domingo, 20 de diciembre de 2015

ANTONIO ORDÓÑEZ ARAUJO



Había pensado titular este artículo espectacularmente, “El Ocaso de los Dioses”, pero como no es un aniversario redondo, de cuarto, medio o un siglo, por ejemplo, he decidido encabezarlo con el nombre y apellidos del recordado: Antonio Ordóñez Araujo. ¿Por qué? Porque el día 19 de este mes de diciembre de 2015 se cumplen 17 años de la muerte del rondeño en su residencia sevillana, calle Iris, callejón por el que acceden a la Maestranza los diestros actuantes y sus cuadrillas. Y el día 16 de febrero próximo cumpliría 84 años, que es la edad que yo sume el pasado 15 de septiembre. De ahí el que, enfáticamente, ponga en paralelo la vida taurina de don Antonio como torero y la mía como emborronador de cuartillas para su publicación en los periódicos desde “El Ruedo”, mi cuna, hasta “6TOROS6”, mi penúltima morada casi medio siglo después de que el rondeño abandonara el traje de luces. Los arenas toreras, no, porque parte de sus cenizas póstumas fueron a reposar al ruedo de su ciudad natal, amparo también del poeta Rilke y el cineasta Orson Welles y estatua dedicada al gran Pedro Romero.
Más que una biografía de Ordóñez, yo pretendo plantearme preguntas y reflejar respuestas sin orden  ni concierto. Me atrevo a afirmar que era tan gitano como “Joselito” y no lo manifestaba nunca aunque su mozo de espadas y un banderillero fueran de la familia de los Vega de los Reyes, sobrinos de Rafael y Curro (Curro Puya, primero que arrastró por los alberos los vuelos de su capote) el que murió en Madrid a los dos meses y medio de sufrir una cornada en la plaza vieja. Antonio era muy particular en sus decisiones. Hubo unas años en los que al final de la temporada se reunía con todos los miembros de su cuadrilla y asistían a una especie de ejercicios espirituales con final fraternal. Se trataban de hermanos entre ellos y siempre llevaban  un crucifijo en la mano. “Hermano Carmona, te tengo que comunicar que a la temporada que viene no estarás en mi cuadrilla. Le he dado tu puesto al hermano José Antonio Romero”. “Hermano, Ordóñez, eres un hijo … Esto me lo dices antes y no vengo a los ejercicios”. En otra ocasión, toreando en Linares, Antonio Galisteo le dio un capotazo de recibo a un toro que metió un pitón en la arena y se lo rompió. Aun así, Ordóñez le cortó la oreja a ese toro y cuando iba iniciar la vuelta al ruedo acompañado de sus banderilleros, se volvió hacia Galisteo y le ordenó que se quedara en el callejón. Quiero decir con estos detalles que era un hombre de difícil trato y que su suerte fue encontrarse con una mujer maravillosa, fantástica, Carmina, la pequeña de los Dominguín. Personalmente también tengo mi anécdota peculiar. Me había llamado para que le fuera a hacer una entrevista en Sevilla y allá que me fui al hotel Alfonso XIII donde me esperaba. Entonces le propuse hacerlas fotos con  la Torre del Oro como telón de fondo.” ¡Qué original!”, fue su sarcástico comentario. Yo le repliqué que, siendo su  deseo que el encuentro fuera en la capital del Guadalquivir, lo más lógico era ilustrarla con estampas de lo más “typical” y le recordé que él había ido a Roma y se había subido a una columna con un capote para que el fotógrafo de turno le perpetuar en el más clásico lance a la verónica sobra la base del románico.
A los matadores también los traía en jaque y cuando Miguel Márquez, al que le había dado la alternativa en Málaga, se empeñó en que se la confirmara en Madrid le contestó que sí, pero con una corrida del Conde de la Corte (el Conde, Atanasio y el Marqués de Domecq eran las ganaderías favoritas de Ordóñez). El de Fuengirola tenía raza y salió a hombros por la Puerta Grande. Yo le pregunté al de Ronda que si no torearía nunca con Manuel Benítez y me contestó que una docena de corridas .seguidas sí, una en solitario ni hablar. Y hubo un cronista que vivió algún tiempo en la finca de “Valcargado” y se mostraba rendido admirador del rondeño. Se enfadaron y entonces el cronista se hizo partidario del torero de Villalpando. Se repetía la anécdota belmonteña de cuando alguien le preguntó a don Juan lo que opinaba sobre Díaz – Cañabate: “En los tiempos de José y yo, él era  de Vicente Pastor”. Cañabate tuvo la ocurrencia de llamarle “el rincón de Ordóñez” a las estocadas bien ejecutadas por el de Ronda pero apuntando a la punta de la paletilla derecha del cornúpeto para asegurar la muerte. Fue un buen estoqueador, el autor del mejor lance a la verónica de pie y de rodillas y un profundo muletero. Arjona le hizo una foto de un lance rodilla en tierra y Pablo Ignacio Lozano le dio su volumen en bronce. Le cantaron Julio Aumente, José Bergamín, Alfonso Canales, Aquilino Duque, Rafael Duyos, José García Ladrón de Guevara, Luis Jiménez Martos, José de Miguel, Jorge Sarasa, Antonio Murciano y Ángel Peralta. Le sacó las entrañas Antonio Abad Ojuel, lo retrataron todos y lo dibujaron y pintaron otros cuantos. En una publicación y sobre su silueta marcaron más de treinta puntos de dolor, cornadas y lesiones casi a la par de Diego Puerta.
No fue fácil la vida de Antonio Ordóñez. Su padre, “Niño de la Palma”, ganó mucho dinero pero lo dilapidó y tras la Guerra  Civil confesó que no tenía ni para tabaco y debía vestir el terno de plata para dar de comer a sus hijos. Enfermó del pecho y murió joven, cuando ya todos sus hijos menos Juan y Alfonso, grandes subalternos, habían tomado la alternativa, en 1961.Juan se casó con la actriz Paquita Rico y tuvo un extraño final, Alfonso ha sido uno de los mejores en la gran etapa de los grandes banderilleros como “Pinturas”, Chaves Florez,” Tito de San Bernardo”, “Michelín”, Julio Pérez “Vito”, “Parrita”, Alfredo David de retirada, “El Boni” grande, “Bojilla”,  “Miguelañez”…
Hemingway tenía su resquemor hacia el torero que había protagonizado su novela “Fiesta” ambientada en los sanfermines pamploneses. Y vino a España para comprometer al hijo de Cayetano, Antonio, que había remontado el vuelo y se lo consideraba como el mejor, el más clásico de los clásicos. A Papa Ernesto le habían encargado un gran reportaje de la fiesta de los toros ( por recomendación de Gertude Stein, su primera corrida en España la había visto en Madrid en 1923,  en una tarde en la que actuaban dos diestros aragoneses, Gitanillo, que a la llegada de los de Tríana tuvo que añadir lo de Ricla, y Nicanor Villalta junto al  sevillano “Chicuelo”, pero ya conocía la fiesta en la frontera mexicana) y su primer pensamiento treinta años después fue reencontrarse con  el hijo de su menguado ídolo y proponerle una serie de corridas mano a mano con  su cuñado Luis Miguel. En el título se entremezclaron los adjetivos de peligroso y sangriento a un verano en  el que ambos toreros pagaron su tributo. Nieves Herrero, no sé en base a que testimonios, dice  que Hemingway considero triunfador de aquellas diez corridas a Luis Miguel cuando en realidad todos los elogios fueron  destinados al de Ronda, hasta el punto de que el “number one” puso  en duda de que el americano supiera de toros y de escritura. Pese a su gran divulgación y a los millones de lectores que a través de la obra de Hemingway conocieron la fiesta española, lo cierto es que la traductora del texto al español no era muy ducha en el lenguaje torero y  cometió algunos errores que no empequeñecen la significación del más trascendental relato taurino. Soy, lo  confieso, rendido admirador de don Ernesto. Y de Luis Miguel y de Antonio Ordóñez aunque sean tan diferentes y tan dispares. El texto de “El verano  sangriento” se publicó en “La Gaceta ilustrada” con dibujos de Picasso y fotos de Cervera, el fotógrafo que gano un premio universal de fotografía en Londres con “Caída al descubierto”, foto tomada en Toledo y en la que aparecen al quite Belmonte y Gaona.
Pese a su gran dimensión como torero, Antonio Ordóñez no fue un hombre feliz aunque que tanto Carmina Dominguín, que murió joven un 29 de agosto, como Pilar Lezcano fueron excelentes compañeras del rondeño. Y pese a la gran legión de seguidores con un grupo selecto que acudía a todos los festejos en los que actuaba y que se comportaban de una forma apasionada. En aquella corrida de Linares del incidente con su banderillero Galisteo, al rematar al cuarto toro de la tarde se levantaron de sus asientos y abandonaron la plaza. “Ya no queda nada por ver”. Y aquel día le acompañaban en el cartel Diego Puerta y Santiago Martín “El Viti”, dos toreros importantes.

Luis Miguel hizo unas declaraciones a un medio americano en las que manifestaba que Antonio era un buen chico que se había casado con su hermana y que, por lástima, le apoderaba  su padre, el ocaso paterno, su hermano Juan, luego las hijas, Carmen y Belén, Paquirri, su nieto Francisco a los ruedos y Cayetano a estudiar… Cuando vivían en Madrid , en San Juan de la  Cruz, junto a los Nuevos Ministerios, su casa era refugio de personajes. Un novillero del otro lado del Atlántico era el vigilante de sus niñas, Carmina ponía orden. El torero iba y venía y en San Sebastián le brindó un toro a José María Jardón y le dijo al oído que era el último toro que mataba. Lo que no le contó don José María al torero es que pensaba derribar esa misma plaza y vender el solar a una inmobiliaria. La de Bilbao se quemó una noche pero el arquitecto Gana, ordoñista, levantó una nueva en  unos meses. La de San Sebastián tardó unos cuantos años en resurgir pero lejos de el viejo Chofre. Las Vascongadas era vivero de ordoñistas, el Conde de la Unión en la navarra Buñuel, en Zaragoza hasta Brualio Lausín, el hijo  de “Gitanillo”, ”luismiguelista” de nacimiento, Jerez y su administrador Emilio Rosales, el del Moral padre de Colmenar de Oreja, la duquesa vecina de “Valcargado”, todos subyugados por uno de “los doce apóstoles toreros”. Algún día me atreveré a hacer la lista. Hoy vuele mi recuerdo hacia la memoria de un gran torero que no llegó a ser feliz.

domingo, 13 de diciembre de 2015

CARA Y CRUZ ZARAGOZANAS

Simón Casas y su amplio equipo de colaboradores: Enrique Patón, Nacho Lloret, José Luis Ruiz, la adorable Silvia y una atenta jefa de información  sevillana que nos tiene al día de todo lo que ocurre en el coso zaragozano. Luego unos asesores de imagen que este año ha dado a la luz de todos los vientos una curiosa serie de los principales componentes pilaristas con un sorprendente Morante de la Puebla que en ocasiones nos ha llamado la atención con amplias patillas de hacha, hermosa pelambrera tipo “el Paquiro” de mediados del siglo XIX, tocarse con un canotier o un bombín, taparse con una capa de Seseña o fumandose un Churchill entre toro y toro al estilo de Adolfo Rodríguez “El Pana”, mexicano de Apizco. Para esta ocasión se nos presenta a calzón (taleguilla) medio caído, el torso pintarrajeado, el nombre de Salvador a modo de tatuaje pintado y los bigotes y la mirada  dalinianos. “Soy arte puro”. Los otros retratados son de “El Juli”, brazo desnudo y la leyenda “Soy Tauromaquia”, López Simón, brazo y pierna al descubierto, “Soy verdad”, ambos en recuerdo del retrato que le hizo a Juan Belmonte el fotógrafo valenciano Julio Derrey y que se publicó en “Mundo Gráfico” el 21 de abril  de 1926 y otro posterior de Juan Gyenes con  el fondo del que le hizo al óleo Julio Romero de Torres, Urdiales, el torso desnudo y un capote bordado con racimos de uva y hojas de parra, “Soy honesto”, y Talavante, de negro con gola y puñetas blancas, la mano en el pecho y una feliz confesión: “Soy libre”. Algo  así como “hago lo que me da la gana”. Las cinco fotos cubrieron una parte de la fachada del coso de Pignatelli que construyera el arquitecto Navarro del 16 al 18 del pasado siglo XX y lucieron en autobuses, tranvías, columnas del Paseo de la Independencia y de casi todas las publicaciones taurinas. Fue un buen impacto publicitario que, sin duda, despertó la curiosidad de los que estaban alejados de la fiesta de los toros o no habían estado nunca. Estamos en tiempos en los que no nos podemos dormir en los laureles - lo dice hasta al pintor Barceló en  su seguimiento a Goya y Picasso – y todos los esfuerzos serán pocos para mantener el fuego sagrado de la afición a los toros que algunos, muchos desde la otra acera política o cultural, no pueden  apagar y pretenden que nos chamusque y destruya. Casas ha triunfado en Zaragoza pese a los malos auspicios de sus detractores y desde las páginas del suplemento semanal de Aragón en ABC, Ángel González Abad, ha detallado hechos y cuantificado cantidades con las que estoy de acuerdo y leo con regocijo.

Pero, al margen de la buena noticia que supongo que se habrá reflejado en los resultados crematísticos de la Feria del Pilar(no hay que dudar que los empresarios ganan dinero o cierran el chiringuito), me da la impresión de que los tiempos han cambiado mucho y el ambiente taurino zaragozano es muy distinto del de hace unos años. Primero la plaza de toros. Lo puedo atestiguar porque fui consciente de cómo se hallaba a finales de los años  70 pasados y de las obras que se iniciaron primero con el diputado Ángel Esteban Enguita (UCD) y después con el diputado Eduardo Aguirre (PSOE) hasta que me obligaron a jubilarme en  1996 con un festival goyesco de grato recuerdo, en el que actuaron Francisco Marcos “Marquitos”, “Paulita”, ambos con  caballos, y Ricardo Torres sin ellos, más una cuadrilla de toreadores valencianos, recortadores, roscaderos, saltadores y algunos de sus encantos de referencia con las facetas de la época goyesca. Se cumplían los 250 años del nacimiento del de Fuendetodos. La tarea de recuperación de la plaza zaragozana continuó y ahora es la más bella y cómoda de España entre las plazas de primera, cuatro año más joven que la de Sevilla pero sin comparación en  lo que a operatividad y uso público se refiere. No así en lo que a su explotación turística y torera respecta. Está cerrada a cal y canto hasta  para los pocos profesionales que en otros tiempos entrenaban a diario en el ruedo zaragozano. Por su belleza monumental y la riqueza artística que posee la DPZ en  sus almacenes, el retrato de Manolo Gracia que hizo Gárate o la copia de la despedida de Lagartijo, los carteles, la colección  de la Tauromaquia de Goya y algunas cosas más que están muy bien guardadas pero no disfrutadas. Vivir la plaza de toros  en toda intensidad y durante todo el año para aprovechar también esa cubierta que es casi la única que no le ha quitado carácter a un coso taurino. Nada que ver con las plazas cubiertas de nueva construcción  que más parecen salas de fiesta, tanatorios o monstruos de concreto, como le llamaban a “la México” en sus primeros años. Cenáculos taurinos, del “Oro del Rin” de Requete Aragonés y “La Maravilla” a “La Taurina” de la calle Pignatelli, frente a la plaza de toros. Apenas unos cuantos nos reunimos los jueves de cada semana. Otros luchan organizando actos de todo tipo con  el reclamo vía internet, Fernando García Terrel, Eduardo Gavín, Bonilla, Fernando Polo, “El Niño del Herdy”, Armando Sancho y “Pascualillo”, que en la calle Libertad recuerda los años que hace que se retiró Curro Romero. No pasa solo en Zaragoza. En Madrid han desaparecido los toreros de la llamada playa taurina, de la calle Sevilla a “La Tropical” de la calle Alcalá a la esquina de la de La Virgen de los Peligros, donde estaba “Riesgo”, la calle Aduana con el sastre Fermin, o la calle Jardines y “La Pañoleta”, donde yo le hice una entrevista a Gitanillo de Tríana, su esposa y su suegra, Pastora Imperio. Queda “Don Paco” en  Caballero de Gracia, casí al principio de Gran Vía. Y no te encuentras un torero en toda la Plaza de Santa Ana ni hospedado en el Hotel Victoria. Apenas el banderillero Barroso “Pechoduro” y el ínclito Gonzalito. Todavía se mantienen  en “Viña P” los cuadros de Pepe Puente y los hijos de Manolo Chopera que siguen los gustos culinarios de su padre.

Y lo que es más significativo de todo: Zaragoza fue la plaza donde se hicieron todos los toreros aragoneses y hoy en el escalafón de novilleros sola hay dos de la tierra con un par de novilladas sumadas por cada uno: Miguel Cuartero y Jorge Isiegas, sobrino de Octavio  Iglesias. Zaragoza, cruce de caminos entre Madrid y Barcelona, Valencia y San Sebastían, La Coruña, Santander y Tarragona, es la plaza de Paco Camino (por delante de la de Sevilla), Diego Puerta, Chamaco y Miguel Márquez cuando se daban novilladas en Alagón, Cariñena, Daroca, Maella, Pina de Ebro, Ricla, Tarazona, Tauste, Ejea de los Caballeros, Ateca, Sos del Rey Católico, Illueca y Calatayud en la provincia de Zaragoza, Huesca, Barbastro y Jaca en la propia Huesca, y la gran mayoría de las de Teruel, Albalate, Alcañiz, Calanda, Cella, Escucha, Orihuela, Utrillas, Valderrobles, Muniesa y la capital. ¿Cuántas novilladas se han  dado en Aragón la temporada que ahora se remata? Algún festejo mixto en tierras turolenses si es posible con amazona tan bella como la francesita que abrió la Puerta Grande de Zaragoza en el remate de la feria pasada. Buena estampa equina: no me canso de repetir que me recuerda a don Álvaro montando a Espléndida.


Como le dijo el mono a la mona tras la última explosión de la bomba nuclear: “Tendremos que volver a empezar”.

martes, 27 de octubre de 2015

EL CIERZO QUE VIENE DE EUROPA

El cierzo es un viento recio y frío que algunos llaman del Moncayo, la cumbre de la provincia de Zaragoza en su frontera con Soria. Pero ese viento viene del Cantábrico, Europa, y se encauza por el  camino del Ebro, río torero con la contribución de los de Aragón, Navarra, La Rioja y buena parte de Las Vascongadas. Y su fuerza y vigor estuvo presente en la primera corrida de la Feria del Pilar de este año para defender lo que conocemos por fiesta española. Por primera vez en muchos años, el autobús que me trae desde mi casa a la plaza de toros iba al completo y se vació en casi su totalidad en la parada más cercana al coso de Pignatelli. Allí nos esperaban los antis. Ni caso. Dentro de la plaza, un ambiente sensacional, pancartas alusivas a Cataluña y Baleares, canciones y ese grito que tan bien suena de ¡Libertad! Libertad para ir a los toros o comerse un huevo frito con puntillas doradas aunque lo haya puesto una gallina metida en una jaula de un palmo de altura y con la luz encendida día y noche. En un bar de la ciudad se venden huevos fritos de GALLINAS FELICES con patatas y jamón. Me figuro yo que serán gallinas de corral o de monte, de esas que andan sueltas y tienen un par de gallos de alta cresta roja y precioso plumaje. Las otras, las de las granjas ponedoras, hubiera querido ser toro de lidia. Y ese primer día del Pilar de Zaragoza me gustó especialmente Talavante porque me sorprende. Su toreo es algo así como el “jazz” a la música. Sin pentagrama. Y es que la fiesta está más cuadriculada que un óleo de Antonio López y ocurre en nuestra histórica plaza que los espectadores aplauden cuando un picador levanta el palo aunque el toro empuje al caballo a las tablas y hasta derribe. En este apartado de la bravura del toro no creo que ninguno supere al cuarto de la corrida del día del Pilar, que se llamaba “Pescadero”, bella estampa, pelo negro, recién cumplida la mayoría de edad y 545 quilos. Pertenecía a la ganadería de Daniel Ruiz, de Albacete, con procedencia de “Jandilla” y, por tanto, no muy querido por los llamados puristas (puritanos, más bien). El caso es que la bravura surge en cualquier lugar, día u hora y que “Pescador” fue un  toro bravo. Y para un toro bravo es necesario un torero bravísimo, cosa que nadie discute que lo es y lo demuestra Julián López “El Juli” y por lo que a mí me interesa. Ya tengo dos toreros en mi lista de favoritos. Lo son también Morante por su duende y Ponce, un magno (el más magno de la historia del toreo) que no pudo acudir a la cita pilarista y fue sustituido  por “el improvisador”. Ya son cuatro. Sigo el consejo de un experto en Tauromaquia: “El mejor aficionado es al que le caben más toreros en su cabeza”.

Paso de puntillas por la corrida de Zalduendo, reconozco el mérito de sus lidiadores y apunto un detalle que no creo que pasara por la mente del señor presidente para negarle la segunda oreja a Padilla en el cuarto toro de Zalduendo. Solo un detalle que no tienen en cuenta la mayoría de los espectadores y parte de los críticos: una estocada en la que se pierde la muleta ya no es una estocada perfecta y esa segunda oreja exige perfección en todo. Bueno la perfección en el toreo es relativa. Quizás también el señor Bentué, presidente, consideró excesivos los muletazos que Padilla ejecutó con las dos rodillas en tierra. Hubo un  diestro famoso que se prodigó en este tipo de toreo. Era Agustín Parra “Parrita” y lo hacía porque le pasaba lo que al de Jerez: tenía una buena estatura y, en pie, a estos diestros se les notan más los defectos que a los más bajitos, tipo Camino, que también era torero de mis predilecciones. O Pepe Luis, el santo patrono del sevillanismo al que rezo con fervor.

Y llegamos a la novillada de la Feria. Del victorioso y paisano señor Marcuello que anuncia su ganadería como de “Los Maños”. Marcuello es el Victorino aragonés. También como el de Galapagar, es de pueblo, no es tocinero pero se dedica a  carrozar camiones y  remolques, tiene sus animales en la Sierra de Santo Domingo y buscó la bravura casi en las mismas fuentes que el señor Martín, en lo de Vistahermosa, los Saltillos santificados con los santacolomeños del prolífico Mayoral y un ajuste de lo de Bucaré de Buendía. Lo que no sé es si Marcuello podrá superar tipos y caras para presentarse ya con toros en plazas de primera. Lo han sufrido los de Santa Coloma hasta casi desaparecer por completo Pero la bravura está ahí y se agradece  su mimo y cuidado. La cosa se preparó para repetir la apoteosis del año pasado y se rozó el larguero de una vuelta al ruedo merecida por el cuarto de la tarde lidiado con buen pulso y exquisita calidad por Ginés Marín. Varea confirmó lo mostrado el año anterior y acreditó que está en buenas manos, en la de Santiago López, que es un buen cuidador de toreros. Espero que Marín y Varea engrosen mi lista de favoritos. En el caso del mexicano Valadez lo veo más difícil.

Una curiosidad que puede interesar a los reglamentistas: en la corrida del día del Pilar, mano a mano (o pata de caballo) de Diego Ventura y Julián López “El Juli”, hubo sobresaliente para este último pero no para el caballero. Es que no lo contempla el Reglamento, cierto, pero ¿no puede sufrir una cogida el rejoneador solitario y no poder continuar la lidia? ¿Un rejoneador sobresaliente con sus caballos? El sobresaliente de a pie de esta ocasión fue Jeremy Banti, al que yo no conocía de nada. Entonces, sabiendo de las inclinaciones del galo Simón Casas, le pregunté al sabio y afrancesado “Barquerito” por el rubio y bien vestido Banti. Me lo aclaró todo: es matador de toros con alternativa en Francia no confirmada en España, de buena técnica y mejor manejo de la espada y que ejerce como tal sobresaliente en las corridas de su país que lo requieren.

En la corrida de Adolfo Martín, entre cárdenos bragados y negros entrepelados hubo uno que destacó por su edad y por la conformación de su cabeza. Hubiera cumplido los 6 años en el mes de diciembre próximo, se llamaba “Lagartero”, pesó 495 quilos y era excesivamente cornipaso, circunstancia esta que pudo suponer el rechazo de los veedores en las corridas que había lidiado antes don Andrés. A Zaragoza. Allí pasa todo. Pese a la destartalada cornamenta del “martinico”, Ricardo Torres lo mató de una buena estocada, la que hubiera necesitado en San Jorge para alcanzar un gran  triunfo. Rafaelillo, heroico; Paulita en el detalle sin rematar. Al sexto, otro “Lagartero”, un año y tres meses más joven, le pudo cortar alguna oreja. Y las oportunidades hay que aprovecharlas. Simón Casas, orgulloso de su campaña con las fotos nada comunes de Morante, “El Juli”, Talavante, Urdiales y  López Simón, dice que el año que viene va a ser el de la remontada de la fiesta y que en sus plazas les va a dar sitio a los nuevos, los que han tomado la alternativa recientemente como Roca Rey y los que la van a tomar a principio de la temporada que viene como Ginés Marín y Varea.


El sábado, 17 de octubre, hubo cosas curiosas y sorprendente. La primera que Talavante se viniera a Zaragoza con sus toros de Garcigrande y Domingo Hernández y López Simón con sus tres de “El Vellosino” y que no hubo sorteo. ¿Es eso reglamentario? Ya sabe el que me leyere que no soy muy partidario del Reglamento y menos de que cada comunidad tenga su propia legislación. Pero si el presidente pasó por alto el trámite del sorteo habitual ¿por qué no transigió con el espadazo tendido y el descabello a la primera con los Talavante remató una faena inenarrable, ligada, cosida, con vainicas y pespuntes, con  flores y canciones, con gallardía, imaginación, con la locura transmitida a la mayoría de los espectadores. Solo le concedió una oreja del llamado “Colchonero”, de Domingo Hernández, 622 quilos y a cuatro meses de cumplir los 6 años. La cosa tuvo un extraño remate: el ínclito Alejandro, extremeño de nacimiento, cogió montera y capote, se fue hacia los medios, pasó junto al alguacilillo de las altas plumas que tenía la oreja de “Colchonero” en su mano, lo ignoró olímpicamente y dio dos ovacionadas vueltas al ruedo. Yo, en mis 75 años de espectador y escribiente taurino no había visto nada parecido. He visto tirar el trofeo bajo el estribo de la barrera, entregárselo a alguno de los subalternos o lanzarlo contra alguien del tendido o el callejón. Lo de Talavante es algo nuevo bajo el sol que alumbra las arenas de los ruedos del mundo. Que hablen de uno aunque sea bien. Y en la corrida de rejones del domingo, la despedida de Fermín Bohórquez, las  magistrales lecciones de toreo de Pablo Hermoso de Mendoza y las dos orejas y la salida a hombros de la francesita Lea Vicens. Es un encanto a caballo. Tanto que me recuerda en apostura a don Álavaro Domecq Díez. Con una coleta rubia y la agradable y seductora sonrisa. Al sexto toro lo mató de un rejonazo sin puntilla y dejó al jubilado y al magister con la boca abierta. Un  episodio más de la Feria del Pilar más animada del último quinquenio. Y el  cierzo y Simón Casas, señores, vienen de Europa. El toro raptó a Europa. Europa se quedó en España y ahora resulta que llega por los Pirineos. 

martes, 14 de julio de 2015

EL MAESTRO JOSÉ LUIS RAMÓN


Le llamo maestro pero es algo más: doctor en Ciencias de la Información. Y “fue cocinero antes que fraile” porque  estuvo en la Escuela Taurina de Madrid y hasta debutó con picadores en Las Ventas. Luego se inclinó por el periodismo y ahora es el director de la revista “6TOROS6”. Y desde esa su tarea profesional realiza algo que no es muy habitual en este mundo de la información: enseñar. José Luis desde su relevante y comprometido heraldo se interesa exclusivamente por la información y la enseñanza que por los chismes y los ecos sociales. Y, además, publica una excelente obra que titula EL TOREO FUNDAMENTAL (Historia, técnica y estética de las suertes del toreo) y que curiosamente ha sido editada por “Edicions Bellaterra” de Barcelona, un libro de gran formato, a cuyo texto explicativo acompaña una amplia información gráfica. José Luis Ramón ya publicó hace años “TODAS LAS SUERTE POR SUS MAESTROS”, donde estos daban razón de estos por la interpretación de cada uno de sus lances de la lidia. Ahora justifica su incursión en este campo de la didáctica torera con la presencia de dos toreros renovadores: José Tomás y “El Juli”. Al primero por su forma de interpretar las manoletinas y las chicuelinas y a “El Juli” por su largas con el capote. Pero en las 254 páginas del libro hay ocasión de enterarse de casi todo lo que tiene relación  con al arte y al oficio de torear.
El primer capítulo se refiere a “Apuntes sobre la técnica del toreo”: cruzarse, ganar o perder pasos, las distancias, adelantar la muleta, meter el pico, ligar en redondo cuando antes no se giraba sobre los pies para enlazar los pases, era natural y cambiado, la profundidad y vaciar la embestida como remate del embroque inicial. O sea, lo de parar templar y mandar. El toreo de frente o de perfil, cargar la suerte y torear a pies juntos o con el compas abierto, los toques, las alturas de los engaños o codillear. Codillear es torear con al codo pegado al cuerpo. Antiguamente este era un defecto muy repetido entre los toreros novatos, ahora parece que los principiantes lo tienen todo aprendido y es más frecuente que escupan las embestidas antes que reducir espacios. Hay toreros que hasta se regodean con el codilleo y proporciona a su intérprete una especial cualidad emocionante y artística que se transmite al público.
En el capítulo “LA VERÓNICA, HISTORIA DE UN MILAGRO”, José Luis hace su lista de favoritos: Antonio Montes, Juan Belmonte, Joaquín Rodríguez “Cagancho”, Luis Castro “El Soldado”, Victoriano de la Serna, Fernando Domínguez, Mario Cabré, Pepe Luis Vázquez, Antonio Ordóñez, Rafael de Paula, Curro Romero, Curro Vázquez y Fernando Cepeda. Hay muchos más, claro está. Yo no me olvidaría de “Curro Puya” y de Manolo Escudero y hasta de un sevillano, Antonio Gallardo, que hubiera sido figura del toreo si la lidia se hiciera solo con el capote. Y la media verónica para Juan Belmonte. Luego “Antoñete”, Antonio Bienvenida, Juan Posada y todos los  citados como intérpretes de la verónicas. Antonio Ordóñez y su media  de rodillas inmortalizada por Arjona y fundida en bronce por Pablo Ignacio Lozano.
Otro espacio lo dedica Ramón a las largas. Quizá en estos momentos se den casi exclusivamente largas cambiadas de rodillas “a porta gayola” o junto a las tablas y en alguna ocasión una larga de remate de una serie de lances, pero la larga cordobesa o de Lagartijo o las de los subalternos Pepe Miguelañez, “El Boni”, Chaves Flores o “Tito de San Bernardo” se han quedado para el recuerdo. Claro que en estos momentos no hay subalterno por importante que sea que se encargue de torear al toro de salida y son muy pocas las oportunidades que tienen estos toreros para mostrar sus virtudes capoteras. Hace unos años, en San Isidro, se concedía un premio al torero que mejor interpretara este lance. Ahora quedaría desierto.
Revoleras , afarolados y la polémica gaonera, lance de frente por detrás ( el torero de frente y el capote por la espalda), de costado por detrás (de costado el torero y el capote a la espalda) y por detrás y de espaldas (el copote a la espalda  y el toro por detrás). De este último lance habla “Pepe-Hillo” en su “Tauromaquia”, pero lo primera estampa conocida es la de Pedro Romero pintado por Goya en una de las hojalatas conocidas como de Cean Bermúdez. Otra posterior es el grabado que Lake Price le hizo a “Paquiro”,  mientras en el siglo XX era el mexicano Pepe Ortiz el que la incluía en su llamado “Quite de Oro”, mientras que en estos tiempos yo solo recuerdo en lances similares a Julián López “El Juli” en la citada  como“escobina” y a Joselito Adame. “Pepe-Hillo” dice que el remate es girando los pies al revés del viaje del toro. O sea como una chicuelina invertida. También se decía que era lance al que se apodaba “la aragonesa”, por lo que yo deduje que dado que en aquellos tiempos  no había torero aragonés de renombre desaparecido “Martincho” de los ruedos hacia 1764, el que transmitió la suerte a Pedro Romero y “Pepe-Hillo” fue el mismísimo Goya. A Cayetano Sanz le retrataron en un lance al costado y por  detrás. ¿Pudo ser la primera especie de gaonera?
La rogerina (Victoriano Cuevas Roger “Valencia”), la saltillera (Armillita), la caleserina (Alfonso Ramírez “Calesero”), la mariposa (Marcial y Luis Miguel) y la chicuelina (Chicuelo). El toreo de capa es rico y variado  y, además, no tiene límite en el número ni en sus intérpretes.
Suerte de varas tan modificada. Cuando se impuso el peto protector en la Dictadura de Primo Rivera algunos aficionados dijeron que se acababa la fiesta. Es todo lo contrario, pero es cierto que ese peto ha hecho casi desaparecer a la llamada “víctima de la fiesta” y aquella emoción que representaba la lucha del toro y el caballo y el riesgo de los picadores. Vaya lo uno por lo otro. Banderillas, la última novedad, “el par del violín”, imitación del que se hace a caballo con los palos reunidos y sin cuadrar en la cara del toro que, para mí, es lo más importante, no correr ni saltar, salir andando de la suerte, los pases más fundamentales, suerte natural o contraria, naturales o cambiados, el forzado de pecho los de adorno, los estatuarios, trincherazos, lasernina luego manoletina y en cierta ocasión la montalvina a causa de la actuación del  Madrid que se harto de dar manoletinas en un festival, la bernardina de Joaquín Bernadó, la muleta y la espada en el lado contrario que la manoletina.
Y para rematar, la estocada. La foto de Camino que le hizo Cuevitas en Bilbao: ¿La más perfecta? No lo sé. Al menos, magnífica. Recordar a Rafael Ortega y hace poco a Uceda Leal. Y hoy a Manzanares hijo. Mata muchos toros bien y algunos en la suerte de recibir en la que era maestro Pepe Bienvenida.

Bueno , esto es un leve apunte de todo lo que cuenta en su libro “ELTOREO FUNDAMENTAL” de José Luis Ramón. Yo solo he bocetado lo que puede encontrar en esta magnífica obra  el buen  aficionado a los toros.        

jueves, 18 de junio de 2015

LA HISTORIA SE REPITE

Hace casi cuarenta años, 1979, cometí la osadía de apuntarme al más partido de todos los partidos de entonces, a UCD, y formar parte de la candidatura para el Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros. Fue UCD el partido más votado, pero el apoyo del PSOE a la candidatura del Partido de Independientes de Izquierda le dio la alcaldía a esta formación en la que participaban algunos maestros y profesores y agricultores. En una de las primeras reuniones del nuevo consistorio tocó discutir el tema de las cercanas fiestas populares para iniciarse esta discusión con la propuesta de que desapareciera del encabezamiento de esas fiestas lo de EN HONOR DE LA VIRGEN DE LA OLIVA y que los concejales no asistieran como tales a las procesiones. Luego, el día de la patrona, en la procesión, se desató una violenta tormenta y el único edil que aguantó hasta el final fue el señor Tapia, del Partido Comunista, que, además, había estrenado traje aquel día.

Otro tema polémico fue la celebración de una corrida de toros en esas fechas festivas. Mi amigo Manolo Cano me comunicó que quería organizar en la moderna e infrautilizada plaza de toros de Ejea una corrida de toros con la participación de Manuel Benítez “El Cordobés” con Joaquín Bernadó por delante y otro diestro más. Yo le argumenté que al ser nuestro primer año en el consistorio ejeano no podía prescindir del concurso de Miguel Peropadre “Cinco Villas”, cosa a la que accedió Cano sin problemas. Pero la propuesta tenía que plantearse al consistorio y hubo que decidirla democráticamente. Ganó el sí al festejo gracias al voto del propio señor Tapia y se celebró el 4 de septiembre de ese año de 1979 con la mayor afluencia a una corrida de toros que haya habido nunca en esta plaza, con la villa repleta de automóviles y los bares y restaurantes a tope. Aquel día se acabó el pan en Ejea y no sabría como valorar el impacto económico y turístico que aquel acontecimiento tuvo en la capital de Las Cinco Villas. Era el tercer paseíllo de Manuel Benítez en Ejea, el primero en una novillada en la que se lanzó de espontáneo un sacerdote con sotana, y el segundo en una corrida de toros de “las guerrillas” con Palomo Linares.

¿Qué ocurrió los años siguientes hasta 1983 en que termino la legislatura? El alcalde, Mariano Bergés, afirmó que si hostelería aportaba dinero para festejos taurinos estos se llevarían a cabo. En caso contrario, el Ayuntamiento renunciaba a esta programación. No hubo toros en los años siguientes, en el 82 una corrida en abril y otra en septiembre por iniciativa particular, una novillada, una actuación de “El Toronto” y un festival que organizó el hijo de Baquedano con la colaboración de Andrés Álvarez y en el que participaron “Antoñete”, Gregorio Sánchez, Curro Romero, Rafael de Paula, Miguel Cinco Villas y los novilleros Manuel Fuentes y “Gallito de Alfaro”, el 9 de abril de 1983. Esta fue la última vez que Miguel Cinco Villas actuó en Ejea. En agosto murió en un accidente de automóvil. En septiembre se celebró otro festival a beneficio de la familia del torero ejeano a instancias de la Peña “Martincho”, que dos años después, con nueva conformación edilicia, inició una etapa de cierto esplendor de la historia taurina de la Plaza de Toros de Ejea de los Caballeros, que cumplió sus bodas de plata en 1987 con un cartel con dos corridas de toros en las que participaron Morenito de Maracay, Vicente Ruiz “El Soro”, Roberto Bermejo, Manzanares, Julio Robles y José Luis Palomar, un festejo mixto con el rejoneador Curro Bedoya y los novilleros Casanova y “El Molinero”, “El Toronto”, toro de fuego, corrida landesa, recortadores y roscaderos. Fue el comienzo de una bonita y lógica historia para un pueblo que en el siglo XVIII y principios del XIX era centro principal de la ganadería brava española.

No creo que en el momento actual se cierren las puertas toreras cincovillesas, pero de otros lugares llegan noticias alarmantes. De Huesca, por ejemplo. Nada de festejos taurinos y supresión de las mairalesas, que son las majas o reinas de otros lugares. En Huesca, que no es provincia de amplio espectro taurino, si tiene larga tradición en su capital y su plaza es de 1929. Por San Lorenzo recoge una amplia muestra de turismo, incluidos aficionados franceses, y a sus muchos encantos ambientales une los gastronómicos, los monumentales y la forma especial en asistir a sus corridas de toros con olor a albahaca y color verde. No hace falta contar su historia. Como tampoco hace falta explicar las 50 razones que Francis Wolff, filósofo francés de la Escuela Normal Superior de la Universidad de París, propone para defender la corrida de toros.

Y las dudas de Valencia, Pamplona o Madrid. Muchas ocurrencias de todo signo, muchas propuestas pueriles, vecinas y vecinos, paridades absurdas, si hay más mujeres valiosas y con méritos, más mujeres; al contrario, más hombres, mucho dogmatismo y más demagogia. Que no se gane un puesto por imperativo matemático. ¿Qué la gente quiere ir a los toros? La respuesta es bien sencilla. En estos 31 días pasados más de 650 mil personas han ido a los toros en Madrid. Es, además de otras muchas cosas tradicionales, ecológicas, medioambientales, artísticas, culturales e históricas, un aliciente para que gentes de otros pueblos nos visiten, para que se queden un rato más en España. La fiesta es española, sí, pero anterior a la fundación de la marca hispánica. Su arte nació en las cuevas prehistóricas.

Lo que más me inquieta de todo esto es que puede terminar con la desaparición del toro bravo, ese que estaba en toda Europa y que desapareció de los territorios en los que no se impuso su lidia. Vida y muerte de la mano. Pero eso ya pertenece a la Filosofía. Yo solo sé que me gusta paladear, rumiar el toreo.

He visto bastantes corridas de San Isidro y he leído a “Barquerito”, José Luis Ramón, Zabala y Amorós. A otros no porque me cuido mucho. Saco la conclusión de que ha habido toros bravos pero no en las corridas de la semana llamada torista. La corrida más completa en presentación, casta y nobleza, la de Juan Pedro Domecq. Y en el aspecto humano me ha alegrado la cuarta salida a hombros por la Puerta Grande de Castella aunque en otras ocasiones el honor se lo birlaron decisiones presidenciales. En el otro sentido, se confirmó la caducidad de alguno diestros a los que consideraba como amortizados. No me sorprendió la de Manuel Jesús Cid puesto que siempre he pensado que es torero que torea bien pero no sabe torear. Es la confirmación del aserto orteguiano de que “torear no es dar pases”. La corrida de Victorino no fue buena aunque no tan mala como para recordar a las “alimañas” de Ruiz Miguel. Domingo, el de Borox, no era torero de latigazos, se deslizaba, andaba, templaba, dominaba, ponía la firma con la orteguina o trincherazo, más en su dulce expresión que en la brusquedad de su segundo calificativo. “Torear no es dar pases”. Y hubo algunos toros del viejo ganadero galapagareño a los que se pudo torear sin darles pases. ¿Comprenden el matiz?


Y para añadir nostalgia a mis recuerdos he visto en la 2 de la TV. E. tres películas españolas: “Historias de la Radio”, “La Verbena de la Paloma” y “El Último Cuplé”. En las tres se percibe un toque torero: en la primera, una entrevista con Rafael el Gallo, en la segunda, una alusión a los toros de Carabanchel y en la tercera, la participación de Enrique Vera como torerillo incipiente y ambicioso que se quiere llevar al huerto a la bellísima Sara Montiel. Con eso me conformo.           

miércoles, 3 de junio de 2015

TRISTE Y ACONGOJADO



Me he puesto a escribir con una amarga sensación. Al mediodía, en una de las televisiones del espacio nacional, he escuchado que, según el mapa político municipal y comunitario resultante de las recientes elecciones, al rechazo de los poderes nacionalistas de todo lo español se une el de los representantes del populismo naciente contra los valores tradicionales de nuestro pueblo y los toros principalmente, como máximo exponente del ancestro hispano. Se da una primera noticia favorable: las corridas pueden volver a la plaza de toros de San Sebastián al perder su hegemonía los simpatizantes de los etarras y se asegura que los hermanos Oscar y Pablo Chopera ya tienen programadas cuatro corridas para la Feria de agosto. Pero, por otro lado se comenta que en lugares tan emblemáticos como Madrid, Valencia o Zaragoza es muy posible que cambien drásticamente las condiciones de la explotación de sus plazas y se pongan palos en las ruedas que mueven los festejos mayores y populares en muchos otros lugares. Hasta alguien me ha insinuado que pueden estar en peligro los sanfermines de Pamplona, en donde el batiburrillo político se parece mucho a lo que “Don Indalecio” calificaba de “fritadas”, festejos nocturnos de seis erales para otros tantos diestros representantes de los barrios de la ciudad de Zaragoza. ¿Creen ustedes que los concejales pamploneses de Bildu van a presidir la corridas vestidos de chaqué y tocados por chisteras de siete reflejos? Me parece un imposible metafísico en su primera acepción, “parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras”. Pamplona sin toros ya no sería Pamplona. Pero es que estos vienen para acabar con la “casta” pese a que se dejen coleta. Hace años, en las crónicas de los viejos revisteros, el torero era “el coletudo” y con la ínfulas que se traen los populistas es posible que imiten a los islamistas de no sé donde que han prohibido que los hombres se afeite. Nos pueden prohibir a los españoles que nos cortemos el pelo y “los coletudos”, los toreros, si es que todavía existen, ya no tengan que usar el añadido. Una broma entre tanta dramática incertidumbre. ¿Cuál es la solución? Mi tío Ignacio, hace muchos años, ante una riada, me aconsejó sabiamente: agáchate y que pase el agua por encima. Luego te levantas y te secas al sol. No sé, no sé. El peligro es cierto e inminente y, si la riada se desata, yo me ahogaré en ella. No me quedará tiempo para recuperarme.
Otras cosas me preocupan alrededor del mundo del toro, incluso el desprecio al himno y la bandera de España. Hasta en algunas plazas francesas se coloca la bandera española en los días en que se celebran festejos taurinos. ¿Qué puede pasar en un futuro inmediato en los cosos hispanos? Me temo lo peor.
Estamos en un momento en el que la crítica ha dejado de ser subjetiva para convertirse en documentada. Antes uno veía una corrida y  sus sensaciones se mantenían incólumes porque no había posibilidad de demostrar lo contrario. Hasta que llegó lo de la “moviola” que se aplicó primero al fútbol y luego a los toros. En unos programas de esta índole intervine analizando las actuaciones de ciertos toreros y algún disgusto y enemistad me costaron, sobre todo cuando demostré que era más difícil rematar los muletazos con la derecha que los siniestros. Ahora se desmenuza todo y el otro día un comentarista no percibió ningún mérito ni latido artístico en lo realizado por “Finito de Córdoba” y sólo admitió “su manera ortodoxa de coger la muleta por el centro del palillo”. También estas posturas perjudican la imagen de la fiesta española. Se hace crítica pensando en lo que quieren leer los fieles seguidores del escribidor. A otros le da por el forofismo y  no hay cosa que más perjudique a las figuras del toreo que sus seguidores. Los sufrió “Manolete”, los sufrió Antonio Ordóñez, se apasionaron temporalmente por unos u otros en diversos lugares de España y se disolvieron pacífica y mansamente con el paso del tiempo. Solo en el caso de José y Juan la hermandad entre sus partidarios se mantiene un siglo después. En Madrid, en estos largos días isidriles, las simpatías y las fobias  se prodigan de forma irracional. A Castella me lo llevaban en la punta de un pitón y, por fin, lo sacaron a hombros `por la Puerta Grande después de que ligase una gran faena a un toro de Alcurrucen. Y lo sacaron como se acostumbra a hacerlo últimamente en esta plaza, al modo en que los almonteños sacan a la Virgen del Rocía, a tumbos y empujones, tratando de arrancarle los machos, hombreras o alamares de su chaquetilla.
Otra de las cosas que me llama la atención en estos días es la cantidad de diestros que se van al terreno de chiqueros para recibir “a porta gayola” a los toros. Casi siempre se resuelve el encuentro con una larga cambiada, a veces con un farol y muy pocas con una larga natural de rodillas. No he visto hace años una larga natural en pie a una mano y con final “a la cordobesa” o “lagartijera”, con el capote al hombro. Ahora en la mayoría de las ocasiones la suerte se convierte en una futbolística estirada en plancha al lado contrario por el que entra el balón, en estos casos un impresionante tío con dos cuernos que aparece de la oscuridad sin saber a dónde va a dirigir su impulso primero. El riesgo no tiene justa compensación porque los espectadores son de frágil memoria y cualquier fallo emborrona toda una meritoria labor.
Al final siempre aparece la prueba en contrario que oscurece todas las cantadas glorias. Hay un detalle que apenas afecta negativamente: la pérdida de la muleta en la ejecución de la estocada. Sólo sé de un magnífico escritor que lo suele señalar en sus crónicas y es necesario precisar si la pérdida del engaño se debe a pisotón o derrrote del toro o si tal pérdida es deliberada decisión del estoqueador para salir más desahogadamente de la reunión imprescindible entre hombre y toro en el momento supremo.
No sé si antes se escribía mejor que ahora. Sí que se escribía con más calma y que se analizaban con más detalle las circunstancias técnicas del desarrollo de las suertes. Y otra cosa que ocurría es que en toda España se publicaban los resultados de las corridas celebradas en todos los ruedos. Ahora no se publican ni los festejos de las plazas de primera, las de Valencia,  Sevilla o Madrid, por ejemplo.

La tormenta que nos amenaza para un inmediato futuro tiene tintes políticos, pero convendría un amplio examen de conciencia para analizar las razones por las que en la era de los grandes medios de comunicación la difusión de la Fiesta Española es de lo más deficiente y negativa, reincidente y pelmaza en el más luminoso de esos medios. El domingo pasado, Televisión Española transmitió la corrida de Cáceres en la que actuó en solitario Julián López “El Juli”. ¿Cuánto tiempo hacía que esta Televisión no transmitía una corrida de toros? ¿Cuánto pasará hasta que se vuelva a transmitir otra corrida de toros? Es posible, si los populismos (Frente Popular en 1931) llegan al poder, que no se vuelva a repetir el hecho y hasta se suprima el programa taurino de los sábados, Tendido Cero. ¿Triste y acongojado? “En una noche escura/ con ansias en amores inflamada …” (San Juan de la Cruz).           

viernes, 22 de mayo de 2015

SAN ISIDRO, FERIA DE TOREROS AMORTIZADOS

No es lo mismo, ya lo sé, ver la corrida en la misma plaza o por televisión, pero sirve de consuelo si, además, la ves en silencio. Los grandes sabios que en el mundo han sido han hablado poco. En los toros pudiera ser el ejemplo don José Flores “Camará”, gafas oscuras llamadas “manoletinas” y mano en la oreja derecha o izquierda. Dicen que así, sin palabras, le informaba a Manuel Rodríguez del pitón más favorable del toro. Tampoco “el Monstruo” (“K-Hito” dijo) era muy hablador. Yo, por prudencia o por ignorancia, lo era en mi juventud, pero, pasada la frontera de los 80, se ha despertado en mí el deseo de contar todo lo que por mi edad y no por mi sabiduría conozco. Estaba enfrascado en el repaso de la torería peruana y he tenido que rectificar mis apreciaciones primeras como en el caso del intérprete de la suerte “nacional peruana”, que en realidad era uno de los hermanos Bustamante, Hugo, de los que yo decía que ninguno llegó a tomar la alternativa cuando en realidad sí la recibió el llamado Ricardo. Y otra aclaración importante es la de que Guillermo Rodríguez “El Sargento” murió en Cuzco en 1951, pero no de cornada sino de un pisotón que le propinó un toro en una mano y del que le sobrevino una infección tetánica que le produjo la muerte unos días después.

El motivo principal de todas estas elucubraciones era la salida a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas del novillero peruano Andrés Roca Rey, hermano de otro matador de toros que se llama Fernando. El hecho insólito del triunfo de Andrés despertó la curiosidad general el pasado día 18 de este taurino y madrileño mes de mayo, día en el que los aficionados estaban pendientes de lo que podía ocurrir esa tarde en este mismo ruedo en el que volvía a hacer el paseíllo el citado novillero con la compañía de “Posada de Maravillas”, pariente de Juan Posada, que en realidad se apellidaba Barranco Posada, matador de toros al que yo le hice una entrevista en “El Ruedo” en los primeros años de los 50 del siglo pasado, sobrino de Antonio y Fausto Posada, padre de otro matador de toros, Antonio, y tío abuelo de Ambel Posada y no sé si pariente de algún torero más, y el francés Clemente Dubecq, de Burdeos, que hubieron de entendérselas con los novillos del Conde de Mayalde, alcalde de Madrid por dos veces, lo que inspiró a la gracia chispera y se comentaba por los madrileños que ya era hora de que un Mayalde tomara dos varas. En realidad no comprendí demasiado que un novillero triunfador y dos promesas vinieran a Madrid con una novillada de tal ganadero y en realidad mi duda tuvo su confirmación en la lidia correspondiente de los novillos sorteados con la leve excepción del cuarto que cogió de mala forma a Posada Maravillas pero se dejó hacer cosas de enjundia por parte de un torero que apunta hacia las exquisiteces, bullidor el de Burdeos y firme y pétreo, mayestático y heroico el del Perú respondiendo fielmente a sus apellidos, los de Roca y Rey. Está en buenas  manos, José Antonio Campuzano, y puede cristalizar en una figura importante. Su lidia del sexto novillo tuvo tintes épicos y relámpagos trágicos en la ejecución de la estocada, con pitonazos inmisericordes al corbatín o a la mandíbula del joven novillero. No hubo triunfo de escaparate, pero sí confirmación de las virtudes que avalan la posible realidad de un destacado torero.

Otra cosa es lo sucedido en las corridas de toros isidriles con la tremenda imagen de la cogida del malagueño Jiménez Fortes en la víspera del día del santo labrador. Reaccionaron televisiones, radios y diarios y avisaron de que aquí, en el ruedo, como le dijo Mazzantini a un actor famoso, se muere de verdad. Se puede morir y, de hecho, han muerto unos cuantos apóstoles de la Tauromaquia para que esta siga viva. Es el tributo del gran sacrificio del toro bravo. Ha salido el toro bravo en esta primera mitad de la Feria de San Isidro y, con Jiménez Fortes como máximo exponente, ha habido nombres a destacar, Juan del Álamo, Joselito Adame, Eugenio de Mora, Morenito de Aranda y hasta el arlesiano Juan Bautista, hasta ahora como mejor estoqueador con el apunte de Uceda Leal. Lo demás, sin relieve y la circunstancia de media docena de diestros que ya tienen amortizadas sus garantías de éxito. Y, sin embargo, hay otros toreros a los que hoy Madrid no les abre sus puertas, a Juan Mora, Curro Díaz, Pérez Mota, “Paulita”, a Nazaré, Oliva Sloto o los hijos de “Paquirri” que buen tributo pagaron a la fiesta con la vida de su padre. Ni una sola alternativa o confirmación ni la participación de los novilleros con más perspectivas, Ginés Marín, Varea, Álvaro Lorenzo y Ruiz Muñoz. Estos últimos puede que piensen que todavía no están preparados para pasar el Rubicón y consolidar sus carreras. Lo de Ponce es otra cuestión. Lo decía hace muchos años otro de los indiscutibles de la historia del toreo, “Guerrita”: “En Madrid que atoree San Isidro”.

Una de las cosas que me sorprenden de la Plaza de Toros de Madrid es que no se busque y por tanto no se encuentre la solución para que en lugar de “Las Ventas” se pueda llamar de “Los Vientos”. Ya se sabe que hacia 1929 la plaza se construyó en un embudo en el que tienen fácil acceso los vientos de todas las procedencias al tiempo que no podían llegar hasta sus alrededores vehículos de tracción mecánica o animal. El caso es que la plaza no se inauguró hasta 1934 y que en los ochenta años que han pasado desde entonces no ha tenido remedio tal fenómeno meteorológico. Con ello se han frustrado muchas faenas, muchas ilusiones y se han ocasionado algunos accidentes desgraciados. ¿No hay posibilidades técnicas de parar los vientos como Josué paró al Sol o Moises separó las aguas? La técnica no necesita de milagros.

En la Corrida de la Prensa estuvo presente Don Juan Carlos y ocupó uno de los sillones de piedra que hay encima de la salida de los chiqueros. Es donde más huele a toro de la plaza y antes eran las localidades más caras del coso venteño. Me trae muchos recuerdos este lugar. Encima, en el tendido Preferente, entre el 2 y el 3, este de Sol y Sombra, presencié unas cuantas corridas a lo largo de los años en que viví mi juventud madrileña, desde 1939 a 1978. Una fila más arriba de la mía tenía su localidad don Carlos de Larra, “Curro Meloja” en las ondas de Radio Madrid. En los sillones se sentaba muchas tardes el general de la Legión Millán Astray, manco y tuerto. Cerraba y abría la mano para aplaudir a los toreros. Veía media corrida y se iba a ver un tiempo del partido de Chamartín o al final de Reina Victoria, donde jugaba el Atlético de Madrid, antes Atlético de Aviación. Otros días se asomaba por aquel lugar la hermana de Chenel, esposa de Parejo. Nos lo contábamos todo. Éramos como una familia. De las últimas vivencias que recuerdo haber contemplado desde este lugar está el día en que Raúl Gracia “El Tato” esperó a un toro “a porta gayola” y sufrió un volteretón impresionante con pérdida de conciencia. Alguién en el despacho del senequista Manolo Cano comentó como chaladura la decisión del aragonés y José Luis Lozano puso el estrambote: “Pués ese chalao está puesto para el domingo que viene”. Ahora habría que poner a otros muchos al domingo que viene. Nos inflan a “portas gayolas”. No es bueno abusar ni de lo excelente. Al día siguiente, 21 de mayo, volvió a su sillón de piedra Don Juan Carlos acompañado por la infanta Elena y disfrutó del buen arte y personalidad de Sebastián Castella, al que no le ponen las cosas fáciles en esta plaza,  y de las sutilezas artísticas que el riojano Diego Urdiales le dedicó a  su panegirista Curro Romero, escondido tras unas gafas negrísimas entre la señora Tello y su fiel escudero Gonzalito. ¡Chisss…!    

          

domingo, 10 de mayo de 2015

PERÚ TORERO


Dicen que rectificar es de sabios. De sabios, de tontos o de poco rigurosos. Yo, el otro día, hablaba y escribía de memoria. Por eso le adjudiqué el protagonismo de la ejecución de “la suerte nacional peruana”, torear con el capote desde el caballo, a Humberto Valle. No es así: fue Hugo Bustamante, de Guacho, hijo del mayoral de la ganadería “Salamanca” y hermano de José, Mariano y Telmo Bustamante, los cuatro toreros pero sin alcanzar ninguno de ellos el doctorado. Hugo hasta se presentó como tal novillero con picadores en Las Ventas del Espíritu Santo, allá por el Nuevo Madrid, el 31 de mayo de 1959 y con la compañía de Paquito Rodrigo y Luis Alfonso Garcés, dos favoritos de la afición madrileña, volvió a Perú y se dedicó a torear con sus hermanos   en festejos menores y hacer exhibiciones del toreo ecuestre capote en mano en fechas importantes como la del 17 de mayo de 1964 en un festival de homenaje al incomparable cómico Mario Moreno “Cantinflas”también distinguido torero festivo, enfebrero de 1966 en el Bicentenario del coso de Acho con “Armillita”, “Cagancho”, Silverio Pérez, “Gitanillo de Tríana”, Luis Miguel y Alejandro Montani, en el festival del 3 de marzo de 1968 en honor a Pancho Fierro y  en el que actuó Pepe Bienvenida junto a su hermano Antonio, Rafael Puga y Raúl Aramburu, festival en el que Pepe sufrió un infarto mortal al colocar un par de banderillas y diluyó el resto de las memorias del festejo, un festival más en 1970 y otras muchas actuaciones hasta que Bustamante se retiró y empleó sus desvelos en la doma de caballos y en la enseñanza de sus conocimientos torero-ecuestres. Murió en 2013.

La llamada “suerte nacional” ya existía cuando llegó a España Mariano Ceballos, al que algunos otorgan la nacionalidad argentina porque el negroide peruano estuvo unos años por Buenos Aires ganándose la  vida en diferentes oficios y en el manejo de toros y caballos antes de cruzar el charco. Vargas Ponce asegura que el goyesco personaje se prodigaba en consumación de tal suerte, que salió a caballo tras un toro escapado de la Plaza del Castillo de Pamplona y lo enlazó eficazmente y que murió en Tudela. No me fío mucho del rigor histórico del anti-taurino Vargas Ponce.
Otro de mis pecados, el consiguiente y cristiano arrepentimiento y el cumplimiento de la penitencia es el que se refiere a que, tras la figura de Mariano Ceballos, venía la de Carlos Susoni (o Sussoni, con dos eses). No fue así: en 1883 vino a España Ángel Valdés (o Valdez)”El Maestro”, negro, y le dio la alternativa en Madrid (por aquellos tiempos era la única que se consideraba válida) Ángel Fernández, conocido por “Valdemoro” por su lugar de nacimiento (entre Pinto y Valdemoro), con toros de Bartolomé Muñoz. Ante los pobres resultados, volvió a su tierra y toreó su última corrida el 19 de septiembre de 1909. Como se presume que se había doctorado en su país en 1859, resulta que Ángel Valdés es el diestro que más años ha estado en activo como tal matador de toros, con 500 corridas en 1.500 toros en Lima y 3 mil toros en el total de sus actuaciones, tantos o más que Pedro Romero, “Lagartijo”, 27 años de matador y cinco corridas de despedida, Antonio Bienvenida, 34 años y dos cortes de coleta, 41,Carlos Escolar “Frascuelo”, pero de poca intensidad, 48, Antonio Chenelcon tres mutis por el foro, Curro Romero, sin apurarse, 41 años, y Bernardo Gaviño, que nació en 1812 en Puerto Real, Cádiz, se fue a América en 1835, toreó en Montevideo y La Habana y se afincó en México, en donde murió el 11 de febrero de 1886 con 74 años de edad y a consecuencia de la cornada en el ano que sufrió en Texcoco el 31 de enero. Más de medio siglo en activo aunque no figure en las relaciones de matadores de toros porque en el primer tercio del siglo XIX no se documentaban las alternancias con diestros ya consagrados y menos si esa actividad se limitaba al territorio de la nacencia de cada cual.
Y otro torero peruano vino a España antes que Susoni, Elías Chaves “Araquipeño, nacido el 10 de julio de 1892, que llegó a Barcelona en 1920 y tomó la alternativa el 12 de septiembre en la desaparecida plaza de LaBarceloneta de manos de “Relampaguito” (Julio Gómez) y “Punteret” (Juan Cecilio) de segundo espada y toros de Terrones, actuó otra tarde a los pocos días con Rafael “El Gallo” en el cartel y se volvió a su tierra. A Susoni le siguió Pedro Castro, que se anunciaba como “Negro Facultades” o “Facultades de Lima” y recibió la alternativa el 21 de mayo de 1929 en Ecija y de manos de “Algabeño, hijo” (José García y Carranza) y nada más se supo de él en las plazas españolas, la llegada de Montani, Adolfo Rojas “El Nene”, Guillermo Rodríguez “El Sargento”, que se doctoró en Inca, Baleares, el 27 de julio de 1947 con Curro Caro y “Morenito de Valencia” y que murió de la cornada que sufrió en Cuzco el 2 de octubre de 1951, Rafael Santa Cruz, Manuel López “Trujillano”, Humberto Valle, Daniel Palomino, Rogelio Cervantes “El Inca”, Ricardo Mitsuya, de origen japonés y que tomó la alternativa en Ondara, Alicante, el 28 de agosto de 1970, Marcos Méndez “La Pantera Negra”, doctorado en Ibiza el 13 de septiembre de 1971 por “Calatraveño”, Andrés Alfaro, en Pozoblanco el 26 de septiembre de 1971, Rafael Puga, César Caro, José Antonio Rodríguez, Gabriel Tizón, “Torres Palacios” (José Echevarría)Fredy Villafuerte , Raúl Mendiola y “Curro Naranjo” (Flavio Carrillo), Pedro Salas, “Alfonso de Lima” (Alfonso Simpsón)  y algunos más como Fernando Roca Rey que creo es hermano del novillero reciente triunfador en la Monumental madrileña, Juan Carlos Cubas, Joaquín Galdós, Junior Ordóñez, RubénSoldevilla  y Piero Cordobez. Estos últimos no tengo constancia de que hayan tomado la alternativa. Y no la tomó tampoco el llamado Pepe Ugaz,nacido en Lima el 30 de mayo de 1928, que vino a España de polizón en un barco italiano en compañía de Gregorio Morote y que ambos se presentaron en Las Ventas pero renunciaron pronto a las glorias taurinas. Pepe Ugaz, alto, tez morena, impresionante estampa a lo descendiente de los príncipes incas, había estudiado el bachillerato y era técnico en dibujo artístico. Es de suponer que, de regreso a su patria, se dedicara a menesteres menos arriesgados que el del toreo. Pero causó un gran impacto en su presentación madrileña por su toreo vertical y hierático, aromas de un “manoletismoindigenadoApuntar que Raúl Acha “Rovira”, nacido en Argentina, se nacionalizó peruano pero pienso que, al final, con vocación de apátrida, se apuntó a otras nacionalidades, México entre sus preferencias. Y que cuatro han sido hasta el momento los diestros del lugar que han obtenido el Escapulario de Oro, máximo galardón de la Feria del Cristo de los Milagros de Lima desde 1943: Rafael Santa Cruz (1948), Rafael Puga (1973), FredyVillafuerte (1991) y Pablo Salas (1992).
La esperanza es hoy el heredero del llamado “indio Ceballos”, Andrés Roca Rey, que ha sido el primer peruano que ha salido a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas del Espítiru Santo. Confío en que Roca Rey siga la estela de toreros destacados que vinieron de la otra orilla del Atlántico: Gaona, “Armillita”, Garza, Carlos Arruza, los  Girón o el César colombiano. Se lo merece el templo taurino de Acho, coetáneo de los de Sevilla y Zaragoza.  

lunes, 4 de mayo de 2015

HAY ALGO NUEVO BAJO EL SOL

Esa novedad es que, por primera vez en la historia de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, un torero peruano salió a hombros por la Puerta Grande. Fue el pasado 19 de abril y el afortunado es el novillero limeño Andrés Roca Rey, que les cortó sendas orejas a un novillo de La Ventana del Puerto y a otro de José María López. Después lo llevaron a la enfermería para que le curaran tres leves lesiones, una que le afectaba a los músculos isquiotibiales, otra a la piel y el tejido subcutáneo y otra en el escroto.

Nos tenemos que remontar hasta los tiempos de la plaza de toros de la Puerta de Alcalá para encontrar al primer peruano considerado torero con sus peculiares formas y que ha llegado hasta nuestros tiempos gracias, como otras tantas cosas taurinas o no, al genio comunicador de Francisco Goya. Dos estampas de su llamada Tauromaquia, la 23 y 24 según la lista propuesta por Ceán Bermúdez, señalan a Mariano Ceballos, “el indio Ceballos”, como protagonista de la estampa en que mata a espada un toro desde un caballo y la otra en la que quiebra rejones a un toro montado en silla sobre otro toro. Hay otra estampa similar a esta en la serie litográfica de Burdeos y el embajador peruano Miguel Mujica Gallo aseguraba que poseía un cuadro al óleo de procedencia goyesca y dedicado al que él no considera indio sino zambo, negroide, hijo de negro e india o al contrario. Zambo en España es sinónimo de estevado o patiestevado, a lo Quevedo. Mujica Gallo publicó en los años 60 un artículo en ABC en el que hablaba de la naturaleza peruana de Ceballos, que desde Lima marchó a Argentina y luego vino a España para encontrar la libertad y la fama en sus ruedos y plazas. En 1971, Ediciones de Cultura Hispánica, publicó un libro del diplomático limeño que titulo “Goya, figura del toreo”, sin las interrogaciones que antes le había puesto a semejante aserto. Mujica Gallo firmaba sus escritos y colaboraciones taurinas como “Don Acho” en recuerdo de la plaza de toros de la capital peruana que, como su torero Ceballos con el aragonés “Martincho”, es contemporánea de la plazas de Sevilla y Zaragoza y anterior a la de Ronda.

Acho (Hacho) significa en lenguaje precolombino lugar elevado desde el que se ve el mar, el cerro de San Cristóbal, donde se construyó la plaza de toros octogonal en 1766, en las cercanías del río Rimac. El coso no tenía barrera y, a la altura del ruedo, había unos cuartos o palcos con grandes ventanales que ocupaban grupos familiares o de amigos que vivían los festejos con toda la intensidad festivalera. En esa plaza toreó en diciembre de 1919  y en los comienzos de 1920 José Gómez Ortega “Joselito” en  su único viaje al otro lado del Atlántico. Fueron diez corridas triunfales de las que yo recuerdo un par de fotos, la una de un espectacular muletazo y la otra, el de Gelves montando en bicicleta. Juan Belmonte fue más pródigo en sus actuaciones americanas y hasta se casó con la peruana Julia Cossío. Por poderes. Decía el de la calle de la Feria que no le gustaban las ceremonias en directo, bautizos, primeras comuniones o bodas y que hasta pensaba mandar a alguien a que lo representara en su entierro. El día que se casó, él estaba en Panamá y la novia en Lima. Las malas lenguas aseguraban que recibió un ultimátum de los hermanos de la novia: o se casaba con doña Julia o se tenía que volver a España nadando.

El caso es que, después de Ceballos, no aparece en los ruedos de España otro diestro peruano hasta el 29 de agosto de 1926. Fue Carlos Susoni Soana (Lima, 1904) en una novillada en la anterior plaza de toros de la Carretera de Aragón y que tomó la alternativa en Guadalajara el 23 de octubre de 1927 de manos de Saleri II y con toros de la viuda de Féliz Gómez. No la confirmó en la capital, marchó a su tierra y ya no volvió a España. El siguiente espada fue Alejandro Montani (Lima, 2 de mayo de 1921), que tomó la alternativa en Lima en 1939, vino a la península Ibérica y se presentó como novillero en Madrid en 1943 y volvió a doctorarse el 15 de agosto de 1944 en Barcelona con toros de Domingo Ortega, de manos de Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Tríana” y en presencia de Carlos Arruza, también testigo de la confirmación en Madrid el 20 de septiembre del mismo año y con el padrinazgo de Pepe Bienvenida y toros de don Alipio, el de las patillas venerables. Fue un buen torero. El tercero, al que yo recuerdo con especial cariño porque alguna crónica le hice en su etapa carabanchelera y porque era una gran persona y con un hermano poeta de importancia universal, Nicomedes Santa Cruz. El torero, Rafael Santa Cruz (Lima, 3 de julio de 1929), negro negrísimo, ni zambo ni indio: negro. Protegido por los Dominguín y torero  de importancia. Tomó la alternativa en Barcelona, en Las Arenas, el 27 de julio de 1952 de manos de Luis Miguel y con el testimonio de Rafael Ortega, “casi nadie al aparato”. Luego, Humberto Valle (Lima, 27 de noviembre de 1930) que se presentó como novillero en Madrid el 15 de agosto de 1954 y tomó la alternativa en la misma plaza y el 12 de octubre de aquel mismo año de manos del cordobés Manuel Calero “Calerito” y la presencia de Juan Montero. Las noticias que tuve de él años después le señalaban como el intérprete más destacado de lo que en Perú se conoce como “la suerte nacional” y que consiste en torear de capote desde un caballo. Creo recordar que prodigó tal suerte en las corridas del bicentenario de la plaza de Acho. Una manifestación muy distinta es la “Yawar Fiesta” de Ayacucho, con un cóndor cosido por sus garras al morrillo de un toro y liberado después como triunfador del desigual combate.

Finalmente me viene a la memoria el nombre de Rafael Puga (Lima, 1948), hijo del ganadero de “La Pauca”, que tomó la alternativa en la Feria del Cristo de los Milagros de 1972, el 1 de noviembre, que se la dio José Mari Manzanares en presencia de José Antonio Gaona y con toros de Las Salinas, que ganó “El Escapulario de Oro” al año siguiente y vino a España en 1974.

No tengo noticias de que Humberto Parra, al que llaman “El Campuzano” y es distinguido ilustrador taurino, haya tomado la alternativa ni en su tierra ni en España. Creo que reside por tierras gaditanas y es heredero de Roberto Domingo, Casero, Puente y García Campos en el apunte vivo e inmediato de lo que sucede en los ruedos. Señalar que a Conchita Cintrón, que nació en Chile, la hizo peruana el presidente Manuel Prado y que, junto al coso limeño, existe un mirabete árabe octogonal de cuatro pisos, monumento histórico artístico que tiene sus leyendas aún antes de construirse. Algunos dicen que lo levantó el virrey Manuel de Amat al mismo tiempo que la plaza primera para cobijar a su amante Micaela Villegas “La Perricholi”. En realidad lo constuyó don Francisco Ingunza en 1858 porque le prometieron un palco perpetuo por ceder el paso a los tendidos de sombra y, al no concedérselo, levantó la curiosa torre. Se proyectó la reconstrucción de la plaza de toros de Acho en 1944, cuando se hicieron cargo de su arriendo los señores Fernando Graña Elizalde, Alejandro Graña Garland y José Antonio Roca Rey (¡Ojo! ¿Tiene algo que ver con  el novillero que hace unos días abrió la Puerta Grande de Las Ventas?). La inauguración del remozado coso tuvo lugar el 12 de octubre de 1946, primera corrida de la Feria del Señor de los Milagros, Fiesta de la Hispanidad, tres jinetes al frente del paseíllo, un chalán peruano, un campero andaluz y un charro mexicano, delante de Manuel Rodríguez “Manolete”, Luis Procuna y Alejandro  Montani , toros de “La Punta”.

Un recuerdo personal: Moisés Espinoza Zárate, corresponsal de FIESTA ESPAÑOLA en Perú, me regaló un toro de cerámica de Pucará que me trajo en mano hasta Barajas Antonio Ordóñez. Lo conservo.   

viernes, 24 de abril de 2015

EL TURISMO ENRIQUECEDOR

Recuerdo los mejores años de nuestra vida taurina, cuando en Barcelona se daban más corridas que en Madrid y Tarragona y la Costa Brava eran un hervidero torero en el que se cocían los futuros manjares de la fiesta, con Balañá, don Pedro, Moya y Zulueta como cocineros cotidianos de aquel guiso que olía a rabo de toro. La  bullanguera e inquieta, turística y maniobrera Costa del Sol. Y en Pamplona se reunían genios como Orson Welles y Hemingway, bellezas como Ava Gadner y Deborah Kerr, siempre acompañada de su marido Peter Viertel, un encantador de mocitas y maduras, y la venerable Alicia, profesora de español en los Estados Unidos, acompañada de sus adorables “sobrinas” y huyendo de los requiebros de José Julio, empuñaba sus dos banderines con los nombres de Puerta y Camino, este “destetado” por no recuerdo qué manifestaciones. Era el turismo que complementaba el fervor taurino hispano, mientras que en Bilbao y otras industriosas capitales eran las empresas con su detalle clientelar las que ponían el grano de arena necesario para el mayor brillo de la imprescindible fiesta de los toros.

No sé si han cambiado mucho las cosas o el que ha cambiado he sido yo. Los sevillanos aseguran que lo que les ha cambiado ha sido el AVE. Lo “snobs” capitalinos cogen el tren por la mañana, comen en la Feria o en el Colón, van a los toros y se vuelven a dormir a Madrid no sin perturbar el clásico fervor torero de la Maestranza. La Maestranza ya no se calla como antes. El turismo de hoy es un turismo de ejecutivo, alto, bajo o de regular tamaño. Sin personalidad. Y yo, sin embargo, fui el otro día a una corrida de toros que se celebraba en Ejea de los Caballeros y me encontré con la sorpresa de una docena de señores que fueron a la capital de Las Cinco Villas de Aragón desde Ampuero, en la Cantabria, cerca de Laredo. ¿Y por qué han venido ustedes? “Muy sencillo: porque toreaba Marco Antonio Gómez, que vino a Ampuero hace unos años desde su pueblo, Alcalá de Guadaira,  se quedó y ahora juega de defensa central en el equipo de fútbol”. “No le hemos visto torear porque lleva cinco años sin vestirse de torero y esta es la primera oportunidad que tenemos para verlo”. No lo vieron casi nada, una destartalada y desigual corrida de Salayero y Bandrés, lluvia copiosa durante los tres primeros toros y las aviesas intenciones de los tres últimos pusieron en dificultadas al gigantón sevillano, al también fornido ejeano Alberto Álvarez y al nimeñito Marc Serrano, que dio una vuelta a su aire en el primer toro de la tormentosa tarde. Los músicos habían ocupado el lugar más guarnecido de la plaza y el resto de mortales – menguada concurrencia – buscó refugio en los altos de los tendidos. Entre truenos, relámpagos, chaparrazos y ventoleras pasó la tarde en la que unos señores de Ampuero, plaza de toros y novilladas en septiembre, quisieron comprobar las virtudes artísticas de Marco Antonio Gómez. En otros tiempos había toreros que tenían fieles y organizados seguidores. Ya he citado a Puerta y Camino, “El Viti”, Ordóñez y el moderno “Joselito”. A don Antonio, el de Ronda, le seguía el arquitecto Ganna más por imposición matrimonial que por otra cosa. Ganna también fue a Ejea en los 60 del siglo pasado para ver a Ordóñez que estaba anunciado en un festival con el que obtener fondos para restaurar la iglesia de Santa María. También llovió en aquella ocasión y por ello se aplazó el festejo. Ganna, que ya había llevado a cabo la reposición de la plaza de Bilbao tras el incendio de la noche en la que Manuel Benítez hizo un paseíllo para participar en una novillada, elogió la funcionalidad de la plaza de Ejea, que tenía ascensor como las de Madrid y la propia de Bilbao y se marchó sin ver a su ídolo. El mismo escenario de hoy pero en muy distintas circunstancias.

Noto cosas extrañas y leo alguna barbaridad que otra. La nefasta manía de leer sin cuidarme de mi salud. Una vez en Madrid, hace más de medio siglo, me encontré a Julio Aparicio por la Gran Vía, esquina a la calle Mesonero Romanos, en donde estaba “Torres Bermejas”, famosa por su trofeo “El Garbanzo de Oro” y porque allí debutó “Camarón” cuando llegó a la capital, y le pregunté si había leído a Antonio D. Olano, rey del reporterismo en  el popularísimo “Pueblo”, y me contestó que no, que él se cuidaba mucho. Yo, todo lo contrario: el otro día leí lo escrito por un reputado comentarista (creo que no es periodista y que estudió Arquitectura) en su crónica sevillana: “Al intentar torear, el animal se negó y acabó matando de una buena estocada”. ¿Desde cuándo son los pájaros los que llevan las escopetas? Y Juan Mora inició una faena que continuó Ferrera y Fandiño la que consumó Moral. Por cierto que Moral, que es mozo en pleno esfuerzo reivindicativo, como penitente cuaresmal, se descalza durante sus faenas de muleta. Yo le aconsejaría que no lo hiciera porque el toreo tiene su parte estética y en esta también influye grandemente la corrección del vestuario. Juan Serrano “Finito de Córdoba” vestía el otro día un deslumbrante traje rojo bordado de forma muy especial con hilo de oro. Y no fue solo el vestido. Es que “el Fino” hizo, para mí, el mejor toreo que se ha visto en esta Feria sevillana. No fue un toreo largo y dominador, no fue la ortodoxia del parar, templar y mandar, no la planificación y el croquis de una obra de ingeniería torera. Fue más sentimiento, simbiosis de toro y torero, remates cortos y ajustados, consumaciones a media muleta, codilleo deseado, amalgama de engaños y cuernos, la paleta del pintor en la que se mezclaron los colores, los valores y la explosión de lo bello que es el toreo cuando ese toreo no lo dicta la doctrina de los sabios doctores que en el mundo han sido. Me pasa muchas veces cuando oigo una música, miro un cuadro o leo un poema. No sé explicarlo, pero eso es lo que a mí me emociona.


No me emocionan ni “El Cid” ni Fandiño, este menos cuando da pases de uno en uno, no se atreve a dejar la muleta en la cara del toro porque, a lo peor, el de los cuernos no para de embestir. Eso lo prodigó el de Ronda en la última etapa de su vida profesional. Pero el de Ronda era dios, como lo era “Manolete” aunque toreara de perfil. Y lo fueron “Lagartijo” y su media estocada de recurso, “Frascuelo” y sus tufos, “Guerrita” y “después de mi nadie”, “Joselito”, el genuino, y su facilidad, todos los de la Edad de Plata del toreo después de los años 20, Pepe Luis y lo de ir en su cuadrilla, Bienvenida y la naturalidad o los muchos que en el toreo han sido y que no alcanzaron notoriedad. Mi lista de toreros es larga y plural y muchas veces caprichosa porque se basa más en el sentimiento que en el raciocinio. ¡Qué le voy a hacer! Juan Serrano me ha devuelto la felicidad. Y echo en falta a Morante, natural, a Pérez Mota, Curro Díaz, Uceda Leal, “Frascuelo” o Juan Mora. Por ejemplo. Y se pasan cerca de Zaragoza les recomiendo, queridos lectores, que visiten dos exposiciones, la una en la sala “Pilar Ginés” del pasaje Ciclón, frente al Pilar, titulada “Ruizanglada, pintor de santos y toreros”, y la otra, en el Palacio de Sástago, una colección de fotografías de Luis Gandú Mercadal con el coso de Pignatelli como escenario y toreros y anécdotas de 1910 a 1916. ¡Qué cosas hacían aquellos hombres con placas de cristal y cajones con simples objetivos!