza Domenech, que de Aragón tenía solo el apellido, el de Zaragoza, puesto que nació en Reus, 1786, y murió en Ceuta, 1857. Reus está cerca Salou, playa aragonesa por asistencia, y en Reus nacieron Mariano Fortuny, pintor de batallas marroquíes, patios andaluces y plazas de toros, y Ceferino Olivé i Cabré, el mejor acuarelista, a mi modo de ver. Sus trenes entrando en la estación de Reus me recuerdan al tren que llevó a Madrid al padre de Manolo Caracol, mozo de espadas de Joselito, y a su cuadrilla y, ya en la estación de Delicias, al pasar junto a la locomotora, esta lanzó una nube de humo blanco con un ruido de explosión: “Esos cataplines pa Despeñaperros”. En fin, junto a la iglesia de El Portillo, junto al monumento de Agustina de Aragón, todos los años se reúnen un centenar de individuos que nos insultan y nos prometen que nos cerraran las puertas del coso de don Ramón de Pignatelli. Paciencia. Y a Zaragoza vienen todos los años unos cuantos catalanes, cómo nosotros íbamos antes a Biarritz o Hendaya a ver la película de Marlón Brando o a comprar los libros del “Ruedo Ibérico”.
Me ha sorprendido gratamente la noticia de que Manuel Lozano, el mayor de los hermanos de la saga de la Alameda toledana, verso suelto en su canto torero, anuncie que va a apoderar el año que viene a Morante de la Puebla. El mayor de los Lozano Martín, descendientes de Manuel Martín Alonso, que compró la ganadería de Veragua en 1927 y se la vendió a Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio tres años después, ha sido durante muchos temporadas un apoderado independiente y un empresario de plazas cómo Segovia o Tánger. En esta quiso contratar a Manuel Benítez para una corrida y este le puso cómo condición el darle la alternativa. Así ocurrió el 4 de octubre de 1970, con la participación de Gabriel de la Casa, hijo de Morenito de Talavera. Fue presentación y despedida puesto que no volvió a participar en ninguna otra corrida de toros. Pero el Lozano solitario es un hombre peculiar y recuerdo que en los años 60 del siglo pasado me contaba un sueño que había tenido y en el que se presentaba como apoderado de su padrino de alternativa. Se había construido en Alameda de la Sagra un palacete con una piscina climatizada con teléfono en la orilla y una rubia encantadora que cogía las llamadas. ¿Quiénes llamaban? Pedro Balañá, Pablo Chopera, don Livinio en nombre de Jardón, Canorea, Barceló y Jumillano. “Don Manuel no se puede poner porque está nadando”. Cien veces la misma respuesta. Me recordaba la anécdota de Ortega y Gasset cuando alguien fue a visitarlo en su casa y la doncella le dijo “Don José no está; está pensando”. Manuel Lozano no fue nunca apoderado de El Cordobés, pero bueno será que una persona como él acompañe este año que viene a Morante de la Puebla en su andar pausado por los ruedos de España. Estos toreros no se pueden ir nunca.
Ya habrán leído el feliz remate de la temporada de 2017 con el recuerdo a hitos destacados a lo largo de su desarrollo en las distintas plazas de España excepto Cataluña y Canarias aunque también sean españolas. Desde Francia hemos recibido cumplida noticia de todo lo acontecido y un placer de aficionado recordar Sevilla, Madrid, Bilbao, Santander, Arles, Nimes, Granada, Málaga o Zaragoza, Ponce, Bautista, Pepe Luis, Manzanares, Talavante, Perera, Castella, Ginés, Garrido o Roca Rey. Mucho y bueno que contar. Pero hay una cosa que a mí me quita el sueño: el primer tercio. Con motivo de los aniversarios del nacimiento y la muerte de Manolete se ha hablado largo y tendido de las corridas de su tiempo, de la lidia de utreros y del escaso trapío de lo que entonces se lidiaba y rara era la corrida no soportara más de veinticinco puyazos y hasta más de treinta, en un tiempo en el que la puya era de limoncillo y El Pimpi, picador en la cuadrilla del cordobés y con un brazo de acero, le metía al toro las cuerdas y dos palmos de la vara. ¿Ahora?  Una docena de puyazos por imperativo reglamentario y a los picadores se les ovaciona cuando levantan el palo o disimulan con la suerte “de la fregona”. ¿Remedio? El peto anatómico que dé opción al toro a romanear a caballo y jinete y poder pelear en igualdad de fuerzas. Sé que esta propuesta no gustará a los picadores, pero, si la situación actual se agudiza, pronto serán picadores todos los que se puedan subir a un caballo y hasta es posible que se recorten las cuadrillas para disminuir gastos. Hay quién ha apuntado que a los picadores les cuesta más vestirse que picar a un toro. Mi pensamiento está lejos de desear mayor riesgo a los de a caballo, pero lo cierto es que sin riesgo el toreo se diluye, se volatiliza, se esfuma. No quiero llegar a lo de antaño porque el público de hoy no aguantaría tanta víctima equina. Tampoco la cabaña caballar. ¿Y los animalistas? Todo necesita de un equilibrio: el toro, el caballo, el picador, los banderilleros, el matador. Dinamizar con las mayores garantías una suerte que es fundamental para medir la bravura del toro, la eficacia del castigo y el mérito de la lidia que en su primera acepción significa batallar y pelear. Batallar y pelear con arte. Eso es torear. Y en la suerte de picar también cuenta el arte. Se hizo famoso el pareado de Joselito a su picador: “Camero, pica delantero”. Hoy habría que decírselo a la mayoría de los que utilizan la vara larga. El punto idóneo es muy pequeño y adelante o atrás las lesiones son graves y afectan a la movilidad de los toros. Picar bien es un arte y una ciencia. Como la acupuntura.¿ Habrá que buscar piqueros en China o Japón? Pinchar en su sitio.   


jueves, 28 de septiembre de 2017

ARTE, MUCHO ARTE …Y REFLEXIONES


El pasado 23 de septiembre, pocos días después de mi paso del ecuador octogenario, me encontré con el regalo sorprendente e inesperado de una foto a toda página de Manolo Cortés y el texto de Gonzalo I. Bienvenida, nieto de don Antonio y compañero en ilusiones toreras de Pepe Luis Vázquez, nieto de don Pepe Luis, y creo que coincidentes también en andanzas periodísticas. Vi la foto y, al instante, dirigí la mirada hacia la firma del fotógrafo de tan maravilloso documento: Arjona. Pepe Arjona, el mejor de los de antes de la cámaras con motor o digitales. Se trataba de una página del diario “El Mundo” que relataba el homenaje que le había ofrecido en Sevilla, en el Hotel Colón, al diestro de Gines por parte de Pepe Luis hijo, Emilio Muñoz, Espartaco, Fernando Cepeda y Dávila Miura, matadores de toros, y Zabala de la Serna y Carlos Crivell, cómo moderadores del acto. Me quedé largo tiempo contemplando la foto sin pasar a la información. El pie decía: “Una escultural verónica de Manolo Cortés sobre el albero de la Maestranza”. ¡Una escultura! Y era cierto: una escultura. Ya Ignacio Pablo Lozano, el hijo y sobrino de los Lozano de la Sagra toledana, convirtió en escultura una foto de Arjona de Antonio Ordóñez en un lance con la rodilla en tierra, ¿podría convertir este documento en otra escultura? Es pura armonía, placidez, ensueño y belleza. Sin exageraciones, con ritmo y con templanza, un poco adelantado el pie derecho, apenas sujeto el capote con la mano del mismo lado, el toro humillando, asomando la mazorca de su cuerno izquierdo por el corto vuelo del capote y el público absorto en la contemplación de la prodigiosa verónica interpretada por ese gran artista que fue Manolo Cortes. Merecía el lance esas músicas al modo de las dianas mexicanas que escuché recientemente en Arles en lances sueltos o pares de banderillas en la corrida llamada goyesca pero más bien picassiana o dedicada a la pintura Naif de Alberti. Una gran tarde de Juan Bautista, que repitió en Logroño con el toro “Verdadero” de Victorino Martín, a quién el propio ganadero negó el indulto porque dijo que no le había parecido merecedor de tal premio, quizás porque le faltó fuerza, casta brava. ¿Noble? Nobilísimo y bien toreado.
Es el fallo que veo yo en la fiesta de nuestros días. Una corrida de los tiempos de Manolete aguantaba treinta puyazos con la puya de arandela y “El Pimpi” les metía a los toros las cuerdas, la arandela y un palmo de la vara. Hasta a los de Galapagar les falta eso, fuerzas. He visto este verano grandes cosas de arte a Ponce en Bilbao y  Málaga, a Curro Díaz con un  victorino, Ginés Marín, a Ferrera en Pamplona, al propio Bautista que es el rival de Manzanares en la ejecución de la suerte suprema, a Roca Rey en Ejea de los Caballeros, con permiso, en dos toros de Bañuelos, el valor de Colombo, matador de toros en Zaragoza con el mexicano Valadez, a Castella o Cayetano. Mucho toreo, poco toro. En los lugares en los que es obligatorio poner a los toros dos veces al caballo, la segunda puya suele ser simulada.

Es necesario para el futuro de la fiesta recobrar la emoción. Y esto no quiere decir que pretenda que los toreros sufran más cornadas. Lejos de mi pensamiento tal cosa. Cómo no pretendo que los picadores estén expuestos a más peligro, pero llegará el momento en que, para disminuir gastos, con un solo varilarguero se pique toda una corrida. Y casta hay para recuperar ese toro de los años 30 del siglo pasado. Está Ana Romero y sus santacolomas, Alvaro Domecq con lo que creó su padre y él mantiene, un toro suyo, en Ejea de los Caballeros, otra vez con permiso, puso en evidencia al de la bandera pirata, los núñez de Alcurrucen, los jandillas de Fuente Ymbro, los saltillos y santacolomas de Cuadri y algunos más, sin tener que acudir a los antiguos Palhas de horror, terror y furor de los carteles de otros tiempos. La puya, el peto. Hace años que propuse el peto anatómico de materiales ligeros pero impenetrables por balas y pitones. Algunos me declararon “enemigo público”. No era así entonces y no lo es ahora. Había toreros y hay toreros consagrados y promesas ciertas. No hace falta citar a Ponce, el torero que ha roto todas las estadísticas, Morante aunque se haya acurrucado en su rincón a filosofar, El Juli, pura dedicación , a Manzanares, el hijo de su padre, as de espadas en el dique seco para volver a navegar, a Castella, el gallo de oro, a Perera siempre de la mano de Cepeda, Talavante, el improvisador, Cayetano, la casta de todas las castas que en el toreo han sido, Paquirri, los Ordóñez y los Dominguín , la madurez de Ferrera y mi debilidad gitana, Curro Díaz, Urdiales, Pepe Moral, Pérez Mota, Paulita o los Adámez. En efervescencia, Roca Rey y Ginés Marín. Y me han dicho que Pablo Aguado, que acaba de recibir la alternativa en Sevilla, es de los que me va a gustar. He visto alguna foto y he notado su pellizco. Desde chico me he fijado mucho en las fotos de los toreros, mejor de frente que de espaldas, la chaquetilla sin desbocarse, bien puesta la faja, sin quitarse las zapatillas, la taleguilla sin arrugas, el instante, la naturalidad, ese pellizco fotográfico que te daba la instantánea de Arjona, don José. Hubo muchos buenos fotógrafos desde los tiempos de las placas en los cajones oscuros. Ese premio internacional a Cervera por la foto de Toledo, una caída de picador, luego las películas de paso universal de Cuevas, de Jesús, “el chato Rodríguez”, Santos Yubero en Madrid, Sebastián de Barcelona, Cerdá de Valencia, Marín Chivite en Zaragoza, Mateo por los pueblos de Madrid y la factoría de los Botán. Uno de Calatayud desde los años 80 del siglo pasado, Carlos Moncín, tiene su sitio privilegiado. Las docenas de “estampitas” que encargaban los toreros para regalarlas a sus admiradores y el centenario Canito que se colocó su gorra  blanca y recorrió todos los callejones de España. Hay estudios doctos y justos sobre la importancia de la fotografía en los toros. La importancia de la imagen frente a la palabra. La técnica moderna facilita el logro de una buena imagen. Pero ¿quién es el que mejora lo que Arjona plasmó hace años con Manolo Cortés de protagonista? Y con unos cuantos más que comulgaban con el arte. ¿Recuerdan ustedes la foto de Pepe Luis del “el cartucho de pescao” en la mano izquierda, el toro en primer término y el anuncio del “Tío Pepe” como telón de fondo? Estábamos en Jerez de la Frontera, que tampoco es mal lugar para saborear el arte. Desde allí vinieron los toros de don Álvaro. 

sábado, 23 de septiembre de 2017

MANOLETE EN ARAGÓN


VEINTICUATRO FESTEJOS (VEINTE EN ZARAGOZA), DIECISIETE OREJAS Y DOS RABOS Y NINGUNA LESIÓN
De las 46 novilladas que toreó, 21 fueron en Córdoba
LARGO CAMINO HASTA EL TRIUNFO FINAL


En realidad, más que en Aragón, en Zaragoza, porque Manuel Rodríguez Sánchez hizo veinte paseíllos en el coso de Pignatelli, dos en Huesca y sendos en Teruel y Calatayud. Lo curioso es que en Zaragoza también actuó en una novillada con caballos y que, junto a la plaza zaragozana, Manolete novillero con picadores solo toreó fuera de Andalucía en Tetuán de las Victorias, barrio madrileño, y en Salamanca, dos tardes en cada una de estas plazas . Veintiuna en su ciudad natal. Sin caballos es extraño pero explicable que vistiera su primer traje de luces en Arlés y que también lo hiciera en Nimes, sus dos únicas actuaciones en plazas francesas, en las que no volvió a hacer el paseíllo como matador de toros. También lo hizo en Barcelona sin caballos, siempre integrado en el espectáculo cómico-taurino de Los Califas, todo ello condicionado por las dos guerras, la de España y la Mundial. La de España porque su carrera novilleril se desarrolló desde su presentación en Tetuán de las Vitorias el 1 de mayo de 1935 y su repetición en la misma plaza el día 5 del mismo mes, en ambas con la compañía de Silverio Pérez, el mexicano que iba a ser años después su compañero de cartel en la inauguración de la Monumental de México. Fueron Barcelona (setenta) y Valencia (treinta y cuatro) las plazas de su preferencia. En Madrid, veintiséis, casi todas benéficas y muy pocas con la empresa de Jardón y Escanciano. Apenas se había inventado la Feria de San Isidro de don Livinio. Veinte corridas en Sevilla y diecinueve en Zaragoza más la novillada de 1938. Luego Bilbao y México, El Toreo y la Monumental.
La novillada de Zaragoza tuvo lugar el 3 de julio de 1938 con novillos de Concha y Sierra y el aragonés Paco Bernad y el hijo de Juan Belmonte, que sería, al año siguiente, en Madrid, compañero del cartel de la confirmación de alternativa. El médico Antonio Martín Ruiz, que hacia la sección taurina de “El Noticiero” con el seudónimo de Cantares, dijo del novillero cordobés: “Muy bueno dicen que es este torero de Córdoba. Pero lo que vimos el domingo fue un muchacho poco desenvuelto, inseguro, frío, que al final se pasó al toro muy cerca, pero con muy poca alegría. Realmente no vimos más y no concuerda con lo otro. En su primer novillo, sobre todo la sosería, la inseguridad y la poca soltura fueron manifiestas. Tanto es así que se oyeron siseos. En su segundo, último de la tarde, fue en el que demostró el de Córdoba algo de valentía, pero siempre con soseria y frialdad”. En total, cuarenta y seis novilladas, cuarente y una en Andalucía, cinco más allá de sus fronteras y siete festivales, todos en plazas andaluzas, la mayoría de novilladas en Córdoba, en donde sólo sumó trece corridas de toros desde su alternativa en Sevilla el 2 de julio de 1939, con toros de Tassara, Chicuelo, padrino, y Rafael Vega de los Reyes, testigo. Éxitos en El Puerto, Barcelona y confirmación en Madrid el día 12 de octubre de ese mismo año y, al día siguiente, primera corrida en El Pilar porque por aquel entonces no había festejo taurino en el día de la Virgen. Dos corridas, la primera de Carmen de Federico y la segunda de Miura, que sustituían a ocho “cucarachas” de don Graciliano, “los miuras salmantinos”,  y seis de Sánchez Cobaleda y que “obligaron a Eduardo Pagés y Nicanor Villa, empresarios, a buscar reses más aparentes en los campos andaluces para que los diestros no tuvieran que sustituir la espada de templado acero por el uso de un simple insecticida”. Tampoco se arregló la cosa al año siguiente en la corrida del 12 de mayo, con toros de Clairac y Luis Gómez “El Estudiante” y Jaime Pericas y significativa ausencia en la feria de octubre. Al año siguiente, 1941, se invirtió su costumbre de cada año y no estuvo en Zaragoza por Pascua y sí vino a dos corridas en la Feria, una el 14 de octubre con Rafael Ponce “Rafaelillo” y Rafael Ortega “Gallito”, con toros de Juan Cobaleda y Galache, y la segunda el día 16, con toros de Atanasio, Nicanor Villalta y la repetición del hijo de “El Cuco” y la hermana de los Gallo. Y en esta ocasión cortó la primera oreja en el coso de Pignatelli y en los ruedos aragoneses porque hasta entonces no había actuado en ninguna otra plaza de la región. Un paso atrás al año siguiente en la consideración de la crítica y el público zaragozano en la corrida del 5 de abril, Pascua Florida, en la que toreó con Pepe Luis Vázquez y Manuel Álvarez “El Andaluz” y toros de Concha y Sierra. Esto decía don Ramón de la Cadena “Don Indalecio”: “Una mala tarde que, naturalmente, hallará su desquite cualquier día. A lo mejor cuando haga calor se le calentará la sangre”. Y añadía: “De la corrida de ayer quede para la posteridad el nombre de un torerito fino y menudo, pletórico de gracia andaluza. Anótense ustedes el nombre porque a lo mejor se hace un hueco en el toreo. ¡Se llama Pepe Luis Vázquez!”. Fue el de San Bernardo el diestro que más paseíllos hizo con Manolete, 135, ocho en novilladas y siete en festivales. El siguiente fue Juanito Belmonte, 128, y los terceros, Domingo Ortega y Pepe Bienvenida, empate a 79 festejos. Ninguno de ellos pudo ser su rival. Ni Marcial, Silverio Pérez, Carlos Arruza, “El Andaluz”, “El Estudiante”, Pepín o Luis Miguel. Estos dos últimos llegaron un poco tarde. A Pepín Martín Vázquez lo destrozó un toro en Valdepeñas. A Pepe Luis, no le hace falta apellido, dicen que la cornada de espejo de Santander. ¿A Manolete? Más de treinta cogidas, ninguna en arenas de Aragón.
Sin embargo, una cornada en Madrid el 27 de septiembre de 1942 le impidió hacer los tres paseíllos que tenía contratados en la Feria del Pilar de aquel año. Volvió a Zaragoza en primavera, a su corrida de Pascua, y muy poca historia de lo sucedido el 5 de abril de 1943. “Don Indalecio” resumió la actuación del  de Córdoba: “Salven ustedes la voltereta, abonen sus señorías la buena voluntad en determinados e infrecuentes momentos y de Manolete el bueno no vimos ayer en el ruedo ni el canto de una uña. En fin, esperemos al Pilar a ver si entonces salen los cabezudos”.
El marqués de La Cadena se fue a Pamplona a ver el enfrentamiento de Pepe Luis y Manolete y concluyó que “el duelo quedó en tablas”. Días después vino lo cornada en la cara del diestro sevillano, el bache consiguiente y la marcha arrolladora del cordobés. “Don Indalecio” le escribió una postal por cada corrida a un tal Pérez que consideraba buen aficionado y manoletista. Fueron tres corridas los días 14, 15 y 17 de octubre, en las dos primeras en buena lid con Pepe Luis y en la última en la despedida de Nicanor Villalta y esto fue lo que le dijo al tal Pérez “Don Indalecio”:Manolete tuvo una tarde acertada. De buen torero. No fue tarde del “Monstruo”, que para eso no salieron sus toros… pero bien ganada estuvo la oreja del final de la feria”. Era la cuarta que cortaba en ese ciclo. Se acercaba a la apoteosis. 1944. Dos corridas a principio de temporada, la de Pascua, 9 de abril, y la de Beneficencia, 21 de mayo. Nada destacable. Pero llegó el 14 y 15 de octubre y cada tarde recibió el premio de tres orejas y un rabo de los toros de Atanasio y Galache, mientras que el día 17 de ese mes se conformó con una oreja de un toro de AP.
“Don Indalecio”: “Tan bueno, tan grande este Manolete, que, en la segunda corrida del Pilar de 1944, tuvo una actuación que alcanza la categoría de gloriosa entre las efemérides de la plaza de Zaragoza, desde aquí – 14 de octubre – hasta la consumación de los siglos. Dicho y rubricado”.  
El comienzo de la temporada de 1945 no fue lo brillante que había sido la Feria del año anterior y eso que el 1 de abril se anunció una corrida en la que volvía Manolo Rodríguez junto a Carlos Arruza, el “Ciclón Mexicano”, su penúltimo rival, quienes con Luis Gómez “El Estudiante” iban a lidiar una corrida del Marqués de Villamarta. Decepción. Antonio Valencia, que después se pasó al balompié, decía en “El Ruedo” que “El Estudiante” se esfumó, Manolete se salvó a duras penas y Arruza se hundió. En la Feria del Pilar de ese año, Manolete cortó una oreja en la corrida de Atanasio, fue negativa la de Antonio Pérez de San Fernando y obtuvo otro trofeo en la de los toros de Galache, su última actuación en Zaragoza. Se decía que después del festejo del día 15 había manifestado que no volvería a torear en el coso de Pignatelli. Y así fue. En 1946 solo toreó en España la corrida de la Beneficencia de Madrid, en la que entró a la fuerza Luis Miguel porque quería competir con Manolete. Lo consiguió en 1947 hasta llegar a Linares el 28 de agosto. ¿Iba a actuar en la Feria del Pilar de ese año? Se decía también que a final de temporada decidiría su retirada definitiva. ¿En Zaragoza como sus paisanos Lagartijo y Guerrita, antecesores con Machaquito en el Califato torero? Es posible.
Manolete toreó también en Teruel el 31 de mayo de 1943, dos orejas, en Huesca, el 10 de agosto de ese mismo año, en Calatayud el 9 de septiembre de 1944 con el hecho insólito de que se devolvió el sexto toro de Muriel por cojo, le sustituyó un toro de Bernardo Escudero tan manso que fue rechazado y volvió a salir el titular que ya cojeo mucho menos. La última corrida en Aragón, en Huesca, el 11 de agosto del fatídico 1947, oreja. Diecisiete orejas y dos rabos, los trofeos conseguidos por Manuel Rodríguez Sánchez en las plazas aragonesas. ¿El final? Cómo dijo Lagartijo ante el cadáver de Frascuelo: “Tanta lucha para esto”.

 Curiosidad: Manolete toreó un festival en Lima el 2 de noviembre de 1945, en el que también actuó el aficionado limeño Tuco Roca Rey. De casta le viene al galgo.

UNA CARMEN QUE PODÍA SER FELISA


Estamos en tiempos en los que las transgresiones de la Ley o el Lenguaje, con mayúsculas, son manifestaciones de la libertad del pensamiento o la forma de expresarse de todas y todos. Democracia pura. Y llegamos a los toros y la incoherencia de la lidia del toro sin sangre, a lo balear copiado de lo portugués, se convierte en el balet sin cigarreras ni toreros en la  versión de “Carmen” de Próspero Merimée, a la que puso música Bizet. Entonces no es la “Carmen” de Marimée y se podía titular “Felisa” o “Eulalia”. Como si a Otelo le quitamos los celos o a Hamlet las dudas. Entonces no se apoye usted en la fama de la “Carmen” y lárguese con viento fresco a los sones de la “Marcha del Toreador”, señor Ullate.
Todas estas cosas me tienen perplejo y anonadado porque no sé si esto tiene arreglo y si la Fiesta llamada Española nos va a supervivir. A mí me va a supervivir seguro porque un día de estos paso el ecuador de los ochenta, pero ¿qué pasará después? En Ejea de los Caballeros, en donde estoy estos días, lugar importante para la ganadería brava en el siglo XVIII, se han celebrado las fiestas en honor de la Virgen de la Oliva, que es celebración que se  ha adornado siempre con toros, ya sea en su vertiente popular con toda clase de manifestaciones toreras que tuvo a bien relatarlas don Francisco en su profusa divulgación taurina y luego con corridas de toros o novilladas cómo diseñó el primer triunvirato de nuestra historia, Romero, “Costillares” y “Pepe-Hillo”, aconsejados por el de Fuendetodos, que marcó sus perfiles ceremoniales en la corrida de la Coronación de Carlos IV en 1789 (Revolución Francesa), Plaza Mayor de Madrid, y en la que se lidiaron diez toros de don Francisco Bentura, hermano de Diego Bentura, padre de mi tatarabuelo y primer ejeano de la familia, ganadero con divisa encarnada en la plaza de Madrid, junto a la Puerta de Alcalá. Estuvo asimismo en la inauguración de la plaza de Zaragoza (1764) y en los sanfermines de Pamplona, Plaza del Castillo. Y no era al único ganadero de bravo en Las Cinco Villas de Aragón. Más de cien toros hacían el trayecto entre Ejea y el paraje del Jarama, también lo pinto Goyya a lo Venta del Batán moderna, para lidiar en la Puerta de Alcalá.
Ejea, por tanto, tiene solera taurina y por ello organiza todos los años una feria que ya entra en el calendario nacional de festejos taurinos. Somos dieciséis mil habitantes y unos tres mil van a los toros. Más que en Madrid, Sevilla, Bilbao o Valencia. Hablo de porcentaje. Este año se organizó una semana de espectáculos taurinos que debía iniciarse el 27 de agosto con una corrida de toros de Bañuelos con el diestro local Alberto Álvarez, Cayetano y Roca Rey. No había llovido desde el mes de julio, cuatro gotas, y de cara al futuro hacía falta agua. Y llovió y algún mal pensado opinó que los “antis” se habían vuelto creyentes y habían dedicado una novena fervorosa a la Virgen de la Oliva y ya se sabe que las divinidades hacen más caso a los pecadores arrepentidos. Y tan fervorosa debió ser la supuesta novena  que también llovió el miércoles 29, día en el que se celebraba un festejo de toreo a caballo con Hermoso de Mendoza, Sergio Galán y Mario Pérez Langa, con toros portugueses de Rosa Rodrígues. Entonces la empresa de Mena y Fontecha anunció que el viernes 1 de septiembre actuarían Hermoso de Mendoza, que sustituía a “El Fandi” lesionado con rotura de fibras, y en lidia a pie Juan José Padilla y Ginés Marín, con toros de Álvaro Domecq. Por fin escampó aunque el público estuvo algo borrascoso con el de Estella, que se sintió sorprendido por la actitud del público en general que no respondía a sus alardes de buen toreo, sobre todo con el caballo “Disparate” en sus ajustados abaniqueos con el cambio de apoyos y el temple del gran equino y el tordo “Donitelli” en sus piruetas. Me supo cómo a despedida del caballero que lleva cuarenta años actuando en esta plaza desde que se presentó de pantalón corto y en una precoz exhibición. Lástima porque e mí me gustaría ver debutar en Ejea y en su compañia a su hijo Guillermo, que ya lo ha hecho este año en México. A Juan José Padilla se le vio fuera de ambiente, sobre todo con el quinto toro de don Álvaro, bravo y noble, de enorme calidad cómo lo fue la corrida reciente de Bilbao, y Ginés Marín se mostró fácil e inspirado en un toreo que no llegó a la profundidad de otras oportunidades de más calado. La ganadería de “Torrestrella” es de dulce recuerdo en nuestra plaza porque aquí se dio una novillada de su hierro para la presentación de “El Juli” con la compañía de Jesús Millán y “El Renco” y en la que se cortaron once orejas y no sé cuántos rabos. Julián se fue de aquí a Madrid para debutar en Las Ventas y de allí a Nimes para tomar la alternativa. Y el domingo, 3 de septiembre, López Simón sustituyó a Cayetano, y, como este, (fea manía) se quitó las zapatillas. “La corrida del frío”, los toros de Bañuelos, dio oportunidades de triunfo a los tres diestros y fue Roca Rey el que las aprovechó a pleno rendimiento. Salió a hombros por la puerta grande después de cortar tres orejas y torear con el ritmo, la variedad, la ligazón y el sello al que nos tiene acostumbrados. Levantó al público de sus asientos. Los muchos “palos” recibidos no hacen mella en este peruano de hierro y plumas. Las plumas las de su templanza y suaves maneras. Hubo concurso de recortadores con anillas en versión aragonesa, nada de cortes por la espalda, y de roscaderos y, al final, pudo completarse una Feria digna de la gloria ganadera de Ejea de los Caballeros. En la entrada principal, a su izquierda, está grabado en el suelo el hierro de don Diego Bentura, memoria de otros tiempos ya lejanos, dos siglos y medio. En aragonés: no reblaremos.

Uno de los acontecimientos, triste, muy triste, de los últimos días ha sido la muerte de Dámaso González, torero de muchas vicisitudes que llegó al podio de los triunfadores de la mano de Camará. Pero antes hizo muchas capeas, muchos viajes en el tope de los trenes de mercancías, muchos sueños en los pajares y mucho compañerismo con los maletillas. José Luis Gran “Romito” me contó que cuando, por recomendación de Pedro Martínez  “Pedrés”, le probó don José Flores con una docena de vacas limpias y otras tantas toreadas y le dijo que al domingo siguiente toreaba con picadores en Barcelona le quedaban 50 pesetas, las entregó a él y a Campillo para aliviarles sus penurias y se marchó con las manos en los vacíos bolsillos. Estaba seguro de su triunfo. A la novillada de Barcelona me invitó Camará para que comprobara su acierto de apoderarle. “Tiene la mirada de Manolete. Esos no fallan”. Y no falló, no. “El Niño de la Leche” o “Curro Alba”, por aquello de ser albaceteño, se convirtió en “El Rey del Temple”. Don Damaso, sin acento. ¿Dámaso Alonso, el filósofo? No. ¿Dámaso Gómez, el torero de Madrid? Tampoco: Damaso, el de Albacete.