viernes, 4 de mayo de 2018

POR QUÉ LANGUIDECE LA FIESTA

BENJAMÍN BENTURA REMACHA


Es un tema que me preocupa y me ha preocupado porque siempre he vivido en esa incertidumbre. La FIESTA se muere desde que nació y ya se sabe que para morir se precisa que eso que va a morir esté vivo. ¿Está viva la FIESTA? Está viva, pero muy malita. Y no por los toros y los toreros, sí por sus circunstancias. Respecto al toro, animal totémico por excelencia como emblema de protección de la tribu y muy particularmente como progenitor hasta las sábanas del tálamo nupcial, estamos en un periodo francamente positivo porque su estudio ha llegado hasta las profundidades de los análisis científicos que promocionó don Álvaro Domecq Díez junto al catedrático don Isaías Zarazaga. Por una casualidad informática, he llegado hasta el conocimiento de los estudios de dos investigadores prestigiosos, don Fernando Gil, biólogo, y don Julio Fernández Sanz, veterinario. Por ellos he sabido por qué embiste el toro, su capacidad para responder al estrés y la fisiología de la agresividad. El cortisol y las endorfinas  que produce al animal bloquean los receptores del dolor. El toro lucha sin preocuparse por el dolor y lo hace también aunque esté en campo abierto y tenga espacio para huir del castigo. No hace falta acorralarle para que embista. Embiste porque produce dopamina. Por último, la mayor agresividad de unos ejemplares de ciertas ganaderías calificadas como “duras” se basa en que estas tienen menos seretoninas, con lo que los ilustres especialistas del toro bravo concretan que el misterio de la bravura es “un cóctel de hormonas”.
Aseguran que los puyazos caídos o traseros inutilizan al toro para la lidia y pueden producir hasta un neumotórax, lesiones motrices o medulares dada la mayor extensión de la puya y sus aceradas aristas. Y, además, la impunidad del peto con el gran faldón protector contra el que el toro no tiene posibilidad alguna  de ataque. El peto, desde luego, salvó el futuro de la fiesta porque, en las circunstancias actuales, no se podría mantener la renovación diaria de las cuadras de caballos y tampoco el siniestro espectáculo en el que el tal caballo fuera “la víctima de la fiesta”. Pero no se puede pasar de su sacrificio continuado (incluido el de sus jinetes) a la desaparición total del riesgo que puede generar por ahorro y eficacia la eliminación de los picadores de las cuadrillas. Sin riesgo no hace falta buenos jinetes de brazo fuerte. Un titular y un sustituto para toda una corrida. Hace muchos años propuse el peto anatómico para que el toro pueda romanear, verbo a conjugar cuando se trataba de ahormar el embestir del bravo animal. Y disminuir la extensión del casquillo de la puya y el arpón de las banderillas aunque, en realidad, la sangría no sea lo que más influya en la debilitación de las fuerzas del toro.
Y si el desarrollo de la lidia es fundamental para el futuro de la FIESTA, no es menos importante que su difusión vuelva a los parámetros que vivimos a mitad del siglo XX, cuando me empeñé en la lucha contra “el sobre” periodístico. Mi padre me sacó del error cuando señaló que los culpables no eran los receptores del óbolo misericordioso sino los medios de información que cobraban el espacio a los que ejercían la crítica. Sin embargo, por entonces casi  todos los medios escritos, hablados o televisados tenían sus espacios dedicados a la difusión de la fiesta y se competía para dar la más profusa información de las ferias de las plazas de primera y las noticias de agencia (EFE, Logos, Mencheta y alguna más) del resto de los cosos taurinos de España, Francia o América. Me horroriza si hoy dan una noticia taurina en una televisión: o se trata de una cornada posiblemente mortal (la de Fandiño, por ejemplo) o algún chisme sentimental de los diestros más mediáticos en los espacios del “cuore”.
Es importante la difusión de la Fiesta en los medios de comunicación. Uno de los medios actuales que más atención le presta a los toros, pero no tiene ni punto de comparación con las portadas que ese mismo ABC le dedicaba a los acontecimientos taurinos hace un siglo. Suelo curiosear ese pequeño apartado del diario de la calle madrileña de Serrano y me satisface la continuidad con la que son noticia de portada los acontecimientos del coso de la carretera de Aragón o cualquier otro acontecer en el que sean protagonistas toreros, ganaderos o aficionados. Se medían los tiempos y los espacios de otra forma. El toro estaba en la calle y en la conversación de las gentes. Todavía llegué a conocer la mítica “playa de Madrid”, entre la calle Sevilla y la acera de La Tropical, en la calle de Alcalá. Allí se juntaban centenares de toreros y aficionados, se le instalaba un kiosco de la ONCE al picador “Melones” o se exponía en el escaparate de una gran zapatería el vestido de luces que iba a lucir el Príncipe Gitano en su debut con picadores. Se arreglaba una cuadrilla o se sellaba un apoderamiento con un apretón de manos. Hoy no queda nadie. Ni allí ni en la plaza de Santa Ana o la explanada de la Casa de Campo, donde se toreaba de salón o se jugaba un partido de futbol como el que Joselito jugó en la Real Maestranza  años antes. Cristiano metió un gol “de chilena” y durante un par de semanas se cantó como el mejor gol del siglo. Supongo que de este siglo XXI porque en el anterior ya hay reseñados goles de tal guisa desde 1914. Y supongo que el autor fue un jugador chileno de “cuyo nombre no puedo acordarme”. Dos mil policías se movilizan para garantizar el orden en un partido de fútbol. Y aún hay ciudadanos que dicen que las corridas de toros pueden perjudicar a la educación de nuestros infantes.
Y luego hay noticias que perjudican al buen desarrollo del ambiente taurino. He leído estos días que la más fundamental de esas noticias es que José Tomás va a torear una corrida en Algeciras. Y ni una más. ¿Toros? ¿Toreros? ¡Qué más da! Y cuando leo este anunció a toda página y alumbrado por toda la luminaria siempre recuerdo que “Manolete”, en 1946, sólo se anunció en España en una corrida. En Madrid. La Beneficencia. Con Gitanillo de Triana y Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín, que venía con la escoba y se ofreció a torear pagándose sus toros. Amén, respondió el de Córdoba. No sé si será cierto, pero a mí me contó Jaime Marco “El Choni”, que era amigo del abuelo de José Tomás, que, de chico, el de Galapagar prefería jugar al fútbol que torear. Mis cortos conocimientos me dan para deducir que el misterio de la dieta taurina del serrano no le permite atracones de toro. Ya lo decía Curro Romero: “Torear todos los días es trabajar”. Una vez a la semana, señor Tomás, cosa sana. Para la Fiesta, don José.
El estrambote a tanta lírica taurófila es la afirmación de Ignacio Ruiz-Quintano en su columna de ABC de que Mazzantini fue concejal después de retirarse del toreo. Y fue algo más que concejal de Madrid. Gobernador Civil de Guadalajara y Avila. Italiano de origen, habrá que agradecer el que en su tiempo no hubiera micrófonos que amplificaran la voz y su decisión de montar la espada y hacerse gran estoqueador desde su primera estocada. Con más voz hubiera sido cantante de ópera. “Muertos que yo maté no os podéis quejar de mí, pues si buena vida os quité, mejor sepultura os di”. Y no pretendo competir con Ruiz-Quintano en la cita de maestros en el pensar y escribir. Yo sólo pienso en el feliz devenir de la Fiesta. Apliquemos los remedios necesarios.         



sábado, 24 de marzo de 2018

EL ETERNO FEMENINO (II)




Parece que está de actualidad el hablar de las mujeres. Pienso que siempre lo ha estado desde distintas perspectivas, desde la Mitología a la Historia, desde la Sociología a la Criminología, la Ciencia o las Finanzas, el Deporte o el Arte. Siempre hemos sido diferentes y, dentro de esa indiscutible diferencia, siempre han existido los variados matices. Vamos, pues, a matizar: la base de mis argumentaciones está en la obra de una mujer y, además, norteameticana, Muriel Feiner. La base, negro sobre blanco, la ha puesto ella con sus dos obras sobre “La mujer en  el mundo del toro”. Algo se quedó en el tintero literario con la primera dama que sobre los toros escribió en verso y quién fue en España la primera crítica de toros, María Pilar Fernández, en mi querida  revista “Fiesta Española”, la que luchó contra “el sobre” y se equivocó de objetivo porque abrió el mercado a las transacciones bancarias en los modernos medios de comunicación. Fue don Francisco, el de Fuendetodos, el que nos dejó noticia de “La Pajuelera”, picadora de brazo fuerte y vendedora de pajuelas de azufre a la puerta del mercado, y el gran ilustrador don Gustavo Doré, el que  nos dio razón de la Bolsi, que con las almidonadas enaguas bajo la falda de encaje pocas opciones tenía de arrimarse a los toros. Tras esos gráficos documentos, apenas tenemos noticia de féminas dedicadas el épico quehacer de lidiar toros, sí dramas como el del conde de Villamediana con su quebrada banderola de “Son mis amores reales”, las duquesas de Alba y Osuna y Pedro Romero y “Costillares”, el pañuelo de Reverte, la Moragas y Alfonso XIII, “La Reverte”, Soledad Miralles, la esposa de “Carnicerito de Málaga” y suegra de Rafael de Paula y “el eterno masculino” que fue Luis Miguel, que desmintió la divulgada anécdota sobre Ava Gadner y que aseguró, como lo hicieron algunos diestros más, que no se vestiría de luces si en los tendidos no viera rostros femeninos. En los tendidos y en las gradas puesto que en “aquellos tiempos” las mujeres no se mezclaban con los hombres y tenían sus localidades en la parte alta de los cosos. El cuadro de Mariano de Cerezo de la despedida de “Lagartijo” en Zaragoza bien que atestigua lo que afirmo.
Pero pasaron muchos días, muchos años hasta encontrar a la primera fémina que tomó la alternativa. Alguna lo podría haber hecho antes, pero lo de alternar con los matadores de toros no dependía de la voluntad del aspirante. Eran los ya consagrados los que decidían conceder tal privilegio a los que, por lo general iban en su cuadrilla como banderilleros y ya habían probado sus habilidades en algunas cesiones puntuales, sin llegar a consumar esa alternancia que da lugar al término. Por esta razón Muriel da la lista de dieciocho matadoras de toros  con Juanita Cruz a la cabeza. 1940, en Fresnillo, México. Tengo especial devoción por Juanita Cruz  porque guardo una crónica de mi padre, que ya firmaba con el apodo de “Barico”, y que se publicó en “El Debate” el 16 de julio de 1935. Trataba de su debut en Vista Alegre, Carabanchel: “Lo que no se consiguió contratando a ases de la torería actual se logró sin grandes reclamos al solo anuncio de que Juanita Cruz iba a actuar en una novillada con picadores. Y no sólo no defraudó su labor, antes al contrario, con capote, muleta y, lo que vale más, con el estoque, consiguió un éxito difícil de igualar por la señoritas toreras que andan por esos ruedos”. En aquella ocasión, Juanita Cruz lidió novillos de AP y le acompañaron “Niño de la Estrella”, turolense que cortó dos orejas y rabo, y Mariano García, de Borox. Ambos llegaron a tomar la alternativa pero con muy corto recorrido. Lo de la Cruz tuvo más amplia historia aunque la Guerra del 36 y la post-guerra hasta el año 75 del siglo pasado no le permitieron actuar en España. Permaneció algunas temporadas en América y a su regreso a España, su esposo y apoderado, Rafael García Antón, divulgó ampliamente las virtudes de su señora,  las peculiaridades de su falda pantalón bordada como una taleguilla masculina y su costumbre de hospedarse en el hotel Florida cuando toreaba en Madrid, un hotel que estaba al final de la calle del Carmen, frente a lo que luego fue Galerías Preciados, plaza del Callao, hotel en el que también se hospedaba Pepe Luis Vázquez y su hermano Manolo el día que se presentó en Las Ventas como novillero y cortó cuatro orejas. Pepe Luis, para celebrar el gran triunfo de Manolo, pidió media botella de Tío Pepe. “– Señor – le dijo el camarero – aquí no hay medias botellas”. “ – Pues traiga una entera y sirva la mitad”. Ahorrador y generoso con los suyos. En cierta ocasión, cuando lo del “sobre”, uno de los receptores dijo que ese no era su dinero: “ – Tiene razón, es el mío”. Y se lo guardó en el bolsillo.
Pero estaba con las mujeres que han tomado la alternativa. Volvamos a esta  cuestión. Pasaron casi treinta años hasta que vino la siguiente  alternativa. 1968 y también en México, en Comalcalco. ¿Protagonista? La colombiana Bertha Trujillo “Morenita de Quindío”, de Armenia, capital del departamento de Quindío. Se casó con Mario Gómez “El Colombiano” y este encauzó los afanes toreros de la valiente esposa que no se dejaba ganar la pelea por toreros como Jerónimo Pimentel y Mario Carrión y que recibió los trastos de matar de manos del mexicano Juan Ramón Tirado en presencia de su esposo y con toros de Presillas en el lugar del estado de Tabasco y el 12 de mayo del citado año de 1968. Tardó algunos años en venir a España y lo hizo ya en el declive de sus fuerzas y con la enemiga de algunos de los toreros que le impidieron debutar y confirmar su alternativa en Las Ventas.
Dos toreras españolas siguen en esta relación y ambas, como las anteriores, dan el salto en plazas mexicanas. Se trata de Raquel Martínez, alternativa en Tijuana en 1981, y Maribel Atienzar, en ese mismo año, en Pachuca. El 12 de agosto de 1974 se publicó en el Boletín Oficial del Estado Español la Orden del Ministerio de la Gobernación por la que se autorizaba la actuación de las mujeres a pie en los cosos de España. La lucha tremenda de Ángela Hernández había dado sus frutos y fueron numerosas las féminas que se apuntaron en la Agrupación de Matadores, Novilleros y Rejoneadores aunque, al final, fueron pocas las elegidas. Raquel Martínez, nacida en el mismo lugar donde tomó la alternativa, Tijuana, tenía ascendencia española y uno de sus abuelos era natural de Morón de la Frontera y el otro primo de Lorenzo Garza, casi nadie al aparato. Una de las crónicas de mi padre en “El Debate” fue del mano a mano entre “El Soldado” y Garza, en agosto de 1934, cuando todavía no se había inaugurado oficialmente la Monumental de las Ventas del Espíritu Santo.
La propia  Raquel fue testigo en la alternativa de la Atienzar en Pachuca el 28 de noviembre de ese año de 1981. La albaceteña, en mi opinión, ha sido una de las toreras con más posibilidades de las que yo he visto en nuestros ruedos. Fue  en Zaragoza el 13 de mayo de 1979. Los novillos, de Barcial, Enrique González “El Bayas”, por delante y el debut con caballos de Roberto Bermejo. Cortó tres orejas. José Antonio Chopera, el empresario de Zaragoza, la repitió el día 20 del mismo mes con el propio Bermejo que había cortado una oreja el día de la apoteosis de la Atienzar y Rafael de Córdoba. Nada destacable. Sí el enfado de José Antonio porque había más gente en los tendidos y menos dinero en las taquillas. Se presagiaba la tormenta empresarial que se iba a desatar al final de aquella temporada. El caso es que los del “chispeante” le vieron las orejas al lobo aunque tuviera la figura menuda y graciosa de una joven de Albacete. Se tuvo que marchar a las Américas. Había triunfado también en Madrid, en Carabanchel y Las Ventas, en Sevilla, Valencia y Barcelona, tomó esa alternativa en México y, a pesar de que a su vuelta a España, le apoderó Emilio Mera, el que había sido mozo de espadas de “Miguelín” y contaba con el apoyo de José Flores, hijo de “Camará”, no le dieron oportunidades de demostrar su valía. Volvió a Colombia, toreó en casi todas las plazas de aquel país y regresó a España. En esta ocasión fue José Luis Martín Berrocal su mentor, toreó en Barcelona, Figueras y San Feliú gracias al empresario Zulueta y se despidió en esta última plaza el 11 de julio de 1987. No pudo más. El hipotético enemigo no era el toro.
La lista que facilita Muriel Feiner de las mujeres que han tomado la alternativa se completa con las siguientes: Lola de España (Lima, 1986), Cristina Sánchez (Nimes, 1996), Mari Paz Vega (Cáceres,1997), Raquel Sánchez (Toledo, 2005), Marbella Romero (Morelia, México, 2008), Hilda Tenorio (Monumental de México, 2010 ), Sandra Moscoso (Ubrique, Cadiz,2010), Lupita López (Monumental de México, 2011), “Milagros del Perú (Moralzarzal, Madrid, 2013), Karla de los Ángeles  (Monumental de México, 2014), Paola San Román (Morelia, México, 2015), Conchi Ríos (Cehegin, Murcia, 2016), Melina Parra (Guano, Ecuador, 2016) y Rocío Morelli (Duitama, departamento de Boyaca, Colombia 2017).
De esas dieciocho alternativas, nueve se otorgaron en México, tres en la Monumental capitalina, cinco en España (Cáceres, Toledo, Ubrique,  Moralzarzal y Cehegín, y sendas en Francia (Nimes), Perú (Lima), Ecuador (Guano) y Colombia (Duitama). A destacar Cristina Sánchez, a la que le dio los trastos de matar Curro Romero en Nimes, confirmó en Las Ventas y nunca perdió su feminidad y encanto en lucha tan dramática y desigual. También Mari Paz Vega, la malagueña que se hizo torera en tierras de Aragón apoyada por su mentor, Julio Navarro, que le dio aposento y trabajo en el establecimiento hotelero que regentaba y oportunidades de ejercitarse en su afán taurino. De familia de toreros, tuvo que marchar a tierras americanas para mantenerse en activo. No ha logrado confirmar su doctorado en Las Ventas.
Luego hay otras féminas que no alcanzaron la alternativa pero que sí mostraron sus virtudes en la lida del toro; sobre todas, Conchita Cintrón, en privado y con el beneplácito de personajes como Juan Belmonte, Cossío y Antonio Ordóñez y Manolo Vázquez en Jaén, el día que se bajó del caballo para despedirse de los ruedos españoles. Su padre era portorriqueño de ascendencia española, su madre norteamericana de origen irlandés y ella nacida en Chile y criada en Perú. Y torera por la gracia de Díos. En España, le apoderó Marcial Lalanda, que también apoderó a Pepe Luis. Festival en Las Ventas con Juan Belmonte, Álvaro Domecq, Duque de Pinohermoso y Juan Pedro Domecq. A puerta cerrada. De clausura. Quiero recordar también a Amina Assis, morena como una diosa inca, a Bette Ford y Patricia McCormick, de Texas a la Monumental de México, a Mari Fortes, torera, empresaria, profesora de la Escuela Taurina de Málaga y madre del matador de toros Saúl Jiménez Fortes, el torero que ha superado pruebas de fuego en forma de cornadas espeluznantes. Mi paisana Carmen Zaldívar, de Gallur, ahora de asesora de la presidencia  en el coso de Pignatelli. Y, para el final, Ángela Hernández, la que consiguió derribar el muro de la incongruencia antes de las batallas por la igualdad. Fue, ya lo he dicho, el 12 de agosto de 1974, cuando el Boletín Oficial del Estado publicó una Orden del Ministerio de la Gobernación por la que se suprimían las limitaciones impuestas a la mujer para participar en espectáculos taurinos. Ángela, hija de guardia civil y nacida en Alicante, pasó por la plaza-escuela del padre de los Esplá. Después de conseguir que las mujeres pudieran pisar los ruedos españoles, su carrera fue dura y complicada y no alcanzó la cumbre con la que sueñan todos los que se visten de luces. Citaré como remate a la que fue escultural “vedette” con un éxito sin par, “La blanca doble”, y un promotor concienzudo, Manuel Lozano, verso suelto de los Lozano taurinos. Luego vinieron unas cuantas más, pero en versión cabaretera. Duraron poco.               

martes, 13 de febrero de 2018

EL ETERNO FEMENINO (I)


Dice el diccionario de la Real Academia que la expresión que me sirve de titular para estos comentarios viene del alemán y es “el conjunto de los caracteres supuestamente permanentes e inmutables de la psicología femenina”, lo que no quiere significar que esos caracteres sean achacables  a todas las mujeres; las hay que levantan 150 kilos en la práctica de la “alterofilia”, dirigen un Banco o te arreglan el motor de tu coche. Quiero decir que hay mujeres capaces de realizar lo que se considera predominantemente varonil y hombres que pueden conducirse como las féminas sin que haya que descalificarlos como tales varones. En resumen: todos los seres humanos nos podemos conducir cómo tales, el eterno hombre genérico, aunque haya que admitir sus rasgos característicos. A mí, por ejemplo, me sorprende que a lo largo de los siglos no se hayan dado figuras femeninas de la pintura como Miguel Ángel, Velázquez o Goya. En Burdeos, la hija de Leocadia Zorrilla de Weiss, ama de llaves de don Francisco, Rosario Weis Zorrilla, tenía buenas cualidades en el arte del dibujo, el retrato, dos de su padrino y los de los escritores Espronceda, Zorrilla, Duque de Rivas, Larra y Mesoneros Romanos, y la litografía, nuevo método de grabado descubierto por Goya en Burdeos, maravillosos “Toros de Burdeos”, lo que, dada la aureola caballeresca de don Francisco, puede originar algunas interpretaciones genealógicas no probadas. Leocadia estaba casada con el joyero bávaro Isidoro Weiss, que tenía su establecimiento en la calle Mayor de Madrid y del que se separó en los días en los que el de Fuendetodos se marchó a Francia huyendo del absolutismo de Fernando VII. Decidió Leocadia acompañarle con su hija y uno de sus dos hijos varones,  Guillermo, los tres nacidos en Madrid. Cuando falleció Goya en Burdeos, 1828, Leocadia y sus hijos se encontraron sin ninguna posibilidad de subsistencia y regresaron a Madrid, en donde Rosarito tuvo destacada presencia en la Academia de  San Fernando y en Palacio, cuando Fernando VII la contrató para que les enseñara dibujo a sus hijas, Isabel II y Luisa Fernanda. Pero murió muy joven de cólera, en 1843 y sin cumplir los 29 años. A su nombre pionero, opinión muy personal, yo añadiría los  de Menchu Gal, guipuzcoana que perteneció a la Escuela de Madrid, sucesora de la de Vallecas, que capitanearon Benjamín Palencia y Daniel Vázquez Díaz y en la que figuraron junto a la irunesa Agustín Redondela, Cirilo Martínez Novillo, el canario Juan Guillermo, Luis García-Ochoa, Álvaro Delgado y unos cuantos artistas más que le dieron lustre al arte pictórico de la segunda mitad del siglo XX. Sumaría  los nombres de la monja Isabel Guerra, hiperrealista a lo membrillo cuadriculado de Antonio López, Marián Ribas, la hija del gran dibujante Federico Ribas y esposa de Rafael Amézaga, algunas pintoras naif y los de las taurinas Matilde García Mozón, Peñuca de la Serna, hija del matador de toros Victoriano de la Serna, y Jacaranda Albaicín, hija de Joaquín Bernadó y María Albaicín, nieta de Rafael, primer traje de luces verde y plata gracias a los pinceles majestuosos de don Ignacio Zuluaga.
Estaba con el señor de Fuendetodos que, además de preparar a Rosario Weiss para el arte del retrato y el grabado, inmortalizó a la que en casi todos los tratados sobre el tema del toreó femenino se considera como la primera torera: Nicolasa Escamilla “La Pajuelera”, el valor varonil de la vendedora de pajuelas de azufre poniendo un puyazo en todo lo alto a un toro fiero en la plaza de Zaragoza. Añadir los nombres de “La Fregosa”, “La Martina” y Teresa Bolsi, esta dibujada por Gustavo Doré con una falda de encaje abullonada, talle de avispa, la espada y la muleta en la mano derecha, el sombrero en la izquierda y el toro a sus pies. Davillier, el relator del texto a ilustrar por Doré, dice que Teresa Bolsi era una mujer joven, de veintiocho a treinta años, bien proporcionada, de rasgos llenos de energía y que mató al cornúpeto “de una estocada “a la verónica”, es decir, de frente”. “Viaje por España”, escrito por el barón Ch. Davillier y dibujos de Gustavo Doré, está fechado en los comienzos del último tercio del siglo XIX y son Goya y Doré quienes nos dan noticia de las primeras mujeres que pisaron los ruedos como toreras. Otra cosa ocurre con las féminas que escribieron de toros.
Según mis conocimientos, la primera noticia que tenemos de una cronista taurina se fecha en 1660, cuando la aragonesa Eugenia Buesso relata lo ocurrido en los festejos reales que se celebraron en Zaragoza en honor del virrey Juan José de Austria. Muriel Feiner, que es la autora de la más completa relación de la mujer en el mundillo de los toros, toreras, pintoras, escultoras, poetas, aficionadas, escritoras o periodistas, incluye a Eugenia Buesso con el título de “Relación de la corrida de toros que le imperial ciudad de Zaragoza hizo en obsequio de su Alteza”, compuesto de cincuenta y cinco octavas reales y en ellas se relatan los pormenores del festejo en honor del virrey. Tienen que pasar muchos años para que aparezca la siguiente cronista taurina. En el siglo XX, la extremeña María de la Hiz “Mahizflor”, que escribió poemas, tenía un museo en su casa madrileña, en una calle paralela a la Avenida de los Toreros que desemboca en la de Julio Camba y que sentía una admiración especial por los diestros de la dinastía de los Bienvenida, las aragonesas María Teresa Trémul Bados y María Carmen Campo Gode y la recitadora Gabriela Ortega, hija de la hermana de Rafael y José y “El Cuco” y hermana de Rafael y José Ortega Gómez.
La francesa Michelle Cartier, “Madame Migueleta”, fundó en 1925 la revista “Bióu et Toros” en Nimes, que en 1946 redujo su denominación a “Toros” (“Toros de Nimes”) y que prolongó su existencia hasta finales del ese siglo XX tan pródigo en acontecimientos taurinos pese a serlo también en lo que se refiere a conflictos bélicos. Sonaron en alguna ocasión los nombres de Josefina Carabias, esposa de Augusto Assía, corresponsal en el extranjero, y el de Pilar Ibars, colaboradora de “El Ruedo”, pero hasta los años 60 de este siglo XX no se dio el extraño fenómeno de una mujer cronista de toros en su sentido más estricto. Fue en la revista “Fiesta Española” y se trató de la madrileña María Pilar Fernández y de sus crónicas de los festejos celebrados en la plaza de Carabanchel durante los ocho años que se publicó la citada revista. Deliciosa la entrevista que le hizo a Manuel Benítez con pluma y peine. No tengo conocimiento de que antes que María Pilar una mujer cumpliera con ese específica función periodística y si que tuvo continuación en la renombrada Mariví Romero. Se me permitirá mi prudente mutis por el foro para no recordar lo que Amilibia dijo de la sección taurina de Pueblo que dirigía el padre de Mariví y del que tengo versión diferente a la manifestada por el famoso reportero “pueblerino”: Papá Romero no puso a Navalón al frente de la crítica taurina para purificar el espacio, lo hizo para castigo de la torería andante porque Paco Camino le hizo cierta manifestación al ministro sindical García Ramal a la entrada del director en la fiesta de los Populares. Luego fue Mariví la que se sentó en el sillón de la crítica y la que accedió a la TV.E., el toque de rebato para la llegada de algunas féminas más y ya estamos en plena adaptación a la igualdad genérica con un nombre tan destacado como el de Patricia Navarro, jefa de la sección taurina de “La Razón”, el de Isabel Sauco que figura al frente de Radio Cinco Villas y Gallur y colabora en la televisión aragonesa y algunas más, sin olvidar a Esperanza Piña que fue la propietaria de “El Mundo de los Toros”, revista publicada en  Palma de Mallorca. También en México, Colombia y Ecuador se da este fenómeno y lo cuenta Muriel con toda suerte de detalles..
En la fotografía taurina hay un nombre señero, el de la francesa Christine Splenger, y una figura emergente, la de Náyade Moncín, hija de Carlos Moncín, de Calatayud , exponente máximo del arte fotográfico aragonés y con especial sensibilidad para la foto torera. Muriel Feiner es también una destacada fotógrafa con su cámara siempre enfocada  al arte y a la actualidad taurina.
En el capítulo de aficionadas de alcurnia habrá que acordarse de S.A. R. la Condesa de Barcelona, la Duquesa de Alba, afición heredada y una señora norteamericana, Alicia Hall, nacida en Georgia, profesora de español en su tierra, que vio su primera corrida en Perú en 1950  y que vino a España hasta los 90 de ese siglo XX. La conocí en Pamplona cuando llevaba dos banderitas dedicadas a Diego Puerta y Paco Camino, aunque con el de Camas se enfadó y ya no saludaba sus actuaciones  agitando su bandera, que hubo años que vino acompañada de unas cuantas compatriotas mucho más jóvenes que ella y que recordaba la corrida de Madrid de 1959, cuando salieron por la Puerta Grande de Las Ventas Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida y Julio Aparicio. Feiner dice que murió en su tierra natal el 27 de febrero de 1993, hace 25 años y ella en sus noventa. Muriel Feiner lo cuenta casi todo en su libro “La mujer en el mundo del toro”, incluidas las mujeres que se relacionaron con la fiesta española en los países americanos, ella misma, que asistió a su primera corrida de toros en Las Ventas en 1965, vino a vivir a España para estar en contacto con los toros y se casó con Pedro Giraldo, torero de oro y plata, palentino de Cisneros, matador de toros en la capital de su provincia en 1978.
Recordar a Raquel Meller y su “Relicario”, a Paquita Escribano y “Sangre Torera”, Gaona preguntó por ella cuando vino a España, la mexicana Lola Beltrán, su imponente “Guapango Torero” y sus matrimonios con Tirado y Alfredo Leal, Concha Piquer, esposa de Antonio Márquez y madre de Conchín Piquer, esposa de Curro Romero, las esposas de Fernando “el Gallo”, Manuel Jiménez “Chicuelo” y Francisco Rivera “Paquirri”, María Antinea y Félix Rodríguez, la hija de Pastora y Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, Soledad Miralles, esposa de “Carnicerito de Málaga” y suegra de Rafael de Paula, la bailadora Malene Loreto y Julio Aparicio, Ortega Cano y la de Chipiona, Pedro Martínez “Pedrés” y la cantaora Teresa Jareño… ¡Cuantas historias! Luis Miguel decía que si no hubiera mujeres en el tendido, él no se hubiera vestido de luces. Negó siempre que fuera cierta la anécdota divulgadísima con Ava Gadner. ¡Olé! De las “matadoras” hablaré un día de estos.      

viernes, 22 de diciembre de 2017

SUPERVIVENCIA DEL TORO



¿Puede ser un cuento de Navidad?

BENJAMÍN BENTURA REMACHA                                    

Muchas han sido las ocasiones y los razonamientos que se han dado para asegurar que la llamada “fiesta española” no se acaba. No le consiguieron las prohibiciones papales o reales y no creo que lo hagan los nacionalismos anti-españoles o los izquierdismos animalistas. Es cierto que el toro vivía en toda Europa y ahora solo se cría en España, Francia y Portugal, razón más que suficiente para que exista la corrida de toros puesto que sin ella no se celebrarían tales eventos y desaparecerían de nuestros campos animales de tal belleza y génesis. Dejo la defensa de semejante tema y su importancia para otros tratadistas más expertos que yo en el estudio del toro bravo y pongo en manos de los ganaderos la modificación del peto o muralla, la supervivencia del primer tercio de la lidia. Me aferro, pues, a las razones que me aporta la significación cultural del toro bravo.
Superados los fenómenos mitológicos griegos de Creta y el Minotauro, Teseo y las doncellas, el ejercicio guerrero alrededor de los castillos y sus murallas y las manifestaciones alemanas, inglesas, francesas y española del Siglo de Oro de las Tauromaquias, con su sumo sacerdote, don Francisco Goya Lucientes, al frente, aunque no plasmara nunca una  Tauromaquia en particular, mientras se le reconoce tal conocimiento en el conjunto de toda su obra sobre el tema, dibujos, grabados y óleos, la historia de la Tauromaquia universal. Y el caso es que hoy nos encontramos con sorpresas que avalan la existencia del toro bravo. Me sorprendió gratamente la corrida celebrada en el pasado mes de septiembre en el circo de la francesa Arles. No me gustaron las ilustraciones  del ruedo y los tendidos de Herve Di Rosa, pero sí el ambiente de la plaza, la música de la orquesta “Chicuelo” con la trompeta del mexicano Pancho Flores, las dianas para las “zapopinas” de “El Juli”, los ternos de los tres actuantes, el citado  Julián, Juan Bautista y Cayetano, la confirmación técnica del arlesiano  cómo excelente estoqueador, con su remate en la suerte de recibir en Logroño, a la altura del alicantino Manzanares, ya de regreso tras la reparación de sus vértebras. El clima del festejo compitió con el celebrado en Málaga, el de la impar y sensacional actuación de Enrique Ponce y el apoyo de Estrella Morente, una cantante que sobrepasa los límites del flamenquismo paterno. Dos muestras de hasta dónde puede llegar el espectáculo taurino, Arles y Málaga. Sorpresa agradable (Marc Lavie y su Semana Grande) la del encuentro con el pintor Van Gogh, que en 1888 (la casa amarilla, el café de noche, el autorretrato con la cabeza vendada, su habitación y el hospital de Arles) y  se fue de París a la Provenza y en Arles pintó un cuadro de mediano formato que representaba el tendido del circo romano convertido en coso taurino con algunos espectadores más concretos, posibles  conocidos del pintor, que, para delimitar la condición taurina del espectáculo que se desarrolla en la arena, apunta la figura de un toro y algunos posibles toreadores. Y pienso que estos borrones son simples apuntes porque  el de la oreja cercenada no estaba familiarizado con ese toro y ese torero que van a magnificar a los nuevos impresionistas taurinos con Roberto Domingo como patriarca, a su regreso de su París natal. Picasso hizo al revés el viaje, desde su cuna, Málaga, hacia Galicia y Barcelona, París;  Goya, de Zaragoza a Italia, Madrid, Andalucía y Burdeos; Manet, de Francia a la Puerta del Sol; Doré, viaje por España; Sorolla, a Nueva York, en cuyos museos ya estaba Goya; Fortuny, desde Reus a Granada, Sevilla, Marruecos e Italia, ahora en Madrid, en el Prado, y, de regreso de las Américas, Robert Ryan y John Fultón. Y muchos más. Hace unos días, en la Cope, 6 de diciembre, a las 12`30 de la mañana, hablaba Carlos Herrera con el cocinero Martín Berasategui de un aceite que el produce y emplea y que se llama “Aceite Martincho”. “Sí – manifestó el cocinero –, cómo el torero que dibujó Goya saltando con la garrocha”. No, don Martín: el torero que salta a la garrocha es el riojano Juanito Apiñani. Martincho, el favorito de don Francisco en sus grabados, está representado en un par de banderillas, en la estocada sentado en una silla, con grilletes en los tobillos y el sombrero como engaño a la puerta del chiquero y, también con grilletes tobilleros, el salto desde una mesa al llegar el toro a su jurisdicción. Tiene, además, un retrato al óleo del torero de Farasdués (Zaragoza) que está en el museo de Oslo. El cuadro de Van Gogh está en el Museo del Ermitage, en San Petersburgo, para mayor universalización del arte que se inspira a lo largo de los siglos en el toreo. Nueva York, Madrid, París, Moscú, Arles, Oslo, Bilbao, Sevilla, Pamplona, Málaga, Barcelona, Zaragoza …
Iba yo hacia la capital de España para asistir a la presentación de la Agenda Taurina de 2018 de Vidal Pérez Herrero y hablar de Manolete en mi décimo quinta colaboración con el ilustre castellano de la meseta. El acto se celebraba en las catacumbas del templo del Espíritu Santo, en la Sala de Antonio Bienvenida, uno de los profetas de la diócesis madrileña. Mucha gente taurina y buena representación francesa, desde el embajador en Madrid al alcalde de Arles y el responsable del circo taurino arlesiano. Sorprendente la aportación  de Diego Ramos con sus óleos y acuarelas sobre Manolete. Maravilloso el presente de Vidal para los colaboradores de la Agenda: la reproducción del cuadro del colombiano, en el que Camará le ata los machos a Manolete. Por delante en los parlamentos, los vecinos francos que hicieron profesión de fe taurina y promesa de mantener el esplendor de la corrida. Luego, mi turno. Manolete cumplía cien años un día antes del mes de julio de 2017 que don Álvaro Domecq, el mejor ganadero, el que mejor se sentaba en la silla de montar y al que en la negra fecha del 29 de agosto de 1947 correspondió el papel más ingrato. Una madre lloraba sin consuelo entre San Sebastián y Córdoba. ¿Quién te puso Angustias?
Yo no podía hablar de Manolete torero. La revista 6TOROS6 había publicado nueve números entre al 4 de julio y el 29 de agosto y un número especial y monográfico con el hilo conductor de Fernando García Bravo y las particulares opiniones de José Luis Ramón, director, y Alfonso Santiago, subdirector, Paco Delgado, Carmen de la Mata , Michael Wigram y el que esto firma porque tengo el privilegio de ser el único superviviente de la corrida del 12 de octubre de 1939, día de la confirmación de alternativa de Juanito Belmonte y el propio Manolete, de manos de Marcial Lalanda. Por delante, don Juan, a caballo. Y el navarro Fernando del Arco Izco, manoletista, bibliófilo, paciente recopilador de mil cuatrocientos poemas dedicados al tercer Califa torero en su “Parnaso Manoletista” (dos tomos) y editor de la revista “Caireles”, la única de índole torera publicada últimamente en Barcelona. La única y la postrera porque del Arco anuncia que este es su último esfuerzo editorial. Naturalmente, está dedicada a Manolete y colaboran Andrés Amorós,  Saíz de Valdivielso, Sotomayor, Salvador Arias, Díaz Murillo, Paco Laguna, Zumbiehl, Pedro Mari Azofra, Federico Arnás, Fernando Claramunt, Benlloch y Salvador Sánchez Marruedo, que es el único ser vivo que yo conozco que tiene una foto con Manuel Rodríguez. Bueno, recuerdo una foto de Julio Aparicio antes de iniciar su carrera de novillero, cuando andaba por la Fuente del Berro madrileña con su padre, novillero en su juventud, que no le daba la mano a nadie. Si alguien osaba estrechársela se la lavaba inmediatamente. Algunas rarezas tiene también su hijo, ya en la octava década de su vida. Tiene medio año menos que yo.
En mi intervención dije que Manolete toreó setenta corridas de toros en Barcelona y que su segunda plaza era Valencia, con treinta y cuatro, tercera Madrid, con veintiséis, pocas de ellas contratado por la empresa de Jardón, la mayoría benéficas, incluida la única de 1946, luego Sevilla, Zaragoza, Bilbao y México (El Toreo y La Monumental). En Córdoba, sólo trece. Ni siquiera la alternativa, que la tomó en Sevilla. ¿Qué la pasaba a Manolete con sus paisanos? Por cierto: el 14 del mes de noviembre pasado, el Ayuntamiento de Córdoba la concedió a Manuel Laureano Rodríguez Sánchez el título de Hijo Predilecto. Nunca es tarde si la dicha es buena. Según Ladislao Rodríguez, “Ladis” en sus fotos, hubo sus más y sus menos en la concesión. Discrepantes, dice “Ladis”, que con José María Portillo, presidente de la Peña “El Castoreño”, han organizado más de cuarenta actos en homenaje al torero más universal de todos los tiempos. Ese que, hoy, no podría sumar ni una sola actuación en Barcelona. Álvarez del Manzano apuntaló mi argumento y señaló que la culpa la tienen los taurinos, los empresarios, don Pedrito o sus hijos y arrendatarios.
Muchas cosas se podrían hacer. Por ejemplo, una noche de intelectuales en Lhardy para recordar aquella del mes de diciembre de 1944. El famoso restaurante sigue ahí, en la madrileña Carrera de San Jerónimo, junto a la Puerta del Sol y la “playa” de la calle Sevilla por la que se paseaban los toreros de Madrid y los que venían de otros lugares. Y “La Tropical”, “Riesgo”, “Las Cancelas” o “Marfil”. “El Gato Negro”, en la calle del Príncipe, cerca de  la plaza de Santa Ana, barrio de las letras donde hay más de cuatrocientos bares  y miles de jóvenes que no dejan vivir a los vecinos del lugar. Pese a todo esto, en ese hipotético acto de Lhardy podían intervenir intelectuales y poetas de hoy, la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, hija de Paco Narbona, periodista que colaboró en “El Ruedo” y dedicó un libro a Manolete y otro a Juan Belmonte, Rosa Montero, Premio Nacional de Literatura, hija del banderillero Pascual Montero, Mario Gas, hijo de una hermana de Mario Cabré y el bajo cantante y actor de cine Manuel Gas, Agustín Díaz Yánez, director de cine, hijo de Michelín, el extraordinario torero de plata que decía que le ponía un gancho a la punta de su capote para sujetar a los toros por el hocico, Fernando Sánchez Dragó, comunista “resucitado al séptimo año” y autor de “Gárgoris y Habidis”, “Una historia mágica de España” prologada por Gonzalo Torrente Ballester (1978), Jiménez Losantos, otro arrepentido, Carlos Herrera, sevillano recriado en Barcelona, bético y currista, Antonio Burgos, currista y bético, intelectuales y poetas demócratas que de tantos deseos que tienen de libertad han roto con la rima y el ritmo. Ahora los mayores poetas del mundo son Sabina y Leonard Cohen. En diciembre de 1944 fueron Agustín de Foxá y Gerardo Diego, Alameda, Aleixandre, Benítez Carrasco, Bergamín, Mario Cabré, Campmany, Carvajal Ramos, Duyos, Entrambasaguas, Federico Muelas, Quintero, León y Quiroga, mi dilecto Rafael Herrero Mingorance y muchos más

Al final del acto de la presentación de la Agenda de Vidal Pérez Herrero saludé a Santiago Martín “El Viti”, nos dimos un abrazo de crujir huesos y recordamos a José Luis González Peña, un traumatólogo del equipo del doctor Epeldegui que recuperó al de Vitigudino de la lesión del codo izquierdo que sufrió en Francia de novillero y a mí de las cinco fracturas del tobillo derecho que me rompí al patinar en moto en un charco de gasoil en la plaza de Castilla a mi regreso de una novillada en Colmenar Viejo, en donde había triunfado Agapito García “Serranito”. Grande el asturiano “Peñita”, que también recuperó a Manuel Benítez “El Cordobés” de una lesión en el bíceps del brazo derecho. Y grande Santiago Martín que superó aquel escollo y se sentó en el trono con Diego Puerta y Paco Camino. No fue fácil, no. ¡Qué bien me saben los recuerdos! También disfruté saludando a Ricardo Díaz Manresa, periodista, a Blanca de Pérez Herrero, señora de Cacabelos, Reino de León, y colaboradora de su esposo para llevar a buen puerto el acto de la presentación de la Agenda, a Muriel Feiner, que no paró de disparar su cámara fotográfica para fijar las escenas más significativos del acto, a César Palacios, con su rastrillo echo lápiz torero, a Juan Lamarca, alma y vida de la noticia y el sentir toreros y a Lázaro Carmona, con  el que hablé de Miguel Flores, poeta con duende gitano. “El Camborio”. ¿Pero era gitano Miguel? Sí lo es el hijo de Aparicio y la Malene, no lo es pero se siente Morante de la Puebla. A ambos les dio Miguel el primer empujón. Buena herencia nos dejó.

sábado, 18 de noviembre de 2017

JUNCAL Y TORERÍA


EN TIEMPOS CONVULSOS NO HACER MUDANZAS
BENJAMÍN BENTURA REMACHA

¡Qué tiempos aquellos! Había limpiabotas por las calles y Paco Rabal y El Brujo se juntaban en una tasca para hablar de toros. A Fernando Saturio García Terrel, durante muchos años presidente de la plaza de toros de Zaragoza, se le ocurrió fundar en la Casa de Andalucía de la capital de Aragón una tertulia taurina con el nombre de El Mentidero, sitio o lugar donde se junta para conversar la gente ociosa, dice la Academia. Yo suprimiría el adjetivo de ociosa. La conversación es benéfica para todos los hombres (y las mujeres aunque para mí el genérico siga vigente y me parezca inútil insistir en lo de todos y todas, puesto que de esto no depende el trato justo y respetuoso del hombre a la mujer).   Hay un lugar  en Zaragoza en donde todavía se habla de toros. Ese lugar se llama El Mentidero, se localiza en la Casa de Andalucía y su alma es un hombre que durante muchos años actuó como delegado de la autoridad y presidente de la plaza de toros de don Ramón Pignatelli. Se trata, repito, de Fernando Saturio Garcia Terrel y señalo su segundo nombre, el de Saturio, porque nos aclara que el señor es soriano y émulo del hermano del poeta Manuel Machado que llevó a Soria todas las esencias de su sentir andaluz, como García Terrel las ha traído hasta Zaragoza y pelea gallardamente por la continuidad de nuestras tradiciones y devociones. La devoción al toro puede adquirirse por nacimiento o por curiosidad. Quizá sea más fervorosa esta última  porque nace de la propia voluntad aunque tenga que reconocer que a mí me la inocularon en la propia cuna, allá por Magallón, lugar donde yo nací el año 31 del siglo XX. Unos meses después me llevaron a vivir a Madrid, donde mi padre había entrado a trabajar en El Debate, el diario matutino que dirigía don Ángel Herrera Oria, años después arzobispo de Málaga. En  El Debate mi padre entró en la sección de Sucesos y escribió sus primeras crónicas taurinas desde Carabanchel, la misma plaza en la que yo inicié mi incursión en este campo dieciocho años después. Mi herencia. Mi padre participó en la fundación de EL Ruedo como revista semanal después de haber sido sección  del diario Marca, pasó también por Pueblo y la Agencia Logos, dirigió durante nuestra guerra el diario Hoy de Badajoz y fundó varias revistas, entre ellas, Meridiano y la colección de Biblioteca Teatral, donde brillaron Pedro Muñoz Seca, Arniches, los Quintero, los Paso y Jardiel Poncela. Una vida dedicada el periodismo, los toros y el teatro. Su caricatura era una de las muchas que adornaban las paredes del café Castilla. A mí me obligó a rematar la carrera de Derecho antes de permitirme explorar el periodismo taurino. Y de esa exploración y ante la dificultad de entrar en un medio informativo sin tener que contribuir a sus beneficios vino la idea de fundar Fiesta Española en 1961, buena oportunidad para hacerle la competencia a Dígame y El Ruedo, con la aparición en las arenas de Diego Puerta, Paco Camino y El Viti en competición con los ya consagrados cómo Ordóñez, Luis Miguel, Antonio Bienvenida, Rafael Ortega, Manolo Vázquez o Antoñete y la explosiva aparición de Manuel Benítez El Cordobés, que atraía lectores críticos con sus maneras y partidarios de hueso colorado que llegaban a utilizar las páginas de Fiesta como papel higiénico y nos las enviaban a la redacción por correo. Esos años, los 60 del siglo pasado, fueron brillantes y entretenidos por estos y otros muchos personajes, Miguelín, Mondeño, Ostos, Chamaco, Curro Romero en su medido caminar hasta el nuevo siglo, Ruiz Miguel gracias a las alimañas de don Victorino, a las que también agradeció sus favores el paleto de Villalpando. Rafael de Paula estaba escondido por los rincones andaluces. Y, para mayor gloria del toreo, el sacrificio de Paquirri y Yiyo, Pozoblanco y Colmenar, y la tremenda sorpresa de la muerte de don Antonio por el atropello de una utrera de Amelia Pérez Tabernero, estos tristes acontecimientos, ya en la década de los 70, cuando había desaparecido Fiesta Española y yo desarrollaba mi vocación periodística en las páginas del diario El Alcazar, desde la diagramación al cierre, los reportajes, las entrevistas, la jefatura de la sección de Nacional, las crónicas de los secuestros de ETA, la composición en linotipias, los ajustes en las platinas o las tejas para las rotativas. Fueron los 70 mi década más periodística que prolongué como redactor-jefe de Aragón exprés y mis casi veinte años en la Diputación de Zaragoza, en los que tuve la suerte de colaborar en la restauración de la plaza de toros que construyera en 1764 don Ramón Pignatelli, labor continuada hasta conseguir que Zaragoza sea la más cómoda de las viejas plazas  de toros y la primera cubierta de las de España. También tengo la satisfacción de haber llevado a sus tendidos la figura de don Francisco Goya, el más grande y prolijo, segunda acepción, cuidadoso o esmerado, de los divulgadores de la fiesta de los toros. Resucité la revista El Chiquero en el vespertino Aragón exprés, colaboré en Hoja del Lunes de Zaragoza, El Día, Diario 16, el Anuario de la Asociación de la Prensa de Madrid que se publicaba para apoyar su corrida, la de la Prensa, y, desde 2004 hasta hoy, en la Agenda Taurina de Vidal Pérez Herrero, en la revista Caireles de Barcelona y en múltiples publicaciones de la Diputación de Zaragoza, programas de las Ferias del Pilar , catálogos de exposiciones de las que fui comisario y grandes obras sobre Goya y las vicisitudes de la Tauromaquia aragonesa y la historia de las plazas de toros de Zaragoza, Ejea de los Caballeros, Tarazona y Gallur. Y de lo que presumo con orgullo de gozno del ganadero más destacado de la cabaña ejeana del siglo XVIII, don Diego Bentura, primero de los Bentura nacidos en la actual capital de Cinco Villas. Mi libro Casta Brava Aragonesa es el mejor y el peor de los libros escritos sobre nuestra ganadería. No hay otro.   
Todo lo relatado hasta ahora lo he contado para justificar que en la Casa de Andalucía, el pasado día 11 de noviembre, me concedieron el premio a mi ejecutoria profesional, acto en el que yo intervine para agradecer la distinción y, sobre todo,  señalar mi vinculación con el resto de los premiados en este acto. Cómo decía José Luis Pecker en unos cursos de periodismo que nos dio hace años el Ejercito del Aire, los que hablamos en público somos cómo los polvorones, si nos quitan los papeles nos deshacemos. Yo llevaba unos papeles, pero no me atreví a sacarlos. En esos papeles tenía apuntado que la Casa de Andalucía está situada en la calle de Julio García Condoy, pintor y hermano del escultor Honorio García Condoy, ambos hijos de Eliseo García Martínez, profesor de la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza y autor del Ecce Homo del Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia que la aficionada de Borja convirtió en la caricatura de Paquirrín, el hijo de la Pantoja, que en lo físico siguió la estela materna. Igualico que su abuela. Buenos pintores el padre y el hijo, Eliseo y Julio, Honorio excelente escultor, a mi entender, el segundo del arte del modelado aragonés, tras Pablo Gargallo. El segundo apellido de los hijos de don Eliseo era Condón y lo convirtieron en Condoy para evitar bromas de mal gusto. Ahí, en esa Casa de Andalucía, manifiesta sus inquietudes toreras don Fernando Saturio, que ha sumado a su equipo dos lugartenientes exquisitos, José Manuel Valero Soriano y José Ramón Bonilla. Valero montó el gran programa tras el buen yantar. Un recuerdo a las gentes del toro desaparecidas: Fandiño, Dámaso González, Palomo Linares, Gregorio Sánchez, Manolo Cortes, el mexicano Miguel Armillita, el mítico ganadero Victorino y Pepe Cerdán (José Cerdán Lasanta), el corralero de la plaza de toros de Zaragoza, que el día de la alternativa de Luis Francisco Esplá, 23 de mayo de 1976, sufrió una grave cornada a astas de un toro de Manuel Benítez devuelto a los corrales. Paco Camino era el maestro de la ceremonia y Niño de la Capea, el testigo. Buen cartel. Valero Soriano cantó las excelencias de Serafín Marín, juncal figura y torería con  barretina, Bonilla ensalzó la tarea de la asociación  Mar de Nubes, enseñar a los niños que quieren jugar al toro y practicar con los aficionados a este arte, y Fernando García Terrel me sacó los colores de esta historia mía que nace en la cómoda supervivencia de una heredada afición. A Serafín Marín le recordé que la primera entrevista que hice en mi vida fue a un torero catalán, Mario Cabré, al novillero Jorge Isiegas, revelación de la torería aragonesa, que su abuelo Octavio fue en los años 40 y 50 del siglo pasado un  novillero muy activo aunque no recuerdo que diera al paso decisivo, me congratulé del poético Mar de Nubes y que el primero que contemplé en mi vida antes de montar en un avión lo presencie en el Moncayo, desde la Peña del Cucharón, encima de donde estaba la residencia del obispado de Tarazona. Antes de cenar había que rezar el Rosario. El novillero Miguel Cuartero es el alma de tan curioso empeño: toreo de salón para los niños y tentaderos para los aficionados prácticos. Y rematé mi parlamento con mi especial agradecimiento a García Terrel porque su hija Beatriz ha sido dos años profesora  de mi nieta Blanca. En mis  nietos fundamento todas las ilusiones de futuro.

Nota buena: He leído en Heraldo que la Diputación de Zaragoza no  ha concedido la prórroga del contrato de arrendamiento de su plaza de toros  a la empresa de Simón Casas y Cia porque los propios empresarios han confesado que han aumentado los abonos, la cifra de asistente a los festejos de la Feria del Pilar y se había superado la complicada situación en la que dejó la plaza el empresario anterior, Serolo. Uno, en su inocencia, deducía que esas eran poderosas razones para prorrogar a la empresa autora de esa buena gestión. Al parecer, la Diputación ha pensado que es el momento de aumentar sus beneficios con un nuevo contrato de arrendamiento. ¿Hay moros en la costa? ¿No hubiera sido preferible el consolidar las mejoras contempladas? Recuerdo la decisión de hace unos años de aplicar a la explotación de la plaza una gestión directa y todavía no se han divulgado los negativos resultados de aquella gestión. Creo que fue Napoleón el que recomendó no hacer mudanzas cuando las cosas están complicadas y el toro está en un tiempo convulso. Simón Casas ha acertado en muchas cosas y, ante todo, en la publicidad del espectáculo. Elemental, amigo, Watson.  






miércoles, 8 de noviembre de 2017

LA ÚLTIMA FERIA



VUELVE MORANTE

La última Feria y la última letra del abecedario: Zaragoza. Pero tenemos una larga historia. Somos, con Pamplona,  las dos ciudades en las que se conserva la advocación festiva, San Fermín y la Virgen del Pilar, y la celebración taurina. Fiesta y toros. Fiesta española. En unos días en los que la bandera de España luce en los balcones y ventanas de muchos edificios de la Patria, bueno será, sin coger el rábano por las hojas, afirmar que los enemigos de esa España nuestra quieren acabar con su Fiesta porque nos representa física y metafóricamente. El toro de la carretera. Domingo, 8 de octubre de 2017, a los pies de la estatua de Agustina de Aragón, nacida en Cataluña  y fallecida en Ceuta, el grupo de anti-taurinos de todos los años nos insultaba a los que accedíamos al coso de Pignatelli. Nos llamaban asesinos con el puño izquierdo en alto. Los hijos de Stalín, ejemplo de demócrata dialogador. Lo dijo Salvador Dalí en el Ateneo madrileño: “Picasso es comunista. Yo tampoco”. A los pies de la estatua de Agustina Raimunda María Zaragoza Domenech, que de Aragón tenía solo el apellido, el de Zaragoza, puesto que nació en Reus, 1786, y murió en Ceuta, 1857. Reus está cerca Salou, playa aragonesa por asistencia, y en Reus nacieron Mariano Fortuny, pintor de batallas marroquíes, patios andaluces y plazas de toros, y Ceferino Olivé i Cabré, el mejor acuarelista, a mi modo de ver. Sus trenes entrando en la estación de Reus me recuerdan al tren que llevó a Madrid al padre de Manolo Caracol, mozo de espadas de Joselito, y a su cuadrilla y, ya en la estación de Delicias, al pasar junto a la locomotora, esta lanzó una nube de humo blanco con un ruido de explosión: “Esos cataplines pa Despeñaperros”. En fin, junto a la iglesia de El Portillo, junto al monumento de Agustina de Aragón, todos los años se reúnen un centenar de individuos que nos insultan y nos prometen que nos cerraran las puertas del coso de don Ramón de Pignatelli. Paciencia. Y a Zaragoza vienen todos los años unos cuantos catalanes, cómo nosotros íbamos antes a Biarritz o Hendaya a ver la película de Marlón Brando o a comprar los libros del “Ruedo Ibérico”.
Me ha sorprendido gratamente la noticia de que Manuel Lozano, el mayor de los hermanos de la saga de la Alameda toledana, verso suelto en su canto torero, anuncie que va a apoderar el año que viene a Morante de la Puebla. El mayor de los Lozano Martín, descendientes de Manuel Martín Alonso, que compró la ganadería de Veragua en 1927 y se la vendió a Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio tres años después, ha sido durante muchos temporadas un apoderado independiente y un empresario de plazas cómo Segovia o Tánger. En esta quiso contratar a Manuel Benítez para una corrida y este le puso cómo condición el darle la alternativa. Así ocurrió el 4 de octubre de 1970, con la participación de Gabriel de la Casa, hijo de Morenito de Talavera. Fue presentación y despedida puesto que no volvió a participar en ninguna otra corrida de toros. Pero el Lozano solitario es un hombre peculiar y recuerdo que en los años 60 del siglo pasado me contaba un sueño que había tenido y en el que se presentaba como apoderado de su padrino de alternativa. Se había construido en Alameda de la Sagra un palacete con una piscina climatizada con teléfono en la orilla y una rubia encantadora que cogía las llamadas. ¿Quiénes llamaban? Pedro Balañá, Pablo Chopera, don Livinio en nombre de Jardón, Canorea, Barceló y Jumillano. “Don Manuel no se puede poner porque está nadando”. Cien veces la misma respuesta. Me recordaba la anécdota de Ortega y Gasset cuando alguien fue a visitarlo en su casa y la doncella le dijo “Don José no está; está pensando”. Manuel Lozano no fue nunca apoderado de El Cordobés, pero bueno será que una persona como él acompañe este año que viene a Morante de la Puebla en su andar pausado por los ruedos de España. Estos toreros no se pueden ir nunca.
Ya habrán leído el feliz remate de la temporada de 2017 con el recuerdo a hitos destacados a lo largo de su desarrollo en las distintas plazas de España excepto Cataluña y Canarias aunque también sean españolas. Desde Francia hemos recibido cumplida noticia de todo lo acontecido y un placer de aficionado recordar Sevilla, Madrid, Bilbao, Santander, Arles, Nimes, Granada, Málaga o Zaragoza, Ponce, Bautista, Pepe Luis, Manzanares, Talavante, Perera, Castella, Ginés, Garrido o Roca Rey. Mucho y bueno que contar. Pero hay una cosa que a mí me quita el sueño: el primer tercio. Con motivo de los aniversarios del nacimiento y la muerte de Manolete se ha hablado largo y tendido de las corridas de su tiempo, de la lidia de utreros y del escaso trapío de lo que entonces se lidiaba y rara era la corrida no soportara más de veinticinco puyazos y hasta más de treinta, en un tiempo en el que la puya era de limoncillo y El Pimpi, picador en la cuadrilla del cordobés y con un brazo de acero, le metía al toro las cuerdas y dos palmos de la vara. ¿Ahora?  Una docena de puyazos por imperativo reglamentario y a los picadores se les ovaciona cuando levantan el palo o disimulan con la suerte “de la fregona”. ¿Remedio? El peto anatómico que dé opción al toro a romanear a caballo y jinete y poder pelear en igualdad de fuerzas. Sé que esta propuesta no gustará a los picadores, pero, si la situación actual se agudiza, pronto serán picadores todos los que se puedan subir a un caballo y hasta es posible que se recorten las cuadrillas para disminuir gastos. Hay quién ha apuntado que a los picadores les cuesta más vestirse que picar a un toro. Mi pensamiento está lejos de desear mayor riesgo a los de a caballo, pero lo cierto es que sin riesgo el toreo se diluye, se volatiliza, se esfuma. No quiero llegar a lo de antaño porque el público de hoy no aguantaría tanta víctima equina. Tampoco la cabaña caballar. ¿Y los animalistas? Todo necesita de un equilibrio: el toro, el caballo, el picador, los banderilleros, el matador. Dinamizar con las mayores garantías una suerte que es fundamental para medir la bravura del toro, la eficacia del castigo y el mérito de la lidia que en su primera acepción significa batallar y pelear. Batallar y pelear con arte. Eso es torear. Y en la suerte de picar también cuenta el arte. Se hizo famoso el pareado de Joselito a su picador: “Camero, pica delantero”. Hoy habría que decírselo a la mayoría de los que utilizan la vara larga. El punto idóneo es muy pequeño y adelante o atrás las lesiones son graves y afectan a la movilidad de los toros. Picar bien es un arte y una ciencia. Como la acupuntura.¿ Habrá que buscar piqueros en China o Japón? Pinchar en su sitio.   


jueves, 28 de septiembre de 2017

ARTE, MUCHO ARTE …Y REFLEXIONES


El pasado 23 de septiembre, pocos días después de mi paso del ecuador octogenario, me encontré con el regalo sorprendente e inesperado de una foto a toda página de Manolo Cortés y el texto de Gonzalo I. Bienvenida, nieto de don Antonio y compañero en ilusiones toreras de Pepe Luis Vázquez, nieto de don Pepe Luis, y creo que coincidentes también en andanzas periodísticas. Vi la foto y, al instante, dirigí la mirada hacia la firma del fotógrafo de tan maravilloso documento: Arjona. Pepe Arjona, el mejor de los de antes de la cámaras con motor o digitales. Se trataba de una página del diario “El Mundo” que relataba el homenaje que le había ofrecido en Sevilla, en el Hotel Colón, al diestro de Gines por parte de Pepe Luis hijo, Emilio Muñoz, Espartaco, Fernando Cepeda y Dávila Miura, matadores de toros, y Zabala de la Serna y Carlos Crivell, cómo moderadores del acto. Me quedé largo tiempo contemplando la foto sin pasar a la información. El pie decía: “Una escultural verónica de Manolo Cortés sobre el albero de la Maestranza”. ¡Una escultura! Y era cierto: una escultura. Ya Ignacio Pablo Lozano, el hijo y sobrino de los Lozano de la Sagra toledana, convirtió en escultura una foto de Arjona de Antonio Ordóñez en un lance con la rodilla en tierra, ¿podría convertir este documento en otra escultura? Es pura armonía, placidez, ensueño y belleza. Sin exageraciones, con ritmo y con templanza, un poco adelantado el pie derecho, apenas sujeto el capote con la mano del mismo lado, el toro humillando, asomando la mazorca de su cuerno izquierdo por el corto vuelo del capote y el público absorto en la contemplación de la prodigiosa verónica interpretada por ese gran artista que fue Manolo Cortes. Merecía el lance esas músicas al modo de las dianas mexicanas que escuché recientemente en Arles en lances sueltos o pares de banderillas en la corrida llamada goyesca pero más bien picassiana o dedicada a la pintura Naif de Alberti. Una gran tarde de Juan Bautista, que repitió en Logroño con el toro “Verdadero” de Victorino Martín, a quién el propio ganadero negó el indulto porque dijo que no le había parecido merecedor de tal premio, quizás porque le faltó fuerza, casta brava. ¿Noble? Nobilísimo y bien toreado.
Es el fallo que veo yo en la fiesta de nuestros días. Una corrida de los tiempos de Manolete aguantaba treinta puyazos con la puya de arandela y “El Pimpi” les metía a los toros las cuerdas, la arandela y un palmo de la vara. Hasta a los de Galapagar les falta eso, fuerzas. He visto este verano grandes cosas de arte a Ponce en Bilbao y  Málaga, a Curro Díaz con un  victorino, Ginés Marín, a Ferrera en Pamplona, al propio Bautista que es el rival de Manzanares en la ejecución de la suerte suprema, a Roca Rey en Ejea de los Caballeros, con permiso, en dos toros de Bañuelos, el valor de Colombo, matador de toros en Zaragoza con el mexicano Valadez, a Castella o Cayetano. Mucho toreo, poco toro. En los lugares en los que es obligatorio poner a los toros dos veces al caballo, la segunda puya suele ser simulada.

Es necesario para el futuro de la fiesta recobrar la emoción. Y esto no quiere decir que pretenda que los toreros sufran más cornadas. Lejos de mi pensamiento tal cosa. Cómo no pretendo que los picadores estén expuestos a más peligro, pero llegará el momento en que, para disminuir gastos, con un solo varilarguero se pique toda una corrida. Y casta hay para recuperar ese toro de los años 30 del siglo pasado. Está Ana Romero y sus santacolomas, Alvaro Domecq con lo que creó su padre y él mantiene, un toro suyo, en Ejea de los Caballeros, otra vez con permiso, puso en evidencia al de la bandera pirata, los núñez de Alcurrucen, los jandillas de Fuente Ymbro, los saltillos y santacolomas de Cuadri y algunos más, sin tener que acudir a los antiguos Palhas de horror, terror y furor de los carteles de otros tiempos. La puya, el peto. Hace años que propuse el peto anatómico de materiales ligeros pero impenetrables por balas y pitones. Algunos me declararon “enemigo público”. No era así entonces y no lo es ahora. Había toreros y hay toreros consagrados y promesas ciertas. No hace falta citar a Ponce, el torero que ha roto todas las estadísticas, Morante aunque se haya acurrucado en su rincón a filosofar, El Juli, pura dedicación , a Manzanares, el hijo de su padre, as de espadas en el dique seco para volver a navegar, a Castella, el gallo de oro, a Perera siempre de la mano de Cepeda, Talavante, el improvisador, Cayetano, la casta de todas las castas que en el toreo han sido, Paquirri, los Ordóñez y los Dominguín , la madurez de Ferrera y mi debilidad gitana, Curro Díaz, Urdiales, Pepe Moral, Pérez Mota, Paulita o los Adámez. En efervescencia, Roca Rey y Ginés Marín. Y me han dicho que Pablo Aguado, que acaba de recibir la alternativa en Sevilla, es de los que me va a gustar. He visto alguna foto y he notado su pellizco. Desde chico me he fijado mucho en las fotos de los toreros, mejor de frente que de espaldas, la chaquetilla sin desbocarse, bien puesta la faja, sin quitarse las zapatillas, la taleguilla sin arrugas, el instante, la naturalidad, ese pellizco fotográfico que te daba la instantánea de Arjona, don José. Hubo muchos buenos fotógrafos desde los tiempos de las placas en los cajones oscuros. Ese premio internacional a Cervera por la foto de Toledo, una caída de picador, luego las películas de paso universal de Cuevas, de Jesús, “el chato Rodríguez”, Santos Yubero en Madrid, Sebastián de Barcelona, Cerdá de Valencia, Marín Chivite en Zaragoza, Mateo por los pueblos de Madrid y la factoría de los Botán. Uno de Calatayud desde los años 80 del siglo pasado, Carlos Moncín, tiene su sitio privilegiado. Las docenas de “estampitas” que encargaban los toreros para regalarlas a sus admiradores y el centenario Canito que se colocó su gorra  blanca y recorrió todos los callejones de España. Hay estudios doctos y justos sobre la importancia de la fotografía en los toros. La importancia de la imagen frente a la palabra. La técnica moderna facilita el logro de una buena imagen. Pero ¿quién es el que mejora lo que Arjona plasmó hace años con Manolo Cortés de protagonista? Y con unos cuantos más que comulgaban con el arte. ¿Recuerdan ustedes la foto de Pepe Luis del “el cartucho de pescao” en la mano izquierda, el toro en primer término y el anuncio del “Tío Pepe” como telón de fondo? Estábamos en Jerez de la Frontera, que tampoco es mal lugar para saborear el arte. Desde allí vinieron los toros de don Álvaro.